3 de noviembre de 2009

Agora, más sobre la pelicula.

Más sobre la película AGORA

Amenábar:
Ágora e Hipatia




Amenábar
ha hecho una nueva película, Ágora, y como la anterior, Mar
        adentro, se caracteriza por la deformación de los hechos, es decir, el
engaño, para ajustarlo a su discurso militantemente anticristiano.
 
Él mismo se confiesa en la multitud de entrevistas que ha dado en la campaña
promocional de su nueva película como ateo, con un añadido, su
ostentación de la condición de homosexual, que es algo así como si
Clint Eastwood tuviera necesidad de explicar cada vez que lo entrevistan que él
es un hetero militante.

Todas las entrevistas están, lógicamente, pensadas a mayor gloria del director y su
película. Entra dentro de las reglas del juego, por algo son pura promoción
comercial donde el género periodístico substituye a la publicidad pura y dura. A
pesar de ello, y del cuidado de los entrevistadores, siempre atentos al obligado
panegírico, el director manifiesta unos caracteres curiosos, por decirlo de
alguna manera.

Porque curioso es su sentido de culpa, que le lleva a declarar “no lo puedo
remediar. En los aeropuertos siempre tengo la sospecha de que me van a detener
en cualquier momento por lo que sea
”. Él lo atribuye a un miedo a
la “Autoridad” que constituye en su imaginario un valor abstracto y
omnipresente. Bromas que gasta la propia conciencia.

No se cansa de declarar que en su nueva obra es fiel a los hechos históricos. Como
pienso que es una persona razonablemente culta, que ha preparado su película,
entonces solo me queda concluir que engaña, miente, o quizás se engaña a
sí mismo, porque lo que plantea Ágora no tiene nada que ver con la realidad de
lo que sucedió
.

Esta no es la historia de Hipatia ni muchos menos de las relaciones entre
neoplatónicos y cristianos en Alejandría. Su verdadera intención aflora porque
tantas entrevistas y tan extensas obligan a hablar. Por ejemplo, cuando afirma
que su intención real es denunciar los que utilizan la violencia como argumento,
como hacen -dice- los etarras y los terroristas islámicos.

Claro, y por eso acude a un hecho de hace más de 1600 años, metiendo a los cristianos
por en medio. En realidad, su intención es maniquea y no puede ocultarla
imaginé aquella lucha entre los paganos y los cristianos viejos
–que ni fue exactamente tal, ni entonces existían viejos cristianos-
como si fuera nuestra guerra civil” Está claro ¿no?

A pesar de estos deslices, reitera lo que la necesidad comercial le ha
marcado, especialmente pensando en un mercado que se le resiste como es el
norteamericano, muy sensible a los panfletos anticristianos. “He
insistido mucho en que la película no va contra los cristianos, sino contra los
que utilizan la fuerza para defender sus
ideas
”.

Lástima que teniendo ejemplos tan categóricos y próximos, como Stalin y Lenin, Hitler,
Mao, Pol Pot, o quizás para hacer una producción de ambiente
histórico, los tiempos de terror de la Revolución Francesa, o el primer genocidio de La
Vendée
, tenga que acudir a una de las múltiples revueltas que
sucedieron en la cosmopolita ciudad de Alejandría en el periodo inicial del
cristianismo, y las pugnas políticas que entre los diversos grupos se
produjeron. Unos hechos que mal representan la tesis que dice querer contar:
unos violentos que masacran a unos pacíficos, benevolentes y cultos
racionalistas.

La evidencia de su desconocimiento o voluntad de traicionar la realidad se
manifiesta en pretensiones como la de afirmar que el cine no ha contado mucho el
cambio del mundo antiguo al medieval, cuando este es uno de los temas que han
registrado, con obras mediocres y buenas, una notable producción
cinematográfica.

Pero sobre todo lo que debe ser subrayado es que no deja de ser curioso que, cuando
lo que caracteriza los cuatro primeros siglos de la historia cristiana es la
persecución en ocasiones terrible que éstos reciben, se vaya a fijar en un hecho
aislado que además ha sido reiteradamente utilizado, también falsamente, en la historia
por el ateísmo agresivo y la masonería.

Se ha intentado convertir  a una matemática y astrónoma, Hipatia, en un símbolo de la
razón contra el oscurantismo cristiano
. Pero en este caso, a diferencia
de otros, la evidencia de los hechos es tan grande que el éxito no ha acompañado
al propósito histórico. En este caso la leyenda negra no ha llegado a cuajar.

En otras palabras, Amenábar utiliza como guión uno de los panfletos
editados en el siglo XIX
. Para ello, claro está, ha contado con 50
millones de euros, algo insólito para un director español, y es que cuando se
trata de pegarle leña a la Iglesia está visto que el dinero nunca escasea. http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=14818&id_seccion=27

 
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Amenábar,
la denigración de lo cristiano y la nueva derecha


La denigración de lo cristiano ligado a la exaltación de lo pagano es, sobre todo,
una idea y una batalla de la Nueva Derecha, más que corresponder a la etiología
de determinada izquierda, ciertamente anticlerical y anticristiana, pero no
defensora de la idealización de la sociedad pagana. En este sentido, la
orientación de Amenábar en Ágora se situaría de lleno en la corriente que
han venido representando Louis Pauwels, Alain de Benoist y Philip Conrad, para
citar tres de los más destacados. Su idea se justifica en Nietzsche y en un gran
salto atrás en los autores paganos,  que como Celso (“Contra los
Cristianos”), filósofo platónico contemporáneo de Marco Aurelio, combaten el
cristianismo “un montón de esclavos, indigentes, de descontentos, gente sin
nada… maldicen la buena vida, condenan toda la cultura
pagana”.

Esta visión anticristiana fruto de una élite más hedonista que platónica tiene un excelente
reflejo visual en la escenografía que ha montado
Amenábar
. No, no es la recreación de un hombre de
izquierdas, sino la imaginación de la “Nueva” y “vieja” derecha, la de Gibbon,
el historiador inglés de la decadencia romana del siglo XVIII, que
responsabiliza al cristianismo de la caída del imperio, el Mitólogo Frazer (El
Ramo de Oro) y de manera especial el teólogo nazi Rosenberg (El mito del Siglo
XX). Ese es el marco de referencia implícito del imaginario que Amenábar
propaga. Que eso se lo compre la postizquierda española es simplemente un
problema de incultura y de ausencia de referencias
culturales.

Presentar a la mujer en el ámbito de lo que fue la
sociedad pagana, en unas condiciones de emancipación como las que caracterizan a
Hipatia, resultaría absolutamente incomprensible si no se advierte al mismo
tiempo que es el creciente desarrollo del cristianismo y su concepción de igual
dignidad de hombre y mujer que lo hacen posible. El paganismo, los clásicos
griegos y romanos, confieren a la mujer un papel subalterno y esencialmente
doméstico y para nada vinculado a las instituciones públicas, excepto en
determinados y específicos cultos religiosos. Es decir, Hipatia es el
resultado de la evolución de una sociedad influenciada de manera creciente por
el cristianismo
. Esto nuestro director de cine lo
escamotea.

Asimismo, de la misma manera que Amenábar presenta
a Hipatia es necesario recordar otras figuras de mujeres filósofas o escritoras,
como Eudocia, nacida en una familia pagana como Atenais y convertida luego al
cristianismo. La presencia pública de mujeres en una sociedad que se estaba
cristianizando solo se explica por este último hecho, lo cual contradice
frontalmente lo que Amenábar nos relata. Como lo hace el querer presentar el
paganismo, el propio neoplatonismo, como una fuente de razón y de luz. Qué duda
cabe que Platón, como otros clásicos, hizo importantes aportaciones a la
filosofía, pero lo que conocemos como bueno de ellas está pasado por el tamiz de
la interpretación y, en muchos casos, como el de San Agustín, la recreación
cristiana.

El platonismo completo, a palo seco y sin matices,
sería algo inasumible para una mente ilustrada
y quien lo dude
solamente debe interesarse por La República. La idea de una confrontación brutal
entre cristianos y paganos también está falseada absolutamente. En el imperio de
Bizancio y en Alejandría en particular se produjeron en los siglos IV y V
numerosas algaradas fruto de las tensiones entre las distintas corrientes
políticas y de los propios cristianos. Murió Hipatia pero también murieron
obispos antes que ella. Fue un periodo de fuertes pugnas políticas. Esto es tan
evidente que las relaciones entre los pensadores cristianos y paganos fueron en
general, buenas. En realidad, muchos pertenecían a las mismas familias. La
propia Hipatia tuvo entre sus alumnos a cristianos y paganos, y actuó como
asesora áulica del gobierno de su ciudad.

Y la constatación de todo esto, de que el asesinato de Hipatia fue el fruto de un grupo y de una algarada y no el resultado de una confrontación “entre lo cristiano y lo
pagano”
, es tan evidente como el hecho de que la escuela platónica de
Alejandría continuó funcionando con normalidad durante más de 200 años después
de su muerte.  Y, sobre todo, la premisa mayor: los que persiguieron
masivamente, reprimieron, torturaron y mataron fueron los paganos a los
cristianos en nombre del paganismo y de razones que hoy nos parecen brutalmente
irracionales, como lo constatan las propias actas de los juicios
romanos.

Amenábar engaña tanto, miente tanto con sus
imágenes y argumento, que hace de la película más cara rodada en España un
panfleto político anticristiano que la “Nueva Derecha”, aplaude. http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=14881&id_seccion=27


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El contexto del relato de Hipatia y los primeros cristianos, o como Amenábar
manipula la realidad (I)


El cristianismo de los primeros siglos está marcado por la persecución, que se
iniciaría contra la primitiva comunidad cristiana de Jerusalén con la muerte,
hacia el año 36, del primer mártir, Esteban, poco después de la crucifixión de
Jesús. Estas persecuciones se prolongaron de forma intermitente hasta que el
Edicto de Milán, en el año 313, estableció la tolerancia religiosa en el
Imperio, permitiendo que los cristianos pudieran practicar sin miedo a la
represión. En contra de lo que a veces se afirma, el emperador
Constantino no otorgó el carácter de religión oficial al cristianismo
,
sino que se limitó a normalizar su situación en relación a las religiones
paganas que tanto abundaban en el
Imperio.

La vida de Hipatia transcurre, por consiguiente, pocas décadas después de aquel
cese de la represión. Vive entre la segunda y la tercera generación de
cristianos que conoce la normalidad. Hipatia, nacida con mayor probabilidad en
el año 355, debió de convivir de joven con seguidores de Jesucristo que habían
experimentado las persecuciones en Oriente y, en especial, la de Maximino en
Egipto el 311.

La persecución será la tónica que acompañará a los cristianos que viven en el
Imperio a lo largo de los 300 primeros años, muchas generaciones educadas bajo
el estigma de ser cristianos. Una persecución cruenta, brutal en algunos casos;
más atenuada, represiva, en otros, pero persecución a fin de cuentas seguida de
periodos de bonanza.

Los cristianos nunca respondieron con violencia, ni tan siquiera resistencia a
ultranza
. El martirio personal fue asumido como la
culminación de su fe, y en realidad lo fue, porque su extraordinaria expansión
se fundó en el testimonio personal, en su estilo de vida y el ejemplo, donde la
disponibilidad de morir por las propias convicciones tuvo un papel importante.
Esta actitud certificaba más que montones de discursos la confianza en la buena
nueva que anunciaban, el Evangelio. ¿Qué mejor demostración de amor de Dios
Padre que proclama Jesucristo que su promesa de vida eterna y su propio cruento
sacrificio, testimoniado por sus seguidores? Y ese ejemplo posee una gran
fuerza. ¿Qué mejor credibilidad que ofrecerse uno mismo? Solo quien sabe que
esto será tal como lo explica puede entregarse de tal modo. No se trataba de
otro tipo de reacción, mucho más humana y comprensible, la de matar al otro,
morir matando, causando el máximo daño al adversario, intentando vencerlo por el
terror. El cristianismo inicial, pobre, poco numeroso, socialmente desvalido,
podía asemejar una molestia cómoda de exterminar, porque con su tranquila
aceptación de la muerte facilitaba la tarea del stablishment imperial pagano,
que pretendía doblegarlo ideológicamente o
exterminarlo.

Desde su mismo inicio, la moral cristiana se basa en el sacrificio personal, y su expansión tiene mucho que ver con este ejemplo y no con la violencia. El cristianismo de los primeros siglos se convirtió en hegemónico, no como fruto de ninguna acción militar o una toma
violenta del poder, sino porque presentaba un estilo de vida que fue considerado
mejor. El cristianismo no se expande como el Islam ni como el judaísmo, sus
 
líderes no son grandes guerreros ni gobernantes seculares, su visión de lo
mundano es muy transitoria, mucho más de la que hoy poseen. Tanto es así que la
Iglesia de los fundadores y sus primeros sucesores tuvo muy pronto el riesgo de
una interpretación desequilibrada, en la que el desapego por lo mundano se
convertiría en puro y simple rechazo del mundo, una tentación que duraría hasta
bien entrada la Edad Media. En esta idea el mundo era la encarnación del mal y
dejaba de ser la obra creada por Dios de acuerdo con lo que narra el Génesis
“Dios vio que todo lo que había hecho era bueno” (Ge 1, 31).

Hipatia vivió en la Alejandría de su época, donde la religión cristiana ya era la creencia social mayoritaria y una experiencia que cargaba sobre sus espaldas generaciones de persecuciones y sacrificios.
El cristianismo fue sistemáticamente perseguido, denigrado, represaliado
por el paganismo, y no a la inversa
. Esta es la evidencia histórica
concluyente. Presentar el resultado de una lucha política concreta que se
produjo en la revuelta ciudad de Alejandría, foco histórico de múltiples
conflictos y violencias, como el paradigma del comportamiento cristiano y
pagano, como hace Almenábar, es simplemente invertir los términos de la realidad
histórica. El paganismo utilizó la violencia para mantenerse en el poder, y el
cristianismo se hizo hegemónico por la vía del convencimiento pacífico. Una
realidad que el Edicto de Milán terminó por reconocer. http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=14934&id_seccion=27


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El contexto del relato de Hipatia y los primeros cristianos, o como Amenábar
manipula la realidad (y II)


La película de Amenábar manipula la realidad para formular unas tesis ideológicas
que pueden resumirse así:
 
  1. El cristianismo en particular; y las religiones,
    en general, son generadoras de violencia e ignorancia.
  2. Filosofía, ciencia y religión son
    incompatibles.
  3. El paganismo es fuente del pensamiento científico
    de la capacidad de diálogo y de convivencia.
  4. Hipatia era ya una feminista en el siglo
    IV.
  5. Los dirigentes cristianos empezando por San
    Cirilo poseen el mismo significado que Bin Laden.
  6. Los cristianos perseguían a los paganos, mientras
    que los paganos tenían una actitud
    tolerante.

Para conseguir que estas tesis queden hilvanadas, Amenábar ha falseado de una
forma radical
, engaña, para decirlo en los términos exactos, sobre los
siguientes puntos:
  1. Invierte el sentido de la
    historia
    . Los perseguidos fueron los cristianos y
    los perseguidores los paganos.
    Desde la primera persecución a cargo
    de Nerón en el año 64 se practicaron diez grandes oleadas represoras, con
    intervalos de más o menos tolerancia. El hecho de ser cristiano estaba
    criminalizado por las leyes romanas, y esto en nombre de la moral y la
    religión pagana. El periodo duró en su conjunto 300 años.
  2. De Hipatia se conservan escasísimas referencias y
    prácticamente ninguno de sus textos
    . No existe ninguna
    base para afirmar que se hubiera adelantado a Kepler en más de mil años. No se
    conocen sus aportaciones a las matemáticas y a la astronomía más allá de
    determinados comentarios, para nada innovadores. Y sí se conoce de la mano del
    obispo Sinesio de Cirene su carácter de filósofa y maestra en filosofía.
  3. Este obispo que en la película se presenta como
    cómplice del asesinato de la filósofa, fue en realidad, según las fuentes
    históricas, un gran amigo suyo
    . Describía a
    Hipatia como “madre, hermana, maestra, benefactora mía”, lo cual cuadra mal
    con el fanatismo del “bloque” cristiano. Entre sus alumnos se encontraban
    tanto paganos como cristianos.
  4. Pero, además, el malvado Sinesio murió
    dos años antes que ella
    , o sea que debió traicionarla desde la tumba.
  5. Cuando Hipatia vivía, hacía años que la
    biblioteca de Alejandría había sido destruida
    . Difícilmente,
    pues, ella pudo ser directora ni la biblioteca echada abajo por los
    cristianos. Quienes realmente se la cargaron fueron, primero Julio César que
    la quemó, después Aureliano en el 273 que la saqueó, y la acabó de planchar
    Diocleciano en el 297. Todos pertenecientes a la cultura
    pagana.
  6. Lo que sí se acabó de destruir en la época de
    Hipatia, en el año 391, fue el templo de Serapeo
    . Lo que quedaba de
    él, claro, porque antes había sido arruinado por los judíos en tiempo de
    Trajano y, como no, por los paganos de la mano de Diocleciano, que clavó allí
    una enorme columnata para celebrar la gesta. Los cristianos terminaron la
    destrucción mas tarde porque esta columna era el símbolo de las persecuciones
    sufridas a lo largo de centenares de años.
  7. El 'bruto' de San Cirilo fue en realidad, y aquí
    si hay abundancia de textos, un conocido sabio
    cristiano
    , quien en el año 419, en su sermón pascual,
    condenó el asesinato de Hipatia y criticó duramente el comportamiento de
    los ciudadanos de Alejandría, una ciudad que periódicamente se vio sometida a
    cruentas revueltas de judíos, paganos y también de grupos cristianos.
  8. Este carácter turbulento de Alejandría está
    festoneado de hechos
    . Por ejemplo, Santa Catalina, una muy joven
    intelectual, fue asesinada; y ya en tiempos de Hipatia, cuando ésta era una
    venerable anciana, se torturó y asesinó a dos obispos cristianos, Jorge y
    Proterio, que tuvieron muertes semejantes a las de Hipatia.
  9. De Hipatia no se sabe si era bella o no lo era,
    pero lo que si se conoce es que la fecha más acreditada de su muerte es en el
    415, a los 61 años de edad
    . Ésta es desde el
    punto de vista cinematográfico una licencia menor. ¿Como una película
    financiada por la televisión de Berlusconi iba a presentar una anciana de
    protagonista en lugar de una chica cañón (con perdón).
  10. La escuela platónica de Alejandría no
    desapareció, como presenta la película
    , sino que continuó
    más de 150 años después del asesinato de Hipatia, y el paganismo se mantuvo en
    la ciudad hasta que llegaron los árabes musulmanes.
  11. El neoplatonismo, que tuvo muchas corrientes,
    alcanzó su desarrollo más importante y ha llegado hasta nuestros días de la
    mano precisamente del cristianismo
    , y concretamente
    de uno de sus máximos exponentes intelectuales, San Agustín, coetáneo de
    Hipatia a una distancia de unos 1.200 km.
  12. Tanto en la sociedad helénica como en la romana,
    el mundo pagano no confería ningún papel público a la
    mujer
    . En Roma no era titular de derechos, sino que su
    consideración jurídica era la de “capiti diminutio”, es decir un ser
    diminuido que necesitaba de la tutela del padre o marido. La floración de
    mujeres en este terreno corre paralela al crecimiento del cristianismo. Es el
    caso de Eudocia, creadora de la Universidad de Jerusalén. Y mucho antes que
    ella las mártires cristianas que se emanciparon de la voluntad de sus padres o
    maridos para dar testimonio cristiano, como Inés, Agata o Cecilia, y tantas
    otras. Hipatia era emancipada  en el contexto de una dinámica cultural
    que se situaba en un marco de referencia impregnado de valores cristianos.
  13. El primer narrador del crimen de Hipatia fue
    Sócrates Escolástico
    , en el siglo V, que estaba al servicio del
    patriarca de Constantinopla, Nestorio. En esta época, donde el cristianismo
    todavía no se había definitivamente asentado y distintas corrientes pugnaban
    entre ellas, se produjo lo que después sería la herejía nestoriana. El
    patriarca de Alejandría, Cirilo, estuvo enfrentado a Nestorio. En este sentido
    la atribución de la inspiración de la muerte puede obedecer a un intento de
    difamación de Cirilo. La otra referencia es del escritor pagano Damascio,
    autor de una apología del paganismo entre  el siglo V y VI (que de paso
    constata la permanencia de  la publicidad de esta forma de pensamiento
    hasta entrado el siglo VI) y, por tanto, parte interesada en la lucha
    intelectual dirigida a desprestigiar a los cristianos.
     
Estos datos no agotan el engaño de Amenábar pero permiten constatar la dimensión del
mismo. Si el director hubiera presentado el film como una narración ficticia se
podría discutir sobre sus tesis, pero tendría toda la libertad del mundo para
criticar al cristianismo y ensalzar al paganismo. En definitiva, Alain de
Benoist lo ha estado haciendo durante muchos años y se le puede llamar
equivocado pero no mentiroso. 

La cuestión no es esa. Lo grave es que, como el autor del Código da Vinci,
Amenábar  intente vender como un hecho histórico lo que es pura propaganda
ideológica
, y para ello practique el engaño sistemático.




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Amenábar: Ágora e Hipatia
Amenábar ha hecho una nueva película, Ágora, y como la anterior, Mar adentro, se caracteriza por la deformación de los hechos, es decir, el engaño, para ajustarlo a su discurso militantemente anticristiano.  
Él mismo se confiesa en la multitud de entrevistas que ha dado en la campaña promocional de su nueva película como ateo, con un añadido, su ostentación de la condición de homosexual, que es algo así como si Clint Eastwood tuviera necesidad de explicar cada vez que lo entrevistan que él es un hetero militante.
 
Todas las entrevistas están, lógicamente, pensadas a mayor gloria del director y su película. Entra dentro de las reglas del juego, por algo son pura promoción comercial donde el género periodístico substituye a la publicidad pura y dura. A pesar de ello, y del cuidado de los entrevistadores, siempre atentos al obligado panegírico, el director manifiesta unos caracteres curiosos, por decirlo de alguna manera.
 
Porque curioso es su sentido de culpa, que le lleva a declarar “no lo puedo remediar. En los aeropuertos siempre tengo la sospecha de que me van a detener en cualquier momento por lo que sea”. Él lo atribuye a un miedo a la “Autoridad” que constituye en su imaginario un valor abstracto y omnipresente. Bromas que gasta la propia conciencia.
 
No se cansa de declarar que en su nueva obra es fiel a los hechos históricos. Como pienso que es una persona razonablemente culta, que ha preparado su película, entonces solo me queda concluir que engaña, miente, o quizás se engaña a sí mismo, porque lo que plantea Ágora no tiene nada que ver con la realidad de lo que sucedió.
 
Esta no es la historia de Hipatia ni muchos menos de las relaciones entre neoplatónicos y cristianos en Alejandría. Su verdadera intención aflora porque tantas entrevistas y tan extensas obligan a hablar. Por ejemplo, cuando afirma que su intención real es denunciar los que utilizan la violencia como argumento, como hacen -dice- los etarras y los terroristas islámicos.
 
Claro, y por eso acude a un hecho de hace más de 1600 años, metiendo a los cristianos por en medio. En realidad, su intención es maniquea y no puede ocultarla “imaginé aquella lucha entre los paganos y los cristianos viejos –que ni fue exactamente tal, ni entonces existían viejos cristianos- como si fuera nuestra guerra civil” Está claro ¿no?

A pesar de estos deslices, reitera lo que la necesidad comercial le ha marcado, especialmente pensando en un mercado que se le resiste como es el norteamericano, muy sensible a los panfletos anticristianos. “He insistido mucho en que la película no va contra los cristianos, sino contra los que utilizan la fuerza para defender sus ideas”.
 
Lástima que teniendo ejemplos tan categóricos y próximos, como Stalin y Lenin, Hitler, Mao, Pol Pot, o quizás para hacer una producción de ambiente histórico, los tiempos de terror de la Revolución Francesa, o el primer genocidio de La Vendée, tenga que acudir a una de las múltiples revueltas que sucedieron en la cosmopolita ciudad de Alejandría en el periodo inicial del cristianismo, y las pugnas políticas que entre los diversos grupos se produjeron. Unos hechos que mal representan la tesis que dice querer contar: unos violentos que masacran a unos pacíficos, benevolentes y cultos racionalistas.
 
La evidencia de su desconocimiento o voluntad de traicionar la realidad se manifiesta en pretensiones como la de afirmar que el cine no ha contado mucho el cambio del mundo antiguo al medieval, cuando este es uno de los temas que han registrado, con obras mediocres y buenas, una notable producción cinematográfica.
 
Pero sobre todo lo que debe ser subrayado es que no deja de ser curioso que, cuando lo que caracteriza los cuatro primeros siglos de la historia cristiana es la persecución en ocasiones terrible que éstos reciben, se vaya a fijar en un hecho aislado que además ha sido reiteradamente utilizado, también falsamente, en la historia por el ateísmo agresivo y la masonería.

Se ha intentado convertir  a una matemática y astrónoma, Hipatia, en un símbolo de la razón contra el oscurantismo cristiano. Pero en este caso, a diferencia de otros, la evidencia de los hechos es tan grande que el éxito no ha acompañado al propósito histórico. En este caso la leyenda negra no ha llegado a cuajar.
 
En otras palabras, Amenábar utiliza como guión uno de los panfletos editados en el siglo XIX. Para ello, claro está, ha contado con 50 millones de euros, algo insólito para un director español, y es que cuando se trata de pegarle leña a la Iglesia está visto que el dinero nunca escasea. http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=14818&id_seccion=27
 
Amenábar, la denigración de lo cristiano y la nueva derecha
La denigración de lo cristiano ligado a la exaltación de lo pagano es, sobre todo, una idea y una batalla de la Nueva Derecha, más que corresponder a la etiología de determinada izquierda, ciertamente anticlerical y anticristiana, pero no defensora de la idealización de la sociedad pagana. En este sentido, la orientación de Amenábar en Ágora se situaría de lleno en la corriente que han venido representando Louis Pauwels, Alain de Benoist y Philip Conrad, para citar tres de los más destacados. Su idea se justifica en Nietzsche y en un gran salto atrás en los autores paganos,  que como Celso (“Contra los Cristianos”), filósofo platónico contemporáneo de Marco Aurelio, combaten el cristianismo “un montón de esclavos, indigentes, de descontentos, gente sin nada… maldicen la buena vida, condenan toda la cultura pagana”.

Esta visión anticristiana fruto de una élite más hedonista que platónica tiene un excelente reflejo visual en la escenografía que ha montado Amenábar. No, no es la recreación de un hombre de izquierdas, sino la imaginación de la “Nueva” y “vieja” derecha, la de Gibbon, el historiador inglés de la decadencia romana del siglo XVIII, que responsabiliza al cristianismo de la caída del imperio, el Mitólogo Frazer (El Ramo de Oro) y de manera especial el teólogo nazi Rosenberg (El mito del Siglo XX). Ese es el marco de referencia implícito del imaginario que Amenábar propaga. Que eso se lo compre la postizquierda española es simplemente un problema de incultura y de ausencia de referencias culturales.

Presentar a la mujer en el ámbito de lo que fue la sociedad pagana, en unas condiciones de emancipación como las que caracterizan a Hipatia, resultaría absolutamente incomprensible si no se advierte al mismo tiempo que es el creciente desarrollo del cristianismo y su concepción de igual dignidad de hombre y mujer que lo hacen posible. El paganismo, los clásicos griegos y romanos, confieren a la mujer un papel subalterno y esencialmente doméstico y para nada vinculado a las instituciones públicas, excepto en determinados y específicos cultos religiosos. Es decir, Hipatia es el resultado de la evolución de una sociedad influenciada de manera creciente por el cristianismo. Esto nuestro director de cine lo escamotea.

Asimismo, de la misma manera que Amenábar presenta a Hipatia es necesario recordar otras figuras de mujeres filósofas o escritoras, como Eudocia, nacida en una familia pagana como Atenais y convertida luego al cristianismo. La presencia pública de mujeres en una sociedad que se estaba cristianizando solo se explica por este último hecho, lo cual contradice frontalmente lo que Amenábar nos relata. Como lo hace el querer presentar el paganismo, el propio neoplatonismo, como una fuente de razón y de luz. Qué duda cabe que Platón, como otros clásicos, hizo importantes aportaciones a la filosofía, pero lo que conocemos como bueno de ellas está pasado por el tamiz de la interpretación y, en muchos casos, como el de San Agustín, la recreación cristiana.

El platonismo completo, a palo seco y sin matices, sería algo inasumible para una mente ilustrada y quien lo dude solamente debe interesarse por La República. La idea de una confrontación brutal entre cristianos y paganos también está falseada absolutamente. En el imperio de Bizancio y en Alejandría en particular se produjeron en los siglos IV y V numerosas algaradas fruto de las tensiones entre las distintas corrientes políticas y de los propios cristianos. Murió Hipatia pero también murieron obispos antes que ella. Fue un periodo de fuertes pugnas políticas. Esto es tan evidente que las relaciones entre los pensadores cristianos y paganos fueron en general, buenas. En realidad, muchos pertenecían a las mismas familias. La propia Hipatia tuvo entre sus alumnos a cristianos y paganos, y actuó como asesora áulica del gobierno de su ciudad.

Y la constatación de todo esto, de que el asesinato de Hipatia fue el fruto de un grupo y de una algarada y no el resultado de una confrontación “entre lo cristiano y lo pagano”, es tan evidente como el hecho de que la escuela platónica de Alejandría continuó funcionando con normalidad durante más de 200 años después de su muerte.  Y, sobre todo, la premisa mayor: los que persiguieron masivamente, reprimieron, torturaron y mataron fueron los paganos a los cristianos en nombre del paganismo y de razones que hoy nos parecen brutalmente irracionales, como lo constatan las propias actas de los juicios romanos.

Amenábar engaña tanto, miente tanto con sus imágenes y argumento, que hace de la película más cara rodada en España un panfleto político anticristiano que la “Nueva Derecha”, aplaude. http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=14881&id_seccion=27

El contexto del relato de Hipatia y los primeros cristianos, o como Amenábar manipula la realidad (I)
El cristianismo de los primeros siglos está marcado por la persecución, que se iniciaría contra la primitiva comunidad cristiana de Jerusalén con la muerte, hacia el año 36, del primer mártir, Esteban, poco después de la crucifixión de Jesús. Estas persecuciones se prolongaron de forma intermitente hasta que el Edicto de Milán, en el año 313, estableció la tolerancia religiosa en el Imperio, permitiendo que los cristianos pudieran practicar sin miedo a la represión. En contra de lo que a veces se afirma, el emperador Constantino no otorgó el carácter de religión oficial al cristianismo, sino que se limitó a normalizar su situación en relación a las religiones paganas que tanto abundaban en el Imperio.

La vida de Hipatia transcurre, por consiguiente, pocas décadas después de aquel cese de la represión. Vive entre la segunda y la tercera generación de cristianos que conoce la normalidad. Hipatia, nacida con mayor probabilidad en el año 355, debió de convivir de joven con seguidores de Jesucristo que habían experimentado las persecuciones en Oriente y, en especial, la de Maximino en Egipto el 311.

La persecución será la tónica que acompañará a los cristianos que viven en el Imperio a lo largo de los 300 primeros años, muchas generaciones educadas bajo el estigma de ser cristianos. Una persecución cruenta, brutal en algunos casos; más atenuada, represiva, en otros, pero persecución a fin de cuentas seguida de periodos de bonanza.

Los cristianos nunca respondieron con violencia, ni tan siquiera resistencia a ultranza. El martirio personal fue asumido como la culminación de su fe, y en realidad lo fue, porque su extraordinaria expansión se fundó en el testimonio personal, en su estilo de vida y el ejemplo, donde la disponibilidad de morir por las propias convicciones tuvo un papel importante. Esta actitud certificaba más que montones de discursos la confianza en la buena nueva que anunciaban, el Evangelio. ¿Qué mejor demostración de amor de Dios Padre que proclama Jesucristo que su promesa de vida eterna y su propio cruento sacrificio, testimoniado por sus seguidores? Y ese ejemplo posee una gran fuerza. ¿Qué mejor credibilidad que ofrecerse uno mismo? Solo quien sabe que esto será tal como lo explica puede entregarse de tal modo. No se trataba de otro tipo de reacción, mucho más humana y comprensible, la de matar al otro, morir matando, causando el máximo daño al adversario, intentando vencerlo por el terror. El cristianismo inicial, pobre, poco numeroso, socialmente desvalido, podía asemejar una molestia cómoda de exterminar, porque con su tranquila aceptación de la muerte facilitaba la tarea del stablishment imperial pagano, que pretendía doblegarlo ideológicamente o exterminarlo.

Desde su mismo inicio, la moral cristiana se basa en el sacrificio personal, y su expansión tiene mucho que ver con este ejemplo y no con la violencia. El cristianismo de los primeros siglos se convirtió en hegemónico, no como fruto de ninguna acción militar o una toma violenta del poder, sino porque presentaba un estilo de vida que fue considerado mejor. El cristianismo no se expande como el Islam ni como el judaísmo, sus líderes no son grandes guerreros ni gobernantes seculares, su visión de lo mundano es muy transitoria, mucho más de la que hoy poseen. Tanto es así que la Iglesia de los fundadores y sus primeros sucesores tuvo muy pronto el riesgo de una interpretación desequilibrada, en la que el desapego por lo mundano se convertiría en puro y simple rechazo del mundo, una tentación que duraría hasta bien entrada la Edad Media. En esta idea el mundo era la encarnación del mal y dejaba de ser la obra creada por Dios de acuerdo con lo que narra el Génesis “Dios vio que todo lo que había hecho era bueno” (Ge 1, 31).

Hipatia vivió en la Alejandría de su época, donde la religión cristiana ya era la creencia social mayoritaria y una experiencia que cargaba sobre sus espaldas generaciones de persecuciones y sacrificios. El cristianismo fue sistemáticamente perseguido, denigrado, represaliado por el paganismo, y no a la inversa. Esta es la evidencia histórica concluyente. Presentar el resultado de una lucha política concreta que se produjo en la revuelta ciudad de Alejandría, foco histórico de múltiples conflictos y violencias, como el paradigma del comportamiento cristiano y pagano, como hace Almenábar, es simplemente invertir los términos de la realidad histórica. El paganismo utilizó la violencia para mantenerse en el poder, y el cristianismo se hizo hegemónico por la vía del convencimiento pacífico. Una realidad que el Edicto de Milán terminó por reconocer. http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=14934&id_seccion=27


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El contexto del relato de Hipatia y los primeros cristianos, o como Amenábar manipula la realidad (y II)
La película de Amenábar manipula la realidad para formular unas tesis ideológicas que pueden resumirse así: 
  1. El cristianismo en particular; y las religiones, en general, son generadoras de violencia e ignorancia.
  2. Filosofía, ciencia y religión son incompatibles.
  3. El paganismo es fuente del pensamiento científico de la capacidad de diálogo y de convivencia.
  4. Hipatia era ya una feminista en el siglo IV.
  5. Los dirigentes cristianos empezando por San Cirilo poseen el mismo significado que Bin Laden.
  6. Los cristianos perseguían a los paganos, mientras que los paganos tenían una actitud tolerante.
 
Para conseguir que estas tesis queden hilvanadas, Amenábar ha falseado de una forma radical, engaña, para decirlo en los términos exactos, sobre los siguientes puntos:
 
  1. Invierte el sentido de la historia. Los perseguidos fueron los cristianos y los perseguidores los paganos. Desde la primera persecución a cargo de Nerón en el año 64 se practicaron diez grandes oleadas represoras, con intervalos de más o menos tolerancia. El hecho de ser cristiano estaba criminalizado por las leyes romanas, y esto en nombre de la moral y la religión pagana. El periodo duró en su conjunto 300 años.
  2. De Hipatia se conservan escasísimas referencias y prácticamente ninguno de sus textos. No existe ninguna base para afirmar que se hubiera adelantado a Kepler en más de mil años. No se conocen sus aportaciones a las matemáticas y a la astronomía más allá de determinados comentarios, para nada innovadores. Y sí se conoce de la mano del obispo Sinesio de Cirene su carácter de filósofa y maestra en filosofía.
  3. Este obispo que en la película se presenta como cómplice del asesinato de la filósofa, fue en realidad, según las fuentes históricas, un gran amigo suyo. Describía a Hipatia como “madre, hermana, maestra, benefactora mía”, lo cual cuadra mal con el fanatismo del “bloque” cristiano. Entre sus alumnos se encontraban tanto paganos como cristianos.
  4. Pero, además, el malvado Sinesio murió dos años antes que ella, o sea que debió traicionarla desde la tumba.
  5. Cuando Hipatia vivía, hacía años que la biblioteca de Alejandría había sido destruida. Difícilmente, pues, ella pudo ser directora ni la biblioteca echada abajo por los cristianos. Quienes realmente se la cargaron fueron, primero Julio César que la quemó, después Aureliano en el 273 que la saqueó, y la acabó de planchar Diocleciano en el 297. Todos pertenecientes a la cultura pagana.
  6. Lo que sí se acabó de destruir en la época de Hipatia, en el año 391, fue el templo de Serapeo. Lo que quedaba de él, claro, porque antes había sido arruinado por los judíos en tiempo de Trajano y, como no, por los paganos de la mano de Diocleciano, que clavó allí una enorme columnata para celebrar la gesta. Los cristianos terminaron la destrucción mas tarde porque esta columna era el símbolo de las persecuciones sufridas a lo largo de centenares de años.
  7. El 'bruto' de San Cirilo fue en realidad, y aquí si hay abundancia de textos, un conocido sabio cristiano, quien en el año 419, en su sermón pascual, condenó el asesinato de Hipatia y criticó duramente el comportamiento de los ciudadanos de Alejandría, una ciudad que periódicamente se vio sometida a cruentas revueltas de judíos, paganos y también de grupos cristianos.
  8. Este carácter turbulento de Alejandría está festoneado de hechos. Por ejemplo, Santa Catalina, una muy joven intelectual, fue asesinada; y ya en tiempos de Hipatia, cuando ésta era una venerable anciana, se torturó y asesinó a dos obispos cristianos, Jorge y Proterio, que tuvieron muertes semejantes a las de Hipatia.
  9. De Hipatia no se sabe si era bella o no lo era, pero lo que si se conoce es que la fecha más acreditada de su muerte es en el 415, a los 61 años de edad. Ésta es desde el punto de vista cinematográfico una licencia menor. ¿Como una película financiada por la televisión de Berlusconi iba a presentar una anciana de protagonista en lugar de una chica cañón (con perdón).
  10. La escuela platónica de Alejandría no desapareció, como presenta la película, sino que continuó más de 150 años después del asesinato de Hipatia, y el paganismo se mantuvo en la ciudad hasta que llegaron los árabes musulmanes.
  11. El neoplatonismo, que tuvo muchas corrientes, alcanzó su desarrollo más importante y ha llegado hasta nuestros días de la mano precisamente del cristianismo, y concretamente de uno de sus máximos exponentes intelectuales, San Agustín, coetáneo de Hipatia a una distancia de unos 1.200 km.
  12. Tanto en la sociedad helénica como en la romana, el mundo pagano no confería ningún papel público a la mujer. En Roma no era titular de derechos, sino que su consideración jurídica era la de “capiti diminutio”, es decir un ser diminuido que necesitaba de la tutela del padre o marido. La floración de mujeres en este terreno corre paralela al crecimiento del cristianismo. Es el caso de Eudocia, creadora de la Universidad de Jerusalén. Y mucho antes que ella las mártires cristianas que se emanciparon de la voluntad de sus padres o maridos para dar testimonio cristiano, como Inés, Agata o Cecilia, y tantas otras. Hipatia era emancipada  en el contexto de una dinámica cultural que se situaba en un marco de referencia impregnado de valores cristianos.
  13. El primer narrador del crimen de Hipatia fue Sócrates Escolástico, en el siglo V, que estaba al servicio del patriarca de Constantinopla, Nestorio. En esta época, donde el cristianismo todavía no se había definitivamente asentado y distintas corrientes pugnaban entre ellas, se produjo lo que después sería la herejía nestoriana. El patriarca de Alejandría, Cirilo, estuvo enfrentado a Nestorio. En este sentido la atribución de la inspiración de la muerte puede obedecer a un intento de difamación de Cirilo. La otra referencia es del escritor pagano Damascio, autor de una apología del paganismo entre  el siglo V y VI (que de paso constata la permanencia de  la publicidad de esta forma de pensamiento hasta entrado el siglo VI) y, por tanto, parte interesada en la lucha intelectual dirigida a desprestigiar a los cristianos.  
Estos datos no agotan el engaño de Amenábar pero permiten constatar la dimensión del mismo. Si el director hubiera presentado el film como una narración ficticia se podría discutir sobre sus tesis, pero tendría toda la libertad del mundo para criticar al cristianismo y ensalzar al paganismo. En definitiva, Alain de Benoist lo ha estado haciendo durante muchos años y se le puede llamar equivocado pero no mentiroso. 
 
La cuestión no es esa. Lo grave es que, como el autor del Código da Vinci, Amenábar  intente vender como un hecho histórico lo que es pura propaganda ideológica, y para ello practique el engaño sistemático.