14 de diciembre de 2018

Domingo 16 de diciembre de 2018. 3 ADV C.

HOJA PARROQUIAL

Parroquia de Sant Francesc de Borja
Email de la parroquia: sfb500@gmail.com
              Queridos hermanos:
«¿Entonces, qué debemos hacer?»
Esta pregunta se la hacen a Juan el Bautista. Tres veces le preguntan lo mismo. Y a todos responde: pueblo en general, incluso publicanos y soldados. Y por tanto, nadie queda excluido de la salvación que ofrece el Señor. Es una llamada a la conversión que da frutos de justicia.
Si somos de los que hemos pecado, pero no hemos reparado la ofensa, ¿qué debemos hacer? Por ejemplo, si hemos robado, hemos de devolver las cosas robadas. Si hemos calumniado, hemos de restablecer la reputación del que ha sido calumniado. Si hemos herido con nuestras palabras o acciones, hemos de compensar las heridas de alguna forma. Reparar la ofensa, reparar el daño, sería un fruto de la conversión. (cf. Catecismo de la Iglesia Católica 1459). Como Zaqueo que dijo, que si había defraudado a alguien, le devolvería cuatro veces más (cf. Lc 19,8).
Pero hay que tener en cuenta que el primer dañado por el pecado es el pecador mismo, tanto en sus relaciones con Dios como con el prójimo. Por eso, la absolución del pecado no remedia todo el mal ocasionado. Tras ser liberado del pecado, “el pecador debe todavía recobrar la plena salud espiritual. Por tanto, debe hacer algo más para reparar sus pecados: debe "satisfacer" de manera apropiada o "expiar" sus pecados. Esta satisfacción se llama también "penitencia". (Idem 1459).
La limosna hecha a los pobres es una de las obras de justicia que mejor expresa la conversión (cf Tb 4, 5-11; Si 17,22) y es uno de los principales testimonios de la caridad fraterna: El que tenga dos túnicas que las reparta con el que no tiene; el que tenga para comer que haga lo mismo (Lc 3,11). Dad más bien en limosna lo que tenéis, y así todas las cosas serán puras para vosotros (Lc 11,41). Si un hermano o una hermana están desnudos y carecen del sustento diario, y alguno de vosotros les dice: "id en paz, calentaos o hartaos", pero no les dais lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve? (St 2,15-16; cf. 1 Jn 3,17). (cf. Idem 2447). A su vez, las obras de misericordia, instruir, aconsejar, consolar, confortar, perdonar y sufrir con paciencia, dar de comer, dar techo, vestir al desnudo, visitar a los enfermos y a los presos, enterrar a los muertos y rezar por ellos, son acciones caritativas mediante las cuales ayudamos a nuestro prójimo en sus necesidades corporales y espirituales (ídem 2447). Si somos comerciantes, si somos médicos o sanitarios, si somos abogados, si somos padres de familia…. cada uno debe preguntarse «¿entonces, qué debemos hacer?», pues la conversión ha de llegar a las obras concretas y a las costumbres adquiridas para abrirnos al Señor, para estar dispuestos a recibir su Santo Espíritu.
Jesús, vuestro párroco
+ Lectura del santo evangelio según san Lucas                                   3, 10-18

En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan: «¿Entonces, qué debemos hacer?»
Él contestaba:
«El que tenga dos túnicas, que comparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo».
Vinieron también a bautizarse unos publicanos y le preguntaron:
«Maestro, ¿qué debemos hacemos nosotros?»
Él les contestó:
«No exijáis más de lo establecido».
Unos soldados igualmente le preguntaban:
«Y nosotros, ¿qué debemos hacer nosotros?»
Él les contestó:
«No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie con falsas denuncias, sino contentaos con la paga».
Como el pueblo estaba expectante, y todos se preguntaban en su interior sobre Juan si no sería el Mesías, Juan les respondió dirigiéndose a todos:
«Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego; en su mano tiene el bieldo para aventar su parva, reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga».
Con estas y otras muchas exhortaciones, anunciaba al pueblo el Evangelio.
Palabra del Señor.
¿QUE DEBEMOS HACER?
Hacer posible un nuevo futuro
por la confesión de los pecados

1455         La confesión de los pecados, incluso desde un punto de vista simplemente humano, nos libera y facilita nuestra reconciliación con los demás. Por la confesión, el hombre se enfrenta a los pecados de que se siente culpable; asume su responsabilidad y, por ello, se abre de nuevo a Dios y a la comunión de la Iglesia con el fin de hacer posible un nuevo futuro.

1456         La confesión de los pecados hecha al sacerdote constituye una parte esencial del sacramento de la penitencia: "En la confesión, los penitentes deben enumerar todos los pecados mortales de que tienen conciencia tras haberse examinado seriamente, incluso si estos pecados son muy secretos y si han sido cometidos solamente contra los dos últimos mandamientos del Decálogo (cf Ex 20,17; Mt 5,28), pues, a veces, estos pecados  hieren más gravemente el alma y son más peligrosos que los que han sido cometidos a la vista de todos"
  Cuando los fieles de Cristo se esfuerzan por confesar todos los pecados que recuerdan, no se puede dudar que están presentando ante la misericordia divina para su perdón todos los pecados que han cometido. Quienes actúan de otro modo y callan conscientemente algunos pecados, no están presentando ante la bondad divina nada que pueda ser perdonado por mediación del sacerdote. Porque `si el enfermo se avergüenza de descubrir su llaga al médico, la medicina no cura lo que ignora' (S. Jerónimo).

1457  Según el mandamiento de la Iglesia "todo fiel llegado a la edad del uso de razón debe confesar al menos una vez al año, los pecados graves de que tiene conciencia". "Quien tenga conciencia de hallarse en pecado grave que no celebre la misa ni comulgue el Cuerpo del Señor sin acudir antes a la confesión sacramental a no ser que concurra un motivo grave y no haya posibilidad de confesarse; y, en este caso, tenga presente que está obligado a hacer un acto de contrición perfecta, que incluye el propósito de confesarse cuanto antes".

1458  Sin ser estrictamente necesaria, la confesión de los pecados veniales, sin embargo, se recomienda vivamente por la Iglesia. En efecto, la confesión habitual de los pecados veniales ayuda a formar la conciencia, a luchar contra las malas inclinaciones, a dejarse curar por Cristo, a progresar en la vida del Espíritu. Cuando se recibe con frecuencia, mediante este sacramento, el don de la misericordia del Padre, el creyente se ve impulsado a ser él también misericordioso  (cf Lc 6,36):
EL EVANGELIO COMENTADO POR EL PAPA
“En el Evangelio de hoy hay una pregunta que se repite tres veces: «¿Qué cosa tenemos que hacer?» (Lc 3, 10.12.14). Se la dirigen a Juan el Bautista tres categorías de personas: primero, la multitud en general; segundo, los publicanos, es decir los cobradores de impuestos; y tercero, algunos soldados. Cada uno de estos grupos pregunta al profeta qué debe hacer para realizar la conversión que él está predicando. A la pregunta de la multitud Juan responde que compartan los bienes de primera necesidad. Al primer grupo, a la multitud, le dice que compartan los bienes de primera necesidad, y dice así: «El que tenga dos túnicas, que comparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo» (v. 11). Después, al segundo grupo, al de los cobradores de los impuestos les dice que no exijan nada más que la suma debida (cf. v. 13). ¿Qué quiere decir esto? No pedir sobornos. Es claro el Bautista. Y al tercer grupo, a los soldados les pide no extorsionar a nadie y de acontentarse con su salario (cf. v. 14). Son las respuestas a las tres preguntas de estos grupos. Tres respuestas para un idéntico camino de conversión que se manifiesta en compromisos concretos de justicia y de solidaridad. Es el camino que Jesús indica en toda su predicación: el camino del amor real en favor del prójimo.
(…) Ninguna categoría de personas está excluida de recorrer el camino de la conversión para obtener la salvación, ni tan siquiera los publicanos considerados pecadores por definición: tampoco ellos están excluidos de la salvación.” (Francisco. Ángelus. 13-12-2015).
El Buey y la Mula

Señor Jesús, que viniste a los tuyos y los tuyos no te recibieron, que buscaste hospedaje, pero no había sitio en la posada (cf. Lc 2,6).

Cuántas veces nos ocurre lo que anunciaba Isaías: que no te reconocemos, que no te comprendemos, mientras que el buey conoce a su amo y el asno el pesebre de su dueño. (cf. Is 1,3).

Ya durante tu ministerio público encontraste más fe en el Centurión romano o en la sirofenicia que en tu pueblo. Pues tu pueblo natal no te acogió, tu pueblo de Nazaret te rechazó, muchos no te entendieron, otros te dieron la espalda y dejaron de ir contigo. Solamente te acogieron los pobres, los humildes, los niños y los pequeños.

Señor, en el buey y la mula has querido representar a judíos y gentiles que acuden a tu llamada: “Venid a mi los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré.”

Como la mula que lleva el peso, la carga, representa a los gentiles que llevan la carga de sus pecados y como el buey que trabaja, uncido con el yugo, representa a los judíos que estaban bajo el yugo de la ley, Tú vienes a liberarnos de ese yugo y de esa carga: “Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es suave y mi carga es ligera” (Mt 11, 28–30).

Concédenos acudir a ti, responder a tu llamada, acogerte, concédenos tu yugo suave, que es tu Santo Espíritu; concédenos tu carga ligera, que es la caridad.

Tú que acoges a todos y no fuiste acogido, Tú que a nadie rechazas, concédenos a nosotros no rechazar a nadie ni por ideología, creencia, raza. Concédenos ser acogedores, hospitalarios, misericordiosos. Ama tú en nosotros. Danos tu Santo Espíritu y tendremos en gran honor parecernos al buey o a la mula, que te reconocen en tu Palabra, en los Sacramentos, en las personas que nos rodean, sobre todo cuando están expuesto a mayor debilidad o pobreza. Ellos hicieron contigo lo que nosotros estamos llamados a hacer con nuestros hermanos más pequeños.

Danos tu Santa Caridad y encontraremos nuestro alimento, nuestro pesebre, en amar con misericordia, en hacernos prójimos del otro y servirle activamente, sobre todo cuando esté más necesitado, sea cual sea la situación o edad de la persona.
El sábado 22 a las 11.00 de la mañana tendrá lugar la “Siembra de Estrellas” con los niños de la catequesis para sembrar la Alegría del Evangelio por las calles de nuestro barrio.


LIMOSNA PENITENCIAL
Durante el tiempo de adviento las limosnas
y donativos penitenciales
(fruto de la conversión y el Sacramento del Perdón),
irán destinadas a Cáritas parroquial.

CAMPAÑA DEL BOTE O DEL KILO
En todas las misas del tiempo de Adviento,
antes o después de la misa, se podrán ofrecer
botes o kilos de alimentos no perecederos
para el Economato Interparroquial
que serán depositados en una cesta en el templo.

BIENHECHORES DE CARIDAD
Aportación de una pequeña cantidad mensual (5 €) en suscripción bancaria a la cuenta de Cáritas parroquial de Bankia:

ES62-2038-6230-7160-00004245
1. Durante el tiempo de ADVIENTO se realizará la ORACIÓN COMUNITARIA de lunes a viernes, a las 6.30 de la mañana.
2. Tienen a su disposición el Evangelio 2019, el Calendario 2019, tanto de mesa como de pared, libretas para apuntes y la rifa de un móvil. La rifa será el 21 de diciembre. También encontrarán en el despacho Turrón solidario para ayudar a la Ciudad de la Esperanza.
3. Preparación de la Liturgia de Navidad: Martes 18 de diciembre a las 20.30 h.
4. Limpieza general del templo: Sábado 22 de diciembre: . Rogamos la ayuda de todo el que pueda para que la Iglesia esté limpia para las celebraciones de Navidad.
concurso de dibujo-pintura,

redacción y poesía
bajo el lema: “Busco posada”. Encontrarán las bases a la entrada de la Iglesia y en el blog de la parroquia.
El Plazo límite de presentación de trabajos: el viernes 28 de diciembre de 2018. Entrega de un detalle a cada participante:
el domingo 30 de diciembre en la misa de 11.30 h. Entrega de premios de los ganadores: el 5 de enero a las 20.30 h., coincidiendo con la presencia de SSMM los Reyes de Oriente.

Del 17 al 23 de diciembre de 2018

Lunes 17.  19.30 h.: Sin intención. 
Martes 18. 19.30 h.: Sin intención. 
Miércoles 19. 19.30 h.: Sin intención. 
Jueves 20. 19.30 h.: En sufragio de: Dif. Fam. Espí—Sanchis. 
Viernes 21. San Pedro Canisio. 19.30 h.: Sin intención. 
Sábado 22. Por la tarde: DOMINGO CUARTO DE ADVIENTO. 18.00 h.: Con niños. En sufragio de: A intención de una feligresa. 19.30 h.: Sin intención. 21.00 h.: Sin intención. 
Domingo 23. DOMINGO CUARTO DE ADVIENTO. 10.00 h.: Sin intención. 11.30 h.: Pro Pópulo. 19.30 h.: En sufragio de: José Antonio Cabanilles.

A lo largo del año, en todas las misas, se reza por todos los difuntos. Algunas celebraciones incluyen una intención particular por algún difunto o por alguna necesidad. En muchas de las ocasiones se acompaña de una ofrenda llamada estipendio. Les invitamos a solicitar en el despacho la celebración de intenciones particulares o misas en sufragio. 
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Puedes descargar la Hoja Parroquial:









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