17 de marzo de 2016

Domingo 20 de marzo de 2016. DOM RAMOS C


HOJA
PARROQUIAL
Parroquia de Sant Francesc de Borja
Email de la parroquia: sfb500@gmail.com

Domingo 20 de Marzo de 2016

POR UNO SOLO            
Queridos hermanos:
Comenzamos la Semana Santa inaugurada por el Domingo de Ramos en este año de la Misericordia.
Hay un pasaje bíblico que puede ayudarnos a mirar la pasión de Cristo. Cuando Abraham tenía 99 años el Señor le visitó en tres personas y le prometió que al cabo de un año tendría un hijo (Gn 18,10). Tras de lo cual el Señor le cuenta a Abraham lo que va a hacer con Sodoma y Gomorra: bajar personalmente a averiguar si lo que cuentan de estos dos pueblos es verdad, pues su pecado es gravísimo. (cf. Gn 18,20-21). Entonces Abraham intercedió por Sodoma y Gomorra (Gn 18,16-33) y llegó a preguntar si perdonaría a la ciudad si encontrara 10 justos (Gn 18,32).  Nosotros hemos recibido muchas veces el amor y la misericordia de Dios. Si dialogáramos con Jesús como Abraham lo hizo y le preguntáramos: “Señor, ¿por cuántos padecerás insultos, burlas, desprecios, muerte infamante de cruz? Si fuera por muchos, por diez,…, pero ¿por uno solo?”
La Beata Madre Teresa de Calcuta en una carta al arzobispo F. Périer, sj, que temía por su seguridad, de 30 de marzo de 1947, le pide le deje ir a Calcuta para ocuparse de los más pobres entre los pobres y le habla de la Pasión de Jesús y su fracaso: “¿No vale la pena pasar todo sufrimiento posible por una sola alma? ¿No hizo Nuestro Señor lo mismo?: Qué fracaso fue Su Cruz en el Calvario—y todo por mí, una pecadora.” (Cit. en Ven sé mi Luz. Pág. 90). Es lo que dirá San Pablo: “vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mí.” (Ga 2,20). El amor recibido, el perdón ofrecido por el Señor una y otra vez, a cada uno, lleva a ofrecerse en amor e intercesión por los demás.  Cuando la Madre Teresa de Calcuta fue invitada al Sínodo de los Obispos del año 1980 habló de la soledad como una nueva forma de pobreza entre los que viven en la abundancia.
 “Hace poco, un hombre vino a mí en la calle. Me preguntó: «¿Es usted Madre Teresa?» «Sí» le contesté. Me dijo: «Por favor envíe a alguien a mi casa. Mi mujer está medio loca y yo soy medio ciego. Pero estamos deseando intensamente escuchar el sonido cariñoso de una voz humana.» Era gente acomodada. Tenían de todo en su casa. Sin embargo, estaban muriendo de soledad, muriendo por escuchar una voz cariñosa. (…) La tuberculosis y el cáncer no son las peores enfermedades. Yo creo que una enfermedad mucho mayor es sentirse despreciado, no amado. (…) Pienso que es esto lo que nuestros pobres de todo el mundo están viviendo, en cada familia, en cada hogar. Este sufrimiento se está repitiendo en cada hombre, mujer y niño. Yo pienso que Cristo está reviviendo de nuevo Su Pasión. Y somos nosotros, usted y yo los llamados a ayudarles—ser Verónica, ser Simón (de Cirene) para ellos.” (Ven, Sé mi luz. Pág.  357-358). Igual ese uno solo es tu marido, tu mujer, tu padre, hijo, vecino… tú.

Jesús, vuestro párroco
Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 23, 33-49
Y, cuando llegaron al lugar llamado «La Calavera», lo crucificaron allí, a él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Jesús decía:
«Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.»
Y se repartieron sus ropas, echándolas a suerte. El pueblo estaba mirando. Las autoridades le hacían muecas, diciendo: — «A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido.»
Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre (...) Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: — «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros.» Pero el otro le increpaba: — «¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibimos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada.» Y decía: — «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino.» Jesús le respondió:
«Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso.»
Era ya eso de mediodía, y vinieron las tinieblas sobre toda la región, hasta la media tarde; porque se oscureció el sol. El velo del templo se rasgó por medio. Y Jesús, clamando con voz potente, dijo:
«Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu.»
Y, dicho esto, expiró. El centurión, al ver lo que pasaba, daba gloria a Dios, diciendo:
— «Realmente, este hombre era justo.»
Palabra del Señor.

La entrada mesiánica de Jesús en Jerusalén

559 ¿Cómo va a acoger Jerusalén a su Mesías? Jesús rehuyó siempre las tentativas populares de hacerle rey (cf. Jn 6, 15), pero elige el momento y prepara los detalles de su entrada mesiánica en la ciudad de "David, su Padre" (Lc 1,32; cf. Mt 21, 1-11). Es aclamado como hijo de David, el que trae la salvación ("Hosanna" quiere decir "¡sálvanos!", "Danos la salvación!"). Pues bien, el "Rey de la Gloria" (Sal 24, 7-10) entra en su ciudad "montado en un asno" (Za 9, 9): no conquista a la hija de Sión, figura de su Iglesia, ni por la astucia ni por la violencia, sino por la humildad que da testimonio de la Verdad (cf. Jn 18, 37).
Por eso los súbditos de su Reino, aquel día fueron los niños (cf. Mt 21, 15-16; Sal 8, 3) y los "pobres de Dios", que le aclamaban como los ángeles lo anunciaron a los pastores (cf. Lc 19, 38; 2, 14). Su aclamación "Bendito el que viene en el nombre del Señor" (Sal 118, 26), ha sido recogida por la Iglesia en el "Sanctus" de la liturgia eucarística para introducir al memorial de la Pascua del Señor.
EL PAPA COMENTA
EL EVANGELIO DEL DOMINGO DE RAMOS
“Jesús entra en Jerusalén. La muchedumbre de los discípulos lo acompaña festivamente, se extienden los mantos ante él, se habla de los prodigios que ha hecho, se eleva un grito de alabanza: «¡Bendito el que viene como rey, en nombre del Señor! Paz en el cielo y gloria en lo alto» (Lc 19,38).
Gentío, fiesta, alabanza, bendición, paz. Se respira un clima de alegría. Jesús ha despertado en el corazón tantas esperanzas, sobre todo entre la gente humilde, simple, pobre, olvidada, esa que no cuenta a los ojos del mundo. Él ha sabido comprender las miserias humanas, ha mostrado el rostro de misericordia de Dios y se ha inclinado para curar el cuerpo y el alma.
Este es Jesús. Este es su corazón atento a todos nosotros, que ve nuestras debilidades, nuestros pecados. El amor de Jesús es grande. Y, así, entra en Jerusalén con este amor, y nos mira a todos nosotros. Es una bella escena, llena de luz – la luz del amor de Jesús, de su corazón –, de alegría, de fiesta.
Al comienzo de la Misa, también nosotros la hemos repetido. Hemos agitado nuestras palmas. También nosotros hemos acogido al Señor; también nosotros hemos expresado la alegría de acompañarlo, de saber que nos es cercano, presente en nosotros y en medio de nosotros como un amigo, como un hermano, también como rey, es decir, como faro luminoso de nuestra vida. Jesús es Dios, pero se ha abajado a caminar con nosotros. Es nuestro amigo, nuestro hermano. El que nos ilumina en nuestro camino. Y así lo hemos acogido hoy. Y esta es la primera palabra que quisiera deciros: alegría. No seáis nunca hombres y mujeres tristes: un cristiano jamás puede serlo. Nunca os dejéis vencer por el desánimo. Nuestra alegría no es algo que nace de tener tantas cosas, sino de haber encontrado a una persona, Jesús; que está entre nosotros; nace del saber que, con él, nunca estamos solos, incluso en los momentos difíciles, aun cuando el camino de la vida tropieza con problemas y obstáculos que parecen insuperables, y ¡hay tantos! Y en este momento viene el enemigo, viene el diablo, tantas veces disfrazado de ángel, e insidiosamente nos dice su palabra. No le escuchéis. Sigamos a Jesús. Nosotros acompañamos, seguimos a Jesús, pero sobre todo sabemos que él nos acompaña y nos carga sobre sus hombros: en esto reside nuestra alegría, la esperanza que hemos de llevar en este mundo nuestro. Y, por favor, no os dejéis robar la esperanza, no dejéis robar la esperanza. Esa que nos da Jesús.
Segunda palabra: ¿Por qué Jesús entra en Jerusalén? O, tal vez mejor, ¿cómo entra Jesús en Jerusalén? La multitud lo aclama como rey. Y él no se opone, no la hace callar (cf. Lc 19,39-40). Pero, ¿qué tipo de rey es Jesús? Mirémoslo: montado en un pollino, no tiene una corte que lo sigue, no está rodeado por un ejército, símbolo de fuerza. Quien lo acoge es gente humilde, sencilla, que tiene el sentido de ver en Jesús algo más; tiene ese sentido de la fe, que dice: Éste es el Salvador. Jesús no entra en la Ciudad Santa para recibir los honores reservados a los reyes de la tierra, a quien tiene poder, a quien domina; entra para ser azotado, insultado y ultrajado, como anuncia Isaías en la Primera Lectura (cf. Is 50,6); entra para recibir una corona de espinas, una caña, un manto de púrpura: su realeza será objeto de burla; entra para subir al Calvario cargando un madero. Y, entonces, he aquí la segunda palabra: cruz. Jesús entra en Jerusalén para morir en la cruz. Y es precisamente aquí donde resplandece su ser rey según Dios: su trono regio es el madero de la cruz. Pienso en lo que decía Benedicto XVI a los Cardenales: Vosotros sois príncipes, pero de un rey crucificado. Ese es el trono de Jesús. Jesús toma sobre sí... ¿Por qué la cruz? Porque Jesús toma sobre sí el mal, la suciedad, el pecado del mundo, también el nuestro, el de todos nosotros, y lo lava, lo lava con su sangre, con la misericordia, con el amor de Dios. Miremos a nuestro alrededor: ¡cuántas heridas inflige el mal a la humanidad! Guerras, violencias, conflictos económicos que se abaten sobre los más débiles, la sed de dinero, que nadie puede llevárselo consigo, lo debe dejar. Mi abuela nos decía a los niños: El sudario no tiene bolsillos. Amor al dinero, al poder, la corrupción, las divisiones, los crímenes contra la vida humana y contra la creación. Y también –cada uno lo sabe y lo conoce– nuestros pecados personales: las faltas de amor y de respeto a Dios, al prójimo y a toda la creación. Y Jesús en la cruz siente todo el peso del mal, y con la fuerza del amor de Dios lo vence, lo derrota en su resurrección. Este es el bien que Jesús nos hace a todos en el trono de la cruz. La cruz de Cristo, abrazada con amor, nunca conduce a la tristeza, sino a la alegría, a la alegría de ser salvados y de hacer un poquito eso que ha hecho él aquel día de su muerte.” (Francisco. Homilía. 24 marzo 2013).
Concédenos, Señor, peregrinar contigo, seguirte e imitarte. Concédenos a la Virgen María como compañera de camino.
Concédenos ir a Nazaret y recordar continuamente el inicio de la salvación por el anuncio del ángel a nuestras vidas; Concédenos ir a Belén donde tu has nacido y vives entre nosotros; Concédenos subir la escalera hacia el Calvario hasta el lugar en el que moriste por nosotros en la cruz; Concédenos estar ante el sepulcro vacío; rezar donde su cuerpo inerte descansó y donde al tercer día tuvo lugar la resurrección. Concédenos seguirte, Señor, caminando con alegría, sabiendo que tú eres el camino. Concédenos que siguiéndote seamos mensajeros de la paz, orando por la paz, y dando el fruto de las buenas obras: la bondad y la ternura. (Oración inspirada en Benedicto XVI. 28-3-2010)


DOMINGO DE RAMOS
Sábado 19 de marzo:
19.30 h.: Celebración del Domingo de Ramos.
Domingo 20 de marzo:
9.30.: Celebración del Domingo de Ramos.
11.00 h.: Bendición de Palmas y Ramos en la Iglesia de las Esclavas. Procesión hasta la Parroquia. Al llegar, celebración de la Eucaristía.
19.30.: Celebración del Domingo de Ramos.

MARTES SANTO 22 de marzo. 20.30 h.: Celebración Comunitaria del Sacramento del Perdón

JUEVES SANTO 24 de marzo

11.00 h.: Rezo comunitario de Laudes. A la misma hora, actividades para los niños de 3 a 6 años; para los niños de 6 a 8 años y para los niños de 9 a 12 años por parte de los catequistas.

19.30 h.: Misa de la Cena del Señor. Al finalizar habrá turnos de vela ante el Monumento.

22.00 h.: Hora Santa. Se cerrará la Capilla de la Comunión a las 12.00 de la noche. La Colecta será para Cáritas parroquial.
VIERNES SANTO 25 de marzo
8.00 h.: Vía Crucis por las calles del Barrio.
11.00 h.: Rezo comunitario de Laudes. A la misma hora, actividades para los niños de 3 a 6 años; para los niños de 6 a 8 años y para los niños de 9 a 12 años por parte de los catequistas.
16.30 h.: Celebración de la Pasión del Señor. La Colecta será para Tierra Santa.
SÁBADO SANTO 26 de marzo
11.00 h.: Rezo comunitario de Laudes. A la misma hora, actividades para los niños de 3 a 5 años y para los niños de 6 a 12 años por parte de los catequistas.
A continuación, preparación de la Vigilia Pascual.
22.00 h.: Solemne Vigilia Pascual. Lleven pequeñas campanitas para los niños para el canto del “Gloria”. Al finalizar se les hará un dulce obsequio. Colecta extraordinaria parroquial.
DOMINGO DE RESURRECCIÓN
27 de marzo
11.30 h.; 19.30 h.: Eucaristías del Domingo de Resurrección. Colecta extraordinaria parroquial
 
1. El Domingo de Ramos a las 4.30 tarde en el Templo parroquial habrá un Cine-fórum para todos los públicos en el templo parroquial. Con una película para todos los públicos que ayude a adentrarse en los misterios que vamos a celebrar en la Semana Santa.
2. LIMPIEZA GENERAL DEL TEMPLO: el lunes santo 21 de marzo desde las 16.00 h.; el miércoles santo 23 de marzo desde las 21.00 h., y el Sábado santo desde las 12.30 h. Colaboremos en la Limpieza de nuestro Templo. Gracias.
3. Celebraciones del Perdón:
Lunes 21 de marzo 20 h: Cristo Rey; Martes 22 de marzo 19:30 h: San Nicolás; Martes 22 de marzo 20 h: Santa María Magdalena; Martes 22 de marzo 20:30 h: San Francisco de Borja; Miércoles 23 de marzo 20 h: Sagrada Familia.
Del 21 al 27 de marzo de 2016
Lunes santo 21 de marzo.  19.30 h.: En sufragio de: Josefa Julio Xaixo. 
Martes santo 22 de marzo. 19.30 h.: En sufragio de: Rvdo. Rafael Armiñana. 
Miércoles santo 23 de marzo. 19.30 h.: En sufragio de: José Antonio Cabanilles.
Jueves santo 24 de marzo. Misa de la Cena del Señor. 19.30 h. 
Viernes santo 25 de marzo. Celebración de la Pasión del Señor. 16.30 h. 
Sábado santo 26 de marzo. Solemne Vigilia Pascual. 22.00 h.
Domingo de resurrección. 27 de marzo.
Horario especial: 11.30 h.: Pro Pópulo. 19.30 h.: Sin intención.
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