22 de marzo de 2016

Domingo 27 de marzo de 2016. 1 Domingo de Resurrección 2016.

HOJA
PARROQUIAL
Parroquia de Sant Francesc de Borja
Email de la parroquia: sfb500@gmail.com

Domingo 27 de Marzo de 2016

GRACIAS
Queridos hermanos:
Cuenta la Beata Madre Teresa de Calcuta: “Un día en Calcuta recogimos por la calle una mujer que se encontraba en las últimas. Dije a las hermanas: “Yo me cuido de ella”. Lo hice. Le ofrecí los cuidados que el amor me inspiró. Cuando la puse en su cama, me apretó con fuerza la mano. En su rostro estaba dibujada una hermosa sonrisa. Nunca he visto una sonrisa como aquella en un rostro humano. No dijo más que una palabra: “Gracias”. Y expiró.
Reflexioné y me pregunté. ¿Qué hubiera hecho yo de haber estado en su lugar? Me contesté a mí misma con toda sinceridad: Hubiera hecho todo lo posible para atraer la atención. Hubiera dicho: ¡Estoy helada! ¡Me estoy muriendo! O algo así. Aquella mujer sólo dijo: “Gracias”. (Palabras dirigidas al VI Congreso mundial de la Federación de ex-alumnos de las Escuelas Cristianas, reunidos en Malta el 30 de agosto de 1976).
Sirvan estas palabras para inspirar la reflexión sobre días tan santos. ¿Qué hubiera dicho yo la víspera de la pasión, en la última cena? ¿Qué hubiera dicho yo en la cruz antes de morir? Y tras muerte tan horrenda, si se me concediera resucitar, ¿qué hubiera dicho yo a aquellos con quienes me encontrara? ¿Reproches, cara larga, queja, subrayar lo mucho que hago por el otro y lo poco que recibo a cambio? ¿Qué hubiera dicho yo?: “¡No hay derecho! ¿Así me tratas? ¡Qué poca vergüenza! No vale la pena hacer esto para tan mal trago.”
Jesús, “tomando pan, pronunció la acción de gracias, lo partió y se lo dio, diciendo: — «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía.» Después de cenar, hizo lo mismo con la copa, (es decir, pronunció la acción de gracias), diciendo: — «Esta copa es la nueva alianza, sellada con mi sangre, que se derrama por vosotros.» (Lc 22,19-20).
Jesús da gracias, a sabiendas que no le entienden, que le van a traicionar, negar y abandonar. Da gracias, a sabiendas que le van a condenar, maltratar, ultrajar, crucificar. Da gracias. Es lo más sencillo y humilde. Da gracias al Padre. Y prolonga su acción de gracias en toda su pasión. Toda su pasión es un sacrificio de acción de gracias al Padre.
En el Antiguo Testamento, cuando un fiel acude al Señor en medio del peligro y el Señor le escucha y lo libra, acaba con una acción de gracias.
Jesús, en cambio, da gracias, antes de que suceda. Jesús da gracias ante el próximo fracaso que se le avecina. Jesús convierte su cuerpo, su sangre, su corazón, su muerte en un sacrificio de acción de gracias. La Eucaristía. Lugar de entrenamiento y aprendizaje para unirnos a Jesús y dar Gracias siempre y en todo lugar.
Jesús, vuestro párroco

 
+   Lectura del santo evangelio según san Lucas 24, 1-12
El primer día de la semana, de madrugada, las mujeres fueron al sepulcro llevando las aromas que habían preparado. Encontraron corrida la piedra del sepulcro. Y, entrando, no encontraron el cuerpo del Señor Jesús. Mientras estaban desconcertadas por esto, se les presentaron dos hombres con vestidos refulgentes. Ellas, despavoridas, miraban al suelo, y ellos les dijeron:
— «¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí. Ha resucitado. Acordaos de lo que os dijo estando todavía en Galilea: “El Hijo del hombre tiene que ser entregado en manos de pecadores, ser crucificado y al tercer día resucitar.”»
Recordaron sus palabras, volvieron del sepulcro y anunciaron todo esto a los Once y a los demás.
María Magdalena, Juana y María, la de Santiago, y sus compañeras contaban esto a los apóstoles. Ellos lo tomaron por un delirio y no las creyeron.
Pedro se levantó y fue corriendo al sepulcro. Asomándose, vio sólo las vendas por el suelo. Y se volvió admirándose de lo sucedido.
Palabra del Señor.




“Este jueves, Jesús estaba en la mesa con los discípulos, celebrando la fiesta de la Pascua. Y el pasaje del Evangelio que hemos escuchado contiene una frase que es precisamente el centro de lo que hizo Jesús por todos nosotros: «Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo» (Jn 13, 1). Jesús nos amó. Jesús nos ama. Sin límites, siempre, hasta el extremo. El amor de Jesús por nosotros no tiene límites: cada vez más, cada vez más. No se cansa de amar. A ninguno. Nos ama a todos nosotros, hasta el punto de dar la vida por nosotros. Sí, dar la vida por nosotros; sí, dar la vida por todos nosotros, dar la vida por cada uno de nosotros. Y cada uno puede decir: «Dio la vida por mí». Por cada uno. Ha dado la vida por ti, por ti, por ti, por mí, por él… por cada uno, con nombre y apellido. Su amor es así: personal. El amor de Jesús nunca defrauda, porque Él no se cansa de amar, como no se cansa de perdonar, no se cansa de abrazarnos. Esta es la primera cosa que quería deciros: Jesús nos amó, a cada uno de nosotros, hasta el extremo.
Y luego, hizo lo que los discípulos no comprendieron: lavar los pies. En ese tiempo era habitual, era una costumbre, porque cuando la gente llegaba a una casa tenía los pies sucios por el polvo del camino; no existían los adoquines en ese tiempo… Había polvo por el camino. Y en el ingreso de la casa se lavaban los pies. Pero esto no lo hacía el dueño de casa, lo hacían los esclavos. Era un trabajo de esclavos. Y Jesús lava como esclavo nuestros pies, los pies de los discípulos, y por eso dice: «Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora —dice a Pedro—, pero lo comprenderás más tarde» (Jn 13, 7). Es tan grande el amor de Jesús que se hizo esclavo para servirnos, para curarnos, para limpiarnos.
Y hoy, en esta misa, la Iglesia quiere que el sacerdote lave los pies de doce personas, en memoria de los doce apóstoles. Pero en nuestro corazón debemos tener la certeza, debemos estar seguros de que el Señor, cuando nos lava los pies, nos lava todo, nos purifica, nos hace sentir de nuevo su amor. En la Biblia hay una frase, del profeta Isaías, muy bella, que dice: «¿Puede una madre olvidar a su hijo? Aunque ella se olvidara de su hijo, yo nunca me olvidaré de ti» (cf. 49, 15). Así es el amor de Dios por nosotros.
Y yo lavaré hoy los pies de doce de vosotros, pero en estos hermanos y hermanas estáis todos vosotros, todos, todos. Todos los que viven aquí. Vosotros los representáis a ellos. Y también yo necesito ser lavado por el Señor, y por eso rezad durante esta misa para que el Señor lave también mis suciedades, para que yo llegue a ser un mejor siervo vuestro, un mejor siervo al servicio de la gente, como lo fue Jesús.” (Homilía del Santo Padre Francisco. Iglesia "Padre Nuestro". Nuevo Complejo Penitenciario de Rebibbia, Roma. Jueves Santo 2 de abril de 2015)
Oh Cristo crucificado y victorioso, tu Vía Crucis es la síntesis de tu vida; es el icono de tu obediencia a la voluntad del Padre; es la realización de tu infinito amor por nosotros pecadores; es la prueba de tu misión; es la realización definitiva de la revelación y la historia de la salvación. El peso de tu cruz nos libera de todos nuestras cargas.

En tu obediencia a la voluntad del Padre, caemos en la cuenta de nuestra rebelión y desobediencia. En ti vendido, traicionado y crucificado por tu gente y por tus seres queridos, vemos nuestras traiciones cotidianas y nuestras usuales infidelidades. En tu inocencia, Cordero inmaculado, vemos nuestra culpa. En tu rostro azotado, escupido y desfigurado, vemos toda la brutalidad de nuestros pecados. En la crueldad de tu Pasión, vemos la crueldad de nuestro corazón y de nuestras acciones. En tu sentirte «abandonado», vemos a todos los abandonados por los familiares, la sociedad, la atención y la solidaridad. En tu cuerpo destrozado, desgarrado y lacerado, vemos los cuerpos de nuestros hermanos abandonados a lo largo de las calles, desfigurados por nuestra negligencia y nuestra indiferencia. En tu sed, Señor, vemos la sed de Tu Padre misericordioso que en Ti quiso abrazar, perdonar y salvar a toda la humanidad. En Ti, divino amor, vemos también hoy a nuestros hermanos perseguidos, decapitados y crucificados por su fe en Ti, ante nuestros ojos o a menudo con nuestro silencio cómplice.
Imprime en nuestro corazón, Señor, sentimientos de fe, esperanza, caridad, de dolor por nuestros pecados y condúcenos a arrepentirnos de nuestros pecados que te han crucificado. Llévanos a transformar nuestra conversión hecha de palabras, en conversión de vida y de obras. Llévanos a custodiar en nosotros un recuerdo vivo de tu Rostro desfigurado, para no olvidar nunca el gran precio que has pagado para liberarnos. Jesús crucificado, refuerza en nosotros la fe para que no decaiga ante las tentaciones; reaviva en nosotros la esperanza, que no pierda el camino siguiendo las seducciones del mundo; custodia en nosotros la caridad para que no se deje engañar por la corrupción y la mundanidad. Enséñanos que la Cruz es el camino hacia la Resurrección. Enséñanos que el Viernes santo es camino hacia la Pascua de la luz; enséñanos que Dios nunca olvida a ninguno de sus hijos y nunca se cansa de perdonarnos y abrazarnos con su infinita misericordia. Pero enséñanos también a no cansarnos nunca de pedir perdón y creer en la misericordia sin límites del Padre.

Alma de Cristo, santifícanos.
Cuerpo de Cristo, sálvanos.
Sangre de Cristo, embriáganos.
Agua del costado de Cristo, lávanos.
Pasión de Cristo, confórtanos.
O buen Jesús, óyenos.
Dentro de tus llagas, escóndenos.
No permitas que nos separemos de ti.
Del maligno enemigo defiéndenos.
En la hora de nuestra muerte llámanos.
Y manda que vengamos a Ti para que te alabemos
con tus santos, por los siglos de los siglos. Amén.
(Palabras Papa Francisco en el Vía Crucis. Viernes Santo 3 de abril de 2015) 
Esta noche es noche de vigilia. El Señor no duerme, vela el guardián de su pueblo (cf. Sal 121,4), para sacarlo de la esclavitud y para abrirle el camino de la libertad. El Señor vela y, con la fuerza de su amor, hace pasar al pueblo a través del Mar Rojo; y hace pasar a Jesús a través del abismo de la muerte y de los infiernos. Esta fue una noche de vela para los discípulos y las discípulas de Jesús. Noche de dolor y de temor. Los hombres permanecieron cerrados en el Cenáculo. Las mujeres, sin embargo, al alba del día siguiente al sábado, fueron al sepulcro para ungir el cuerpo de Jesús. Sus corazones estaban llenos de emoción y se preguntaban: «¿Cómo haremos para entrar?, ¿quién nos removerá la piedra de la tumba?...». Pero he aquí el primer signo del Acontecimiento: la gran piedra ya había sido removida, y la tumba estaba abierta.
«Entraron en el sepulcro y vieron a un joven sentado a la derecha, vestido de blanco» (Mc 16,5). Las mujeres fueron las primeras que vieron este gran signo: el sepulcro vacío; y fueron las primeras en entrar. «Entraron en el sepulcro». En esta noche de vigilia, nos viene bien detenernos a reflexionar sobre la experiencia de las discípulas de Jesús, que también nos interpela a nosotros. Efectivamente, para eso estamos aquí: para entrar, para entrar en el misterio que Dios ha realizado con su vigilia de amor. No se puede vivir la Pascua sin entrar en el misterio. No es un hecho intelectual, no es sólo conocer, leer... Es más, es mucho más. «Entrar en el misterio» significa capacidad de asombro, de contemplación; capacidad de escuchar el silencio y sentir el susurro de ese hilo de silencio sonoro en el que Dios nos habla (cf. 1 Re 19,12). Entrar en el misterio nos exige no tener miedo de la realidad: no cerrarse en sí mismos, no huir ante lo que no entendemos, no cerrar los ojos frente a los problemas, no negarlos, no eliminar los interrogantes… Entrar en el misterio significa ir más allá de las cómodas certezas, más allá de la pereza y la indiferencia que nos frenan, y ponerse en busca de la verdad, la belleza y el amor, buscar un sentido no ya descontado, una respuesta no trivial a las cuestiones que ponen en crisis nuestra fe, nuestra fidelidad y nuestra razón. Para entrar en el misterio se necesita humildad, la humildad de abajarse, de apearse del pedestal de nuestro yo, tan orgulloso, de nuestra presunción; la humildad para redimensionar la propia estima, reconociendo lo que realmente somos: criaturas con virtudes y defectos, pecadores necesitados de perdón. Para entrar en el misterio hace falta este abajamiento, que es impotencia, vaciamiento  de las propias idolatrías... adoración. Sin adorar no se puede entrar en el misterio.
Todo esto nos enseñan las mujeres discípulas de Jesús. Velaron aquella noche, junto a la Madre. Y ella, la Virgen Madre, les ayudó a no perder la fe y la esperanza. Así, no permanecieron prisioneras del miedo y del dolor, sino que salieron con las primeras luces del alba, llevando en las manos sus ungüentos y con el corazón ungido de amor. Salieron y encontraron la tumba abierta. Y entraron. Velaron, salieron y entraron en el misterio. Aprendamos de ellas a velar con Dios y con María, nuestra Madre, para entrar en el misterio que nos hace pasar de la muerte a la vida. (Francisco. Homilía Vigilia Pascual. Sábado Santo 4 de abril de 2015)
 
1. Del martes 29 al jueves 31 de marzo tendrá lugar la convivencia de Pascua con los jóvenes de confirmación.
2. El sábado 2 de abril será la excursión con los niños de Anatolé. También recordar que participarán en el Festival de la Canción Vocacional en Moncada el próximo domingo 10 de abril.


 “La Eucaristía es un sacrificio de alabanza.
Esencialmente orientado a la comunión plena entre Dios y el hombre, "el sacrificio eucarístico es la fuente y la cima de todo el culto de la Iglesia y de toda la vida cristiana.
En este sacrificio de acción de gracias, de propiciación, de impetración y de alabanza los fieles participan con mayor plenitud cuando no sólo ofrecen al Padre con todo su corazón, en unión con el sacerdote, la sagrada víctima y, en ella, se ofrecen a sí mismos, sino que también reciben la misma víctima en el sacramento" (Sagrada Congregación de Ritos, Eucharisticum Mysterium, 3).
Como dice el término mismo en su etimología griega, la Eucaristía es "acción de gracias"; en ella el Hijo de Dios une a sí mismo a la humanidad redimida en un cántico de acción de gracias y de alabanza.” (San Juan Pablo II. Catequesis sobre la Eucaristía. Audiencia General, 11 de octubre de 2000)
Del 28 de marzo al 3 de abril de 2016
Lunes 28. Octava de Pascua.  19.30 h.: Sin intención. 
Martes 29. Octava de Pascua. 19.30 h.: En sufragio de: Rosendo Roche. 
Miércoles 30. Octava de Pascua. 19.30 h.: Sin intención. 
Jueves 31. Octava de Pascua. 19.30 h.: Sin intención. 
Viernes 1. Octava de Pascua. 19.30 h.: Sin intención.
Sábado 2. Por la mañana: Octava de Pascua. Por la tarde: Segundo domingo de Pascua o de la Divina Misericordia. 18.00 h.: Con niños. Sin intención. 19.30 h.: En sufragio de: Dif. Fam. Ferrer-Puig. 21.00 h.: Sin intención.
Domingo 3. Segundo domingo de Pascua o de la Divina Misericordia.
9.30 h.: Sin intención. 11.00 h.: En sufragio de: Rogelio Roselló. 12.00 h. Pro Pópulo. 19.30 h.: Sin intención.
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