3 de marzo de 2012

Domingo 4 de marzo. II Cuaresma 2012


HOJA
PARROQUIAL
Parroquia de Sant Francesc de Borja
Email de la parroquia: sfb500@gmail.com

Domingo 4 de marzo de 2012.  

      Queridos hermanos: 
Ante otras primaveras que colocan el odio solapado, la manipulación mediática y la tergiversación de la verdad, el Papa Juan Pablo II habló de una “Primavera del cristianismo” en la Beatificación de los 232 mártires valencianos. “Los mártires son hombres y mujeres transfigurados". La conversión y la penitencia interior a lo largo de esta Cuaresma han de dejar en nosotros una transfiguración del corazón que nos lleve a vivir amando y perdonando, como los mártires. Para ello, este domingo el Evangelio nos invita a un triple movimiento: subir, contemplar y bajar de un monte, Tabor, de 560 m. de altura según tradición desde el siglo IV.
El movimiento de subir, con todo lo que supone de esfuerzo, esconde una esperanza, una revelación, una gracia. Ante el cansancio y la tentación de la retirada, está la promesa de la visión de un hermoso paisaje y el seguimiento de Aquel que es el Camino ascendente. La gracia de Cristo atrae hacia arriba. Subamos, pues, rompiendo con el pecado que nos ata, con el deseo de una transfiguración, un cambio de vida, un corazón nuevo.
El movimiento de contemplar. Los discípulos, al contemplar sus vestidos que se volvieron de un blanco deslumbrador, bien pueden proclamar: «Veo la belleza de tu gracia, contemplo su fulgor y reflejo su luz; me arrebata su esplendor indescriptible” (Simeón el nuevo teólogo, Himnos, II). El rostro transfigurado de Cristo provoca la transfiguración en quien lo contempla. Así le ocurrió a Moisés en el Sinaí. Y nos hace exclamar con Pedro: “Maestro, ¡qué bien se está aquí!”. La liturgia de la Iglesia, la oración y sobre todo la Eucaristía muestran la belleza transfiguradora del rostro de Cristo: «Soy el manjar de los grandes: creces, y me comerás, sin que por eso me transforme en ti, como el alimento de tu carne; sino que tú te transformarás en mí». (San Agustín. Confesiones. VII, 10, 16). En efecto, no es el alimento eucarístico el que se transforma en nosotros, sino que somos nosotros los que gracias a él acabamos por ser cambiados misteriosamente. Cristo nos alimenta uniéndonos a él; «nos atrae hacia sí». (Benedicto XVI. Sacr. Carit. 70). 
El movimiento de bajar nos une a la misión de Cristo que pasará por la cruz: «Desciende, Pedro; tú, que deseabas descansar en el monte, desciende y predica la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo, arguye y exhorta, increpa con toda longanimidad y doctrina. Trabaja, suda, padece algunos tormentos a fin de llegar, por el brillo y hermosura de las obras hechas en caridad, a poseer eso que simbolizan los blancos vestidos del Señor» (S. Agustín, Sermón 78, 6).
Jesús, vuestro párroco


Del evangelio según San Marcos  9, 2-10


En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo.
Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: 
— «Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»
Estaban asustados, y no sabia lo que decía.
Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube: — «Este es mi Hijo amado; escuchadlo.»
De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: — «No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.»
Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de «resucitar de entre los muertos».
Palabra del Señor


«Hermoso siendo Dios, Verbo en Dios [...] Es hermoso en el cielo y es hermoso en la tierra; hermoso en el seno, hermoso en los brazos de sus padres, hermoso en los milagros, hermoso en los azotes; hermoso invitado a la vida, hermoso no preocupándose de la muerte, hermoso dando la vida, hermoso tomándola; hermoso en la cruz, hermoso en el sepulcro y hermoso en el cielo. Oíd entendiendo el cántico, y la flaqueza de su carne no aparte de vuestros ojos el esplendor de su hermosura» (S. Agustín, Enarr. in Psal. 44, 3)



“No se ha de pensar que la transfiguración se producirá sólo en el más allá, después de la muerte. La vida de los santos y el testimonio de los mártires nos enseñan que, si la transfiguración del cuerpo ocurrirá al final de los tiempos con la resurrección de la carne, la del corazón tiene lugar ya ahora en esta tierra, con la ayuda de la gracia. Podemos preguntarnos: ¿Cómo son los hombres y mujeres "transfigurados"? La respuesta es muy hermosa: Son los que siguen a Cristo en su vida y en su muerte, se inspiran en Él y se dejan inundar por la gracia que Él nos da; son aquéllos cuyo alimento es cumplir la voluntad del Padre; los que se dejan llevar por el Espíritu; los que nada anteponen al Reino de Cristo; los que aman a los demás hasta derramar su sangre por ellos; los que están dispuestos a darlo todo sin exigir nada a cambio; los que -en pocas palabras- viven amando y mueren perdonando. Así vivieron y murieron José Aparicio Sanz y sus doscientos treinta y dos compañeros, asesinados durante la terrible persecución religiosa que azotó España en los años treinta del siglo pasado. Eran hombres y mujeres de todas las edades y condiciones: sacerdotes diocesanos, religiosos, religiosas, padres y madres de familia, jóvenes laicos. Fueron asesinados por ser cristianos, por su fe en Cristo, por ser miembros activos de la Iglesia. Todos ellos, según consta en los procesos canónicos para su declaración como mártires, antes de morir perdonaron de corazón a sus verdugos. (…) Los nuevos beatos que hoy suben a los altares no estuvieron implicados en luchas políticas o ideológicas, ni quisieron entrar en ellas. (…) Ellos murieron únicamente por motivos religiosos. (…) Al inicio del tercer milenio, la Iglesia que camina en España está llamada a vivir una nueva primavera de cristianismo, pues ha sido bañada y fecundada con la sangre de tantos mártires. Sanguis martyrum, semen christianorum! ¡La sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos! (Tertuliano, Apol., 50,13: CCL 1,171). Esta expresión, acuñada durante las persecuciones de los primeros siglos, debe hoy llenar de esperanza vuestras iniciativas apostólicas y esfuerzos pastorales en la tarea, no siempre fácil, de la nueva evangelización. Contáis para ello con la ayuda inigualable de vuestros mártires. (Juan Pablo II. Homilía en la Beatificación de los Siervos de Dios José Aparicio Sanz y 232 Compañeros Mártires en España. Domingo 11 de Marzo de 2001).
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“La Transfiguración no es sólo revelación de la gloria de Cristo, sino también preparación para afrontar la cruz. Ella implica un «subir al monte» y un «bajar del monte»: los discípulos que han gozado de la intimidad del Maestro, envueltos momentáneamente por el esplendor de la vida trinitaria y de la comunión de los santos, como arrebatados en el horizonte de la eternidad, vuelven de repente a la realidad cotidiana, donde no ven más que a «Jesús solo» en la humildad de la naturaleza humana, y son invitados a descender para vivir con Él las exigencias del designio de Dios y emprender con valor el camino de la cruz.” (Juan Pablo II. Exhortación Apostólica Postsinodal Vita Consecrata 14)
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«El alma quiere hacerse semejante con su Amado, saboreando sus gozos y dulzuras y viviendo su misma vida para actuar como Él. Por medio del ejercicio del amor, absorta en su hermosura, quiere transformarse en su hermosura y hacerse semejante en hermosura para empezar a vivir y a gozar aquella hermosura que se le dará sin límites en la vida eterna» (S. Juan de la Cruz. «Cántico Espiritual»).



LA PENITENCIA INTERIOR


1430 Como ya en los profetas, la llamada de Jesús a la conversión y a la penitencia no mira, en primer lugar, a las obras exteriores "el saco y la ceniza", los ayunos y las mortificaciones, sino a la conversión del corazón, la penitencia interior. Sin ella, las obras de penitencia permanecen estériles y engañosas; por el contrario, la conversión interior impulsa a la expresión de esta actitud por medio de signos visibles, gestos y obras de penitencia (cf Jl 2,12-13; Is 1,16-17; Mt 6,1-6. 16-18).


1431 La penitencia interior es una reorientación radical de toda la vida, un retorno, una conversión a Dios con todo nuestro corazón, una ruptura con el pecado, una aversión del mal, con repugnancia hacia las malas acciones que hemos cometido. Al mismo tiempo, comprende el deseo y la resolución de cambiar de vida con la esperanza de la misericordia divina y la confianza en la ayuda de su gracia. Esta conversión del corazón va acompañada de dolor y tristeza saludables que los Padres llamaron "animi cruciatus" (aflicción del espíritu), "compunctio cordis" (arrepentimiento del corazón) (cf Cc. de Trento: DS 1676-1678; 1705; Catech. R. 2, 5, 4).


1432 El corazón del hombre es rudo y endurecido. Es preciso que Dios dé al hombre un corazón nuevo (cf Ez 36,26-27). La conversión es primeramente  una obra de la gracia de Dios que hace volver a él nuestros corazones: "Conviértenos, Señor, y nos convertiremos" (Lc 5,21). Dios es quien nos da la fuerza para comenzar de nuevo. Al descubrir la grandeza del amor de Dios, nuestro corazón se estremece ante el horror y el peso del pecado y comienza a temer ofender a Dios por el pecado y verse separado de él. El corazón humano se convierte mirando al que nuestros pecados traspasaron (cf Jn 19,37; Za 12,10).
Tengamos los ojos fijos en la sangre de Cristo y comprendamos cuán preciosa es a su Padre, porque, habiendo sido derramada para nuestra salvación, ha conseguido para el mundo entero la gracia del arrepentimiento (S. Clem. Rom. Cor 7,4).


1433 Después de Pascua, el Espíritu Santo "convence al mundo en lo referente al pecado" (Jn 16, 8-9), a saber, que el mundo no ha creído en el que el Padre ha enviado. Pero este mismo Espíritu, que desvela el pecado, es el Consolador (cf Jn 15,26) que da al corazón del hombre la gracia del arrepentimiento y de la conversión (cf Hch 2,36-38; Juan Pablo II, DeV 27-48).



El sábado 3 y domingo 4 de marzo será el Día del Seminario. Os invitamos a rezar por los seminaristas, por sus formadores y por las vocaciones al sacerdocio. La colecta irá destinada íntegramente a esta realidad tan importante de la Diócesis. 
El lunes 5 de marzo habrá formación con el grupo de oración.
El Curso básico de voluntariado continúa el miércoles 29 a de las 18.30 a las 20.30 h. en la sede de Cáritas interparroquial.
El miércoles 7 de marzo a las 20.30 h. tendrá lugar la 5ª y última sesión del Curso de lector.
El sábado 10 de marzo a las 10.30 h. de la mañana en la Parroquia de Cristo Rey habrá un encuentro de cara a organizar los actos para el VII Encuentro Mundial de las Familias en Milán del 30 de mayo al 3 de junio próximo, con el lema “la Familia, el Trabajo y la Fiesta”, cuyo objetivo es redescubrir la dimensión social de la familia, patrimonio de humanidad.



Queremos invitar a la comunidad parroquial a compartir la carga de la cruz, o aliviar en su Vía Crucis, a tantas personas y familias que ahora viven crucificadas por la injusticia, la crisis, el paro, la pobreza, el desamparo, la necesidad. Es una llamada a la comunidad para ser agentes de resurrección, para dar vida donde se vive en muerte, para dar esperanza donde la desesperanza mata. Puedes hacer tus aportaciones a realidades concretas que encontrarás en la cruz de la entrada de la Iglesia. Sólo tenéis que elegir del listado de necesidades que hay clavadas en la cruz, aquella en la que vosotros queráis colaborar con vuestra aportación, y así, cada semana, iremos tachando de la lista las necesidades que ya estén cubiertas. Podréis entregar las ayudas en sobres donde se especifique la ayuda concreta o entregándolo a los sacerdotes o en el buzón parroquial. Muchas gracias en nombre de los que más lo necesitan.



Todos los viernes de Cuaresma son días de abstinencia de comer carne. 
De lunes a viernes, a las 6’30 de la mañana, se reza la oración comunitaria de Laudes en el Templo parroquial de modo solemne y cantado. Y a las 9.30 h. Oración de la mañana con Exposición del Santísimo Sacramento en la Capilla de la Comunión.
Los viernes de Cuaresma se hará el Ejercicio del Vía Crucis a las 7 tarde. 
El domingo 4 de marzo de 4.30 tarde hasta las 8 noche habrá Retiro Espiritual en la Parroquia. Igualmente el domingo 11 de marzo.
Horario confesiones: De lunes a viernes, de 7.00 a 7.30 tarde y antes de las misas de sábado y domingo.
De cara a la Semana de la Vida se invita a los niños a realizar dibujos por la vida que serán expuestos en un panel.


Donativos recibidos para los nuevos locales en la calle Ciudad de Laval:
Ingresados hasta el 24-02-2012: 54.923,22 €.
+ 350,00 €
Ingresados hasta el 2-03-2012:
55.273,22 €.
Colabore en la cuenta que la parroquia tiene en
BANCAJA (Paseo Germanías 82)
2077-0249-55-1101860850
- El lunes 5 de marzo a las 20.00 h. en la Parroquia de la Sagrada Familia de Gandía habrá una conferencia sobre los cristianos perseguidos hoy, a cargo de Dominik Kustra, responsable de la Delegación de Levante de la Asociación Pública Universal dependiente de la Santa Sede Ayuda a la Iglesia Necesitada.
- El jueves 8 de marzo a las 6 de la tarde en la Parroquia de Cristo Rey de Gandía habrá una Hora Santa en oración por los cristianos perseguidos.
- El viernes 9 de marzo a las 9 de la noche habrá un Vía Crucis desde la Parroquia de San Francisco de Borja de Gandía.
- El domingo 11 de marzo a las 18.00 h. en el Colegio Calderón del Grau de Gandía se proyectará la película “Popieluzsko”.