26 de octubre de 2010

Misionera mercedaria de la Caridad cuenta su experiencia.

Lo más difícil de asumir...el rechazo de la gente
La misionera mercedaria de la Caridad cuenta su experiencia desde la leprosería de Nigua, República Dominicana.

RL,13/10/10 - Sor Milagros Méndez Gayo, misionera mercedaria de la Caridad lleva más de 35 años en Santo Domingo. Las hermanas mercedarias se ocupan en la población de Nigua, en la República Dominicana, de una leprosería. En un establecimiento un poco alejado de la ciudad intentan hacer la vida más amena a los enfermos.
“Yo soy enfermera, y después de trabajar durante más de veinte años en cirugía día y noche, porque no había medios y no se podía descansar, comencé hace doce años a trabajar en la leprosería, y también me desplazaba a dar tratamiento a pacientes que no querían venir al dispensario, o medicación preventiva a los niños.
Hace años la gente le tenía pánico al contagio, pero nuestras hermanas llevan desde 1926 cuidando a los leprosos y nunca ninguna ha resultado contagiada. Eso sí pasamos muchas dificultades, porque son enfermos que entran a vivir al centro, y a no ser que pasen un día de vez en cuando con sus familias, si los van a buscar, están siempre allí. A lo mejor ingresan con siete años, y mueren con 80 o 90 años, tras pasar toda su vida allí. Ésa es su casa, su hogar, tenemos un bosque grande para que puedan pasear, ayudados los que están en silla de ruedas. Somos muy cuidadosas, conscientes de que no tienen otro auxilio más que a nosotras.
Lo más difícil es verles sufrir, ya que son enfermos que, sobre todo antes, tienen llagas en la cara, las manos, los pies... son personas a las que la gente rechaza, y eso es lo que más les cuesta llevar y lo más difícil de asumir. Cuando les hacemos una caricia, les damos de comer en su boca si no pueden porque no tienen manos, o les damos cariño, vemos que es lo que más necesitan y lo que más les ayuda. Y precisamente por eso, a nosotras las hermanas nos quieren muchísimo.
Hemos pasado mucha necesidad, pero también hay mucha gente buena que nos ayuda, y nos lleva lo que puede: aceite, azúcar... nosotras estamos abiertas a todo el que nos quiera ayudar, ya sea para la manutención de los enfermos, medicinas, ropa".