28 de mayo de 2011

Domingo 29 de mayo. VI de Pacua.

HOJA
PARROQUIAL
Parroquia de Sant Francesc de Borja
Email de la parroquia: sfb500@gmail.com

Domingo 22 de mayo de 2011.

                 Queridos hermanos:
La Campaña del Enfermo nos ha invitado a reflexionar sobre los jóvenes y la salud a la luz de la fe en Jesucristo, y a participar en la misión evangelizadora de la Iglesia siendo portadores de salud y servidores de la vida. ¿Cómo se enfrentan hoy los jóvenes a los acontecimientos fundamentales de la existencia, es decir, a la salud y la enfermedad, a la vida y la muerte, al sufrimiento y la curación? La salud es uno de los bienes fundamentales del ser humano y constituye una de sus aspiraciones permanentes. Para los mismos jóvenes la salud es algo muy importante en su vida. Pero junto a la alta valoración de la salud, encontramos comportamientos y actitudes contradictorias. Ponemos nuestra salud en manos de los grandes avances de las ciencias médicas y quizá nos sentimos menos responsables de nuestra salud.
La Iglesia ha de aportar aquello que le es más propio, es decir, seguir a Jesús: Jesús no pasó de largo ante los enfermos, se acercó a ellos, se conmovió ante su situación, les dedicó una atención preferente y les libró de la soledad y abandono en que
se encontraban reintegrándolos a la comunidad. Los jóvenes disponen de un enorme potencial interior para ayudar a los que sufren.  Jesús ama la vida, se conmueve ante la muerte y llora. A Jesús no le deja indiferente la muerte. Mirar la muerte, a la luz de Jesús, ayuda a vivir más plenamente la vida y a valorar y agradecer la vida como un don que se ha de vivir en actitud de agradecimiento y alabanza. Enfermedad, dolor y sufrimiento son experiencias personales, cargadas siempre de misterio, un misterio difícil de aceptar y de sobrellevar, difícil de expresar con palabras. Los jóvenes sufren y enferman. Jesús pasó por esta experiencia humana y nos enseñó cómo debemos vivirlo personalmente. Las actitudes de Jesús nos ayudan a vislumbrar desde la fe el sentido de la vida, también en medio del sufrimiento, y el valor redentor del amor. A todos nos incumbe la tarea y la responsabilidad de cuidar y curar la vida en sus grandes acontecimientos y trasmitir formas sanas de vida. Como testigos de Cristo resucitado tenemos que vivir curando la vida y aliviando el sufrimiento.(Mensaje de los Obispos de la Comisión Episcopal de Pastoral)
Arturo, vuestro vicario



Lectura del santo evangelio según san Juan         14, 15‑21

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
‑ «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque vive con vosotros y está con vosotros.
No os dejaré huérfanos, volveré. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy con mi Padre, y vosotros conmigo y yo con vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama; al que me ama lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él.»
Palabra del Señor.
Es fundamental que los cristianos colaboren para que todos los hombres, en todo el mundo, conozcan y acepten el mensaje divino de salvación. “Para ejercer este apostolado, el Espíritu Santo, que produce la santificación del pueblo de Dios por el ministerio y por los Sacramentos, concede también dones peculiares a los fieles (Cf. 1 Cor., 12,7) "distribuyéndolos a cada uno según quiere" (1 Cor., 12,11), para que "cada uno, según la gracia recibida, poniéndola al servicio de los otros", sean también ellos "administradores de la multiforme gracia de Dios" (1 Pe., 4,10), para edificación de todo el cuerpo en la caridad (Cf. Ef., 4,16).” (AA 3)
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    El Espíritu es el don que Jesús pidió y pide continuamente al Padre para sus amigos; el primer y principal don que nos ha obtenido con su Resurrección y Ascensión al cielo. De esta oración de Cristo nos habla el pasaje evangélico de hoy, que tiene como contexto la última Cena. El Señor Jesús dijo a sus discípulos: «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos; y yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito, para que esté con vosotros para siempre» (Jn 14, 15-16). Aquí se nos revela el corazón orante de Jesús, su corazón filial y fraterno. Esta oración alcanza su cima y su cumplimiento en la cruz, donde la invocación de Cristo es una cosa sola con el don total que él hace de sí mismo, y de ese modo su oración se convierte —por decirlo así— en el sello mismo de su entrega en plenitud por amor al Padre y a la humanidad: invocación y donación del Espíritu Santo se encuentran, se compenetran, se convierten en una única realidad. «Y yo rogaré al Padre y os dará otro Paráclito, para que esté con vosotros para siempre». En realidad, la oración de Jesús —la de la última Cena y la de la cruz— es una oración que continúa también en el cielo, donde Cristo está sentado a la derecha del Padre. Jesús, de hecho, siempre vive su sacerdocio de intercesión en favor del pueblo de Dios y de la humanidad y, por tanto, reza por todos nosotros pidiendo al Padre el don del Espíritu Santo. (Homilia Benedicto XVI)
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Como espíritu de Jesús, tiene la misión de traer a la memoria todo lo que Jesús dijo e hizo, para llevarnos así a la verdad plena (Jn 14, 26); sólo por el Espíritu lograrán entender los discípulos lo que les había dicho Jesús (Jn 12, 16). Recordar quiere decir volver a pasar algo por el corazón: “La tradición de la Iglesia va creciendo en la Iglesia con la ayuda del Espíritu Santo; es decir, crece la comprensión de las palabras e instituciones transmitidas cuando los fieles las contemplan y estudian repasándolas en su corazón (Lc 2, 19-51), cuando comprenden internamente los misterios que viven…; así, el Espíritu Santo, por quien la voz viva del Evangelio resuena en la Iglesia y, por ella, en el mundo entero, va introduciendo a los fieles en la verdad plena”.  (DV 8)
UNA SEGUNDA PROMESA

"La Sagrada Escritura es la palabra de Dios, en cuanto escrita por inspiración del Espíritu Santo". "La Tradición recibe la palabra de Dios, encomendada por Cristo y el Espíritu Santo a los apóstoles, y la transmite íntegra a los sucesores; para que ellos, iluminados  por el Espíritu de la verdad, la conserven, la expongan y la difundan fielmente en su predicación"

Antes de su Pascua, Jesús anuncia el envío de "otro Paráclito" (Defensor), el Espíritu Santo. Este, que actuó ya en la Creación (cf. Gn 1,2) y "por los profetas" (Credo de Nicea-Constantinopla), estará ahora junto a los discípulos y en ellos (cf. Jn 14,17), para enseñarles (cf. Jn 14,16) y conducirlos "hasta la verdad completa" (Jn 16,13). El Espíritu Santo es  revelado así como otra persona divina con relación a Jesús y al Padre.

"Nadie conoce lo íntimo de Dios, sino el Espíritu de Dios" (1 Co 2, 11). Pues bien, su Espíritu que lo revela nos hace conocer a Cristo, su Verbo, su Palabra viva, pero no se revela a sí mismo. El que "habló por los profetas" nos hace oír la Palabra del Padre. Pero a él no le oímos. No le conocemos sino en la obra mediante la cual nos revela al Verbo y nos dispone a recibir al Verbo en la fe. El Espíritu de verdad que nos "desvela" a Cristo "no habla de sí mismo" (Jn 16, 13). Un ocultamiento tan discreto, propiamente divino, explica por qué "el mundo no puede recibirle, porque no le ve ni le conoce", mientras que los que creen en Cristo le conocen porque él mora en ellos (Jn 14, 17).

La Iglesia, Comunión viviente en la fe de los apóstoles que ella transmite, es el lugar de nuestro conocimiento del Espíritu Santo:
-en las Escrituras que El ha inspirado:
-en la Tradición, de la cual los Padres de la Iglesia son testigos siempre actuales;
-en el Magisterio de la Iglesia, al que El asiste;
-en la liturgia sacramental, a través de sus palabras  y sus símbolos, en donde el Espíritu Santo nos pone en Comunión con Cristo;
– en la oración en la cual El intercede por nosotros;
–en los carismas y ministerios mediante los que se edifica  la Iglesia;
– en el testimonio de los santos, donde El manifiesta su  santidad y continúa la obra de la salvación.
“Si me amáis, guardaréis mis mandamientos...” Si me amáis… No dice: si sois valientes, si entendéis, si parecéis inteligentes… Tampoco dice: si sois obedientes… Y mucho menos: si no queréis ir al infierno.
Si me amáis… El estímulo, la motivación, el estilo de nuestra conducta, no puede ser más que el amor. Si es otra cosa, nuestros comportamientos, si bien irreprensibles desde el punto de vista de la observancia formal de la ley, no son cristianos.  Jesús, en los discursos de despedida, no nos deja una doctrina, un manual de instrucciones, y mucho menos un código. Nos deja un deseo, un único deseo. Que amemos. Si hemos aprendido a amar, hemos aprendido lo fundamental. Si hemos entendido el amor, hemos entendido todo lo que había que entender.
Si me amáis… puedo marchar tranquilo. Puedo fiarme de vosotros. Porque haréis las cosas como es debido. Porque haréis la única cosa agradable a Dios. La Iglesia es la Iglesia de Cristo, no cuando es el lugar de la obediencia, de la disciplina, de la ortodoxia, de la cultura, sino cuando es la Iglesia del amor.
Si me amáis… no me avergonzaré de vosotros. Si me amáis… mi misión puede verse cumplida. (Alessandro Pronzato).
(Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la XXVI Jornada Mundial de la Juventud 2011).
Creemos firmemente que Jesucristo se entregó en la Cruz para ofrecernos su amor; en su pasión, soportó nuestros sufrimientos, cargó con nuestros pecados, nos consiguió el perdón y nos reconcilió con Dios Padre, abriéndonos el camino de la vida eterna. De este modo, hemos sido liberados de lo que más atenaza nuestra vida: la esclavitud del pecado, y podemos amar a todos, incluso a los enemigos, y compartir este amor con los hermanos más pobres y en dificultad.
Son muchos los que en nuestro mundo viven sumidos en el pozo del desamparo, la marginación y la exclusión. Una de las experiencias más dramáticas que puede tener un ser humano es descubrir que la sociedad en la que vive no le necesita, no cuenta con él, y por tanto, prescinde de él. El Dios de Jesús de Nazaret es el Dios de los que no cuentan, de los excluidos. Es el Dios que busca hacerles JUSTICIA, rescatarles y darles lo que necesitan para vivir, lo que les es propio, la dignidad humana. Quizás por ello este Dios también está excluido en esta “civilización” en la que vivimos. (Caritas Diocesana de Valencia).
1. Lunes 30 a las 19,30h se reunirá la Comisión Arciprestal de catequesis en Xeresa para preparar el encuentro de catequistas de final de curso que tendrá lugar el 18 de junio en la Parroquia de San Pedro y San Pablo de la playa de Gandía. A las 21h continuarán los cursillos prematrimoniales, lunes y jueves.
2. Martes 31 a las 19h en el Colegio El Calderón de El Grau tendrá lugar una reunión para acabar de preparar la jornada para la educación integral del sábado 4 de junio.
3. El miércoles 1 de junio los niños de 3º  curso de comunión tendrán el final de curso con la visita al convento de las Clarisas a las 18h. A las 21h estará la reunión de padres para el campamento de Orea.
4. Jueves 2, a las 18h, los niños de 2º comunión recibirán el sacramento del Perdón. A las 20,30h por ser primer jueves de mes estará la Adoración del Santísimo Sacramento.
5. Viernes 3 estará la visita ordinaria a los enfermos a partir de las 10h.
6. El sábado 4 a las 10h estará la Jornada para la educación integral en el Colegio de El Calderón de El Grau con dos sesiones: “hacia una autoridad positiva” y “como establecer normas y límites”. A las 18h. Tendremos la Eucaristía final de curso para los niños de comunión.
7. Domingo 5 a las 18,30h será el encuentro con los jóvenes de la JMJ en la Parroquia de Cristo Rey.
Donativos recibidos para los nuevos locales en la calle Ciudad de Laval:
Ingresados hasta el 20-5-2011: 45.771,66 €. + 132 €
Ingresados hasta el 27-5-2011: 45.903,66 €.
Colabore en la cuenta que la parroquia tiene en
Caixa Ontinyent, C/. Madrid 38:
2045-6028-12-0000095170

Del 30 al 5 de junio 2011
  • Lunes 30. 19.30 h.: Rosendo Roche.
  • Martes 31. Visitación de la Virgen María. 19.30 h.: Sin intención.
  • Miércoles 1. San Justino. 19.30 h.: Sin intención.
  • Jueves 2. 19.30 h.: En sufragio de: Familia Ferrer Puig.
  • Viernes 3. 19.30 h.: En sufragio de: Rogelio Roselló.
  • Sábado 4. 18.00 h.: Con niños. En sufragio de: Familia García Estruch.
    • 19.30 h.: En sufragio de: Manolita Castellá Ruiz y Federico Gregori Femenía.
    • 21.00 h.: Sin intención
  • Domingo 5. LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR. 12 h.: Pro Pópulo.