18 de agosto de 2012

Domingo 19 de agosto de 2012. 20 TO B.


HOJA 
PARROQUIAL

Parroquia de Sant Francesc de Borja
Email de la parroquia: sfb500@gmail.com

Domingo 19 de agosto de 2012.  


Queridos hermanos:
“El que me come vivirá por mí.” “Estas palabras de Jesús nos permiten comprender cómo el misterio «creído» y «celebrado» contiene en sí un dinamismo que lo convierte en principio de vida nueva en nosotros y forma de la existencia cristiana. En efecto, comulgando el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo se nos hace partícipes de la vida divina de un modo cada vez más adulto y consciente. Análogamente a lo que san Agustín dice en las Confesiones sobre el Logos eterno, alimento del alma, poniendo de relieve su carácter paradójico, el santo Doctor imagina que se le dice: «Soy el manjar de los grandes: crece, y me comerás, sin que por eso me transforme en ti, como el alimento de tu carne; sino que tú te transformarás en mí». En efecto, no es el alimento eucarístico el que se transforma en nosotros, sino que somos nosotros los que gracias a él acabamos por ser cambiados misteriosamente. Cristo nos alimenta uniéndonos a él; « nos atrae hacia sí ».” (Benedicto XVI, Sacramentum caritatis 70)
El otro día escuche un relato titulado “el chófer de Dios”. Este cuento habla de un hombre que llevaba la Sagrada Comunión a una casa, en la que vivía un enfermo durante muchos años. Este hombre, llegó el momento, en que no ponía interés por recibir la Sagrada Comunión. Y un día, mientras el chófer iba de camino a casa del enfermo, le preguntó al Señor: “¿Por qué vamos a esta casa? ¡Si parece que molestas!” Entonces el Señor me miró, desde el maletín donde lo llevaba, con un gesto indefenso y pobre sin darme explicación alguna… Y yo entiendo que Él, a pesar de todo, está deseando visitar a su amigo aunque su amigo no arda precisamente en deseos de verlo a El… ¡Que curioso! Me parece que siente más Jesús los deseos de ser comulgado que algunas personas de comulgar. En efecto, “podemos decir que no solamente cada uno de nosotros recibe a Cristo, sino que también Cristo nos recibe a cada uno de nosotros. Él estrecha su amistad con nosotros: «Vosotros sois mis amigos» (Jn 15, 14). Más aún, nosotros vivimos gracias a Él: «el que me coma vivirá por mí» (Jn 6, 57).(Bto. Juan Pablo II, Ecclesia de Eucaristia 22)
María, auxilio de los cristianos y refugio de los pecadores, intercede por nosotros para que nos dé firmeza en la fe.
Arturo vuestro vicario
+  Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 51-58

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:
— «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»
Disputaban los judíos entre sí:
— «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»
Entonces Jesús les dijo:
— «Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.»
Palabra del Señor.

“El sacrificio eucarístico no sólo hace presente el misterio de la pasión y muerte del Salvador, sino también el misterio de la resurrección, que corona su sacrificio. En cuanto viviente y resucitado, Cristo se hace en la Eucaristía «pan de vida» (Jn 6, 35.48), «pan vivo» (Jn 6, 51). San Ambrosio lo recordaba a los neófitos, como una aplicación del acontecimiento de la resurrección a su vida: «Si hoy Cristo está en ti, Él resucita para ti cada día». (De sacramentis, V, 4, 26). San Cirilo de Alejandría, a su vez, subrayaba que la participación en los santos Misterios «es una verdadera confesión y memoria de que el Señor ha muerto y ha vuelto a la vida por nosotros y para beneficio nuestro». (21. Sobre el Evangelio de Juan, XII, 20). La eficacia salvífica del sacrificio se realiza plenamente cuando se comulga recibiendo el cuerpo y la sangre del Señor. De por sí, el sacrificio eucarístico se orienta a la íntima unión de nosotros, los fieles, con Cristo mediante la comunión: le recibimos a Él mismo, que se ha ofrecido por nosotros; su cuerpo, que Él ha entregado por nosotros en la Cruz; su sangre, «derramada por muchos para perdón de los pecados» (Mt 26, 28). Recordemos sus palabras: «Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí» (Jn 6, 57). Jesús mismo nos asegura que esta unión, que Él pone en relación con la vida trinitaria, se realiza efectivamente. La Eucaristía es verdadero banquete, en el cual Cristo se ofrece como alimento. Cuando Jesús anuncia por primera vez esta comida, los oyentes se quedan asombrados y confusos, obligando al Maestro a recalcar la verdad objetiva de sus palabras: « En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros » (Jn 6, 53). No se trata de un alimento metafórico: «Mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida» (Jn 6, 55). Por la comunión de su cuerpo y de su sangre, Cristo nos comunica también su Espíritu. Escribe san Efrén: «Llamó al pan su cuerpo viviente, lo llenó de sí mismo y de su Espíritu [...], y quien lo come con fe, come Fuego y Espíritu. [...]. Tomad, comed todos de él, y coméis con él el Espíritu Santo. En efecto, es verdaderamente mi cuerpo y el que lo come vivirá eternamente». (Homilía IV para la Semana Santa). La Iglesia pide este don divino, raíz de todos los otros dones, en la epíclesis eucarística. Se lee, por ejemplo, en la Divina Liturgia de san Juan Crisóstomo: « Te invocamos, te rogamos y te suplicamos: manda tu Santo Espíritu sobre todos nosotros y sobre estos dones [...] para que sean purificación del alma, remisión de los pecados y comunicación del Espíritu Santo para cuantos participan de ellos ». Y, en el Misal Romano, el celebrante implora que: « Fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y llenos de su Espíritu Santo, formemos en Cristo un sólo cuerpo y un sólo espíritu». (Plegaria Eucarística III). (Juan Pablo II Ecclesia de Eucaristía 14-17).
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Cristo es la vid, plantada en la viña elegida, que es el Pueblo de Dios, la Iglesia. Por el misterio del Pan eucarístico el Señor puede decirnos a cada uno: “El que come mi carne y bebe mi sangre habita en Mí y Yo en él” (Jn 6, 56). Su vida pasa a nosotros como la savia vivificante de la vid pasa a los sarmientos para que estén vivos y produzcan frutos. Sin verdadera unión con Cristo –en quien creemos y de quien nos alimentamos– no puede haber vida sobrenatural en nosotros ni frutos fecundos. (Homilía del Santo Padre Juan Pablo II al final de La Adoración Eucarística en la Catedral de Sevilla. Sábado 12 de junio de 1993)

Te adoro devotamente, oculta Deidad, que bajo estas sagradas especies te ocultas verdaderamente: A ti mi corazón totalmente se somete, pues al contemplarte, se siente desfallecer por completo. La vista, el tacto, el gusto, son aquí falaces, sólo con el oído se llega a tener fe segura; Creo todo lo que ha dicho el Hijo de Dios: nada más verdadero que esta palabra de Verdad.

1391         La comunión acrecienta nuestra unión con Cristo. Recibir la Eucaristía en la comunión da como fruto principal la unión íntima con Cristo Jesús. En efecto, el Señor dice: "Quien come mi Carne y bebe mi Sangre habita en mí y yo en él" (Jn 6,56). La vida en Cristo encuentra su fundamento en el banquete eucarístico: "Lo mismo que me ha enviado el Padre, que vive, y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí" (Jn 6,57):
                 Cuando en las fiestas del Señor los fieles reciben el Cuerpo del Hijo, proclaman unos a otros la Buena Nueva de que se dan las arras de la vida, como cuando el ángel dijo a María de Magdala: "¡Cristo ha resucitado!" He aquí que ahora también la vida y la resurrección son comunicadas a quien recibe a Cristo (Fanqîth, Oficio siriaco de Antioquía, vol. I, Commun, 237 a-b).
1392 Lo que el alimento material produce en nuestra vida corporal, la comunión lo realiza de manera admirable en nuestra vida espiritual. La comunión con la Carne de Cristo resucitado, vivificada por el Espíritu Santo y vivificante (PO 5), conserva, acrecienta y renueva la vida de gracia recibida en el Bautismo. Este crecimiento de la vida cristiana necesita ser alimentado por la comunión eucarística, pan de nuestra peregrinación, hasta el momento de la muerte, cuando nos sea dada como viático.
1393 La comunión nos separa del pecado. El Cuerpo de Cristo que recibimos en la comunión es "entregado por nosotros", y la Sangre que bebemos es "derramada por muchos para el perdón de los pecados". Por eso la Eucaristía no puede unirnos a Cristo sin purificarnos al mismo tiempo de los pecados cometidos y preservarnos de futuros pecados:
"Cada vez que lo recibimos, anunciamos la muerte del Señor" (1 Co 11,26). Si anunciamos la muerte del Señor, anunciamos también el perdón de los pecados. Si cada vez que su Sangre es derramada, lo es para el perdón de los pecados, debo recibirle siempre, para que siempre me perdone los pecados. Yo que peco siempre, debo tener siempre un remedio (S. Ambrosio, sacr. 4, 28).
LOS ESCENARIOS
DE LA NUEVA EVANGELIZACIÓN (II):
EL fenómeno migratorio

“El grande fenómeno migratorio, que induce cada vez más a las personas a dejar el propio país de origen para vivir en contextos urbanizados. De esto deriva un encuentro y una mezcla de las culturas. Se están produciendo formas de desmoronamiento de las referencias fundamentales de la vida, de los valores y de los mismos vínculos a través de los cuales los individuos estructuran las propias identidades y acceden al sentido de la vida. Unido a la expansión de la secularización, el resultado cultural de estos procesos es un clima de extrema fluidez, dentro del cual hay siempre menos espacio para las grandes tradiciones, incluidas aquellas religiosas. A este escenario social está vinculado el fenómeno denominado “globalización”, realidad de no fácil explicación, que exige a los cristianos un agudo trabajo de discernimiento. Puede ser leída como un fenómeno negativo, si de esta realidad prevalece una interpretación determinista, ligada solamente a una dimensión económica y productiva. Pero también puede ser leída como un momento de crecimiento, en el cual la humanidad aprende a desarrollar nuevas formas solidarias y nuevos caminos para compartir el progreso de todos hacia el bien”. (Nº 55)

LOS ESCENARIOS
DE LA NUEVA EVANGELIZACIÓN (III):
EL ESCENARIO económico
“De este escenario, que en gran parte es causa directa del fenómeno de las migraciones, se han puesto en evidencia las tensiones y las formas de violencia concomitantes, como consecuencia de las desigualdades económicas provocadas dentro de las naciones y también entre ellas. En muchas respuestas, provenientes no sólo de Países en vía de desarrollo, ha sido denunciado un claro y decidido aumento de la disparidad entre ricos y pobres. Innumerables veces el Magisterio de los Sumos Pontífices ha denunciado los crecientes desequilibrios entre Norte y Sur del mundo, en el acceso y la distribución de los recursos, así como en el daño de la creación. La continua crisis económica en la que nos encontramos indica el problema del uso de los recursos, tanto de aquellos naturales como de los recursos humanos. De las Iglesias, invitadas a vivir el ideal evangélico de la pobreza, se espera todavía mucho en términos de sensibilización y de acción concretas, aunque ellas no encuentren suficiente espacio en los medios de comunicación”.
1. Del 24 al 26 de agosto está prevista la peregrinación a la Sagrada Familia de Gaudí en Barcelona con los niños de Anatolé y sus familias.
2. En septiembre será realidad que la Diócesis de Valencia contará con una capilla de Adoración Eucarística Perpetua en la parroquia de San Martín Obispo de Valencia: las 24 horas de los 365 días del año. Para ello hacen falta como mínimo 500 personas, necesarias para cubrir los 168 turnos a la semana, una hora por persona cada siete días, que permiten mantenerla abierta de forma continuada y perpetua para no dejar solo al Santísimo. Se está llevando a cabo por medio del padre Justo Lofeudo, misionero de la Santísima Eucaristía, una comunidad francesa cuyo carisma principal es la promoción y el establecimiento de capillas de adoración perpetua en todo el mundo.
Donativos recibidos para los nuevos locales en la calle Ciudad de Laval:

Ingresados hasta el  20-07-2012 : 63.296,95 €.
+ 920 €.
Ingresados hasta el20-7-2012:

64.216,95 €.
Colabore en la cuenta que la parroquia tiene en 
BANKIA (Paseo Germanías 82)
2038-6230-75-3000420970

Del 20 al 26 de agosto de 2012
Lunes 20.  19.30 h.: En sufragio de los difuntos de la familia Espí Sanchis. 
Martes 21. 19.30 h.: sin intención. 
Miércoles 22. 19.30 h.: sin intención. 
Jueves 23. 19.30 h.: En sufragio de José Antonio Cabanilles. 
Viernes 24. S. Bartolome. 19.30 h.: Bodas de oro de Valentín Sanz Simó y Francisca Pérez Molina. 
Sábado 25. XXI T.O. 19.30 h.: sin intención. 21.00 h.: sin intención. 
Domingo 26. XXI T.O. 12.00 h. Pro Pópulo
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