18 de enero de 2011

AUDIENCIA A LOS MIEMBROS DEL CAMINO NEOCATECUMENAL.17.01.2011

AUDIENCIA A LOS MIEMBROS DEL CAMINO NEOCATECUMENAL
A las 11,45 de esta mañana, en el Aula Pablo VI, el Santo Padre Benedicto XVI recibe en Audiencia a los miembros del Camino Neocatecumenal y les dirige el siguiente discurso:
¡Queridos amigos!
Estoy contento de acogeros y daros mi cordial saludo. En particular, saludo a Kiko Arguello y Carmen Hernández, iniciadores del Camino Neocatecumenal, y a don Mario Pezzi, agradeciéndoles sus palabras de saludo y de presentación que me han dirigido. Con vivo afecto os saludo a todos vosotros aquí presentes: sacerdotes, seminaristas, familias y miembros del Camino. Doy gracias al Señor porque nos ha ofrecido la oportunidad de este encuentro, en el que vosotros renováis vuestra unión con el Sucesor de Pedro, acogiendo nuevamente el mandato de Cristo resucitado a sus discípulos: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación” (Mc 16, 15).
Desde hace más de cuarenta años, el Camino Neocatecumenal contribuye a reavivar y consolidar en las diócesis y en las parroquias la Iniciación cristiana, favoreciendo un gradual y radical descubrimiento de las riquezas del Bautismo, ayudando a hacer posible la vida divina, la vida celestial que ha inaugurado el Señor con su encarnación, viniendo en medio de nosotros, naciendo como uno de nosotros. Este don de Dios para con su Iglesia se pone “al servicio del Obispo como una de las modalidades de actuación diocesana de la iniciación cristiana y de la educación permanente en la fe” (Estatutos, art. 1 &2). Este servicio, como os recordaba mi predecesor, el Siervo de Dios Pablo VI, en el primer encuentro tenido con vosotros en 1974, “podrá renovar en las actuales comunidades cristianas los efectos de madurez y de profundidad, que en la Iglesia primitiva eran realizados en el período de la preparación al bautismo” (Insegnamenti di Paolo VI, XII [1974], 406).
En los últimos años he estado entrometido con interés en el proceso de la redacción del Estatuto del Camino Neocatecumenal que, después de un conveniente período de validez “ad experimentum”, ha recibido su aprobación definitiva en junio de 2008. Otro paso significativo se ha realizado en estos días, con la aprobación, por obra de los competentes Dicasterios de la Santa Sede, del “Directorio catequético del Camino Neocatecumenal”. Con estas firmas eclesiales, el Señor confirma hoy y os encomienda nuevamente este instrumento precioso que es el Camino, de manera que, con filial obediencia a la Santa Sede y a los Pastores de la Iglesia, podáis contribuir, con nuevo empuje y esfuerzo, al descubrimiento fundamental y gozoso del don del Bautismo y ofrecer vuestra original contribución a la causa de la nueva evangelización. La Iglesia ha reconocido en el Camino Neocatecumenal un don particular suscitado por el Espíritu Santo: como tal, este tiende naturalmente a
insertarse en la gran armonía del Cuerpo eclesial. Desde esta perspectiva, os exhorto a buscar siempre una comunión profunda con los Pastores y con todos los componentes de las Iglesias particulares y de los ambientes eclesiales, bastante diversos, en los que habéis sido llamados a trabajar. La comunión fraternal entre los discípulos de Jesús es, en efecto, el primer y gran testimonio en el nombre de Jesucristo.
Estoy particularmente contento de poder enviar hoy, a diversas partes del mundo, a más de 200 nuevas familias, que se han mostrado disponibles con gran generosidad y parten hacia la misión, uniéndose ejemplarmente a las cerca de 600 que ya trabajan en los cinco Continentes. Queridas familias, la fe que habéis recibido como don sea la luz puesta sobre el candelero, capaz de indicar a los hombres el camino del cielo. Con el mismo sentimiento, enviaré a 13 nuevas “misiones ad gentes”, que serán llamadas a realizar una nueva presencia eclesial en ambientes muy secularizados de varios Países, o en lugares en los que el mensaje de Cristo no ha llegado todavía. ¡Que podáis siempre sentir junto a vosotros la presencia viva del Señor Resucitado y la compañía de tantos hermanos, así como la oración del Papa, que está con vosotros!
Saludo con afecto a los Presbíteros, que provienen de los Seminarios diocesanos “Redemptoris Mater” de Europa, y a los más de dos mil seminaristas aquí presentes. Queridísimos, vosotros sois un signo especial y elocuente de los frutos de bien que pueden nacer del descubrimiento de la gracia del propio Bautismo. A vosotros miramos con particular esperanza: que seáis sacerdotes enamorados de Cristo y de su Iglesia, capaces de transmitir al mundo la alegría de haber encontrado al Señor y de poder estar a su servicio.
Saludo también a los catequistas itinerantes y a los de las Comunidades neocatecumenales de Roma y del Lazio y, con especial afecto, a las “comunidades en misión”. Por así decirlo, habéis abandonado la seguridad de vuestras comunidades de origen para ir a lugares más lejanos e incómodos, aceptando ser enviados para ayudar a parroquias en dificultad y para buscar la oveja perdida y traerla de nuevo al redil de Cristo. En los sufrimientos y desolación que podáis experimentar, sentíos unidos al sufrimiento de Cristo en la cruz, y a su deseo de llegar a encontrar a tantos hermanos lejanos de la fe y de la verdad, para traerlos de nuevo a la casa del Padre.
Como he escrito en la Exhortación apostólica Verbum Domini, “la misión de la Iglesia no puede ser considerada como algo facultativo o adicional de la vida eclesial. Se trata de dejar que el Espíritu Santo nos asimile a Cristo mismo […] que ofrece la salvación a los hombres de toda época” (n. 93). Todo el Pueblo de Dios es un pueblo “enviado” y el anuncio del Evangelio es un quehacer de todos los cristianos, como consecuencia del Bautismo (cf ibid., 94). Os invito a deteneros en la Exhortación
Verbum Domini, reflexionando, de un modo concreto, en la tercera parte del Documento, en donde se habla de “La misión de la Iglesia: anunciar la Palabra de Dios al mundo” (n. 90-98). Queridos amigos, sintámonos partícipes del deseo de salvación del Señor Jesús, de la misión que Él confía a toda la Iglesia. Que la Bienaventurada Virgen María, que ha inspirado vuestro Camino y que os ha dado a la familia de Nazaret como modelo de vuestras comunidades, os conceda vivir vuestra fe en humildad, simplicidad y alabanza, e interceda por todos vosotros y os acompañe en vuestra misión. Os sostenga también mi Bendición, que os imparto de corazón a vosotros y a todos los miembros del Camino Neocatecumenal extendidos por todo el mundo.
[Traducción del texto original italiano por J. A. G.].