8 de abril de 2020

Reflexiones sobre la Palabra. Migajas 18

“¡Ánimo! Que soy yo; no temáis” (18)

El arca de la Iglesia

Queridos hermanos:

Ayer veíamos que el arca hace referencia al madero de la cruz y a Cristo crucificado. Veamos hoy el segundo simbolismo.

El otro simbolismo fundamental del arca hace referencia a la comunidad cristiana, el cuerpo de Cristo, en que entran toda clase de animales (Génesis 7, 1-10). Y podemos vernos representados en alguno de ellos: el lobo, el cordero, el leopardo, el cabrito, el ternero, el león, la vaca, el oso, el buey, la serpiente, el áspid. Y hasta los niños pueden jugar con los animales más peligrosos. En el arca de la Iglesia, el Niño Jesús pastorea y “nadie causa daño ni estrago” e igual que las aguas colman el mar así estará lleno del amor del Señor esa arca (cf. Isaías 11, 6-9).

Igual que en el arca de Noé, los diferentes animales no se devoraron unos a otros gracias a la presencia de la paloma, símbolo del Espíritu Santo, así también el Espíritu Santo crea la unidad y hace que siendo diferentes los miembros del cuerpo, formen un solo cuerpo (cf. 1 Corintios 12, 12-27).

Pero atención. Podemos estar en el arca y no estar unidos de corazón a Noé y al Señor. Es lo que le pasó a Cam-Canaán (ya lo veremos más adelante). San Agustín, viendo que muchos estaban en la Iglesia, pero no de corazón, escribió esto: “hay bautizados en la Iglesia católica, que renuncian al mundo con palabras solamente y no con obras, ¿cómo pueden pertenecer al misterio de este arca si en ellos no existe el compromiso de la buena conciencia? O ¿cómo pueden salvarse por el agua los que usando mal del santo bautismo, pareciendo que están dentro, perseveran hasta el fin de su vida en sus disolutas y perdidas costumbres?
Y añade: “las expresiones "dentro de la Iglesia" y "fuera de la Iglesia" deben entenderse del corazón, no del cuerpo” (San Agustín. Tratado sobre el bautismo).

Es decir, podemos estar dentro del arca, pero en realidad estar fuera del arca, como el hermano mayor de la parábola del hijo pródigo y el padre misericordioso. Jesucristo ha entrado en la muerte para reunirnos en un solo cuerpo, para que estemos unidos a Él de corazón. Hace de nosotros uno en Él. Y esto hace que también entre nosotros seamos uno, que podamos estar en comunión, sin quejarnos unos de otros y atendiendo a los más pequeños, débiles y necesitados. Por eso es tan importante reunirnos en oración para que Él se ponga en medio de nuestras relaciones (cf. Mateo 18, 10-20). Hermanos: “Levantemos el corazón”. Y respondamos: “Lo tenemos levantado hacia el Señor”.

Jesús, vuestro párroco

Post
Ahora a continuación os envío la migaja del Miércoles Santo. Es una celebración para pedir perdón al Señor en ausencia del Sacramento de la Reconciliación. Por tanto hoy recibes el envío de hoy y el de mañana. Ánimo.

6 de abril de 2020

Reflexiones sobre la Palabra. Migajas 17

“¡Ánimo! Que soy yo; no temáis” (17)

El arca de la cruz


Queridos hermanos:

La Sagrada Escritura utiliza una palabra en hebreo -“tebat”- para designar la embarcación que construyó Noé. La traducimos por arca. (No hay que confundirla con otra palabra, “aron”, referida al Arca de la Alianza). En español arca hace referencia a ambas realidades.

Esa palabra “tebat” aparece en los capítulos 6 al 9 de Génesis. Pero también aparece la palabra “arca –tebat”- otras dos veces en una escena que enseguida nos resultará familiar. ¿Dónde depositó Yoquebed a su hijo para salvarlo de la muerte segura cuando mataban a los niños en Egipto? Sí, se refiere a la cesta donde la esposa de Amram, la madre de María y Aarón, puso a Moisés (cf. Éxodo 1,22 y 2,1-10). (Yoquebed y Amram son los padres de Moisés). Moisés fue salvado de las aguas gracias a esa cesta. Igual que Noé y su familia fue salvado de las aguas gracias al arca. De hecho, el nombre de Moisés significa eso mismo: “sacado de las aguas”.

El arca salva de una muerte segura. Esa arca puede tener dos simbologías fundamentales. Veamos hoy la primera.

El arca hace referencia al madero de la cruz y a Cristo crucificado. Por el madero de la cruz ha venido la salvación al mundo entero. Esa cruz es nuestra sabiduría y nuestra esperanza. Esa sabiduría es la que protegió a los patriarcas y la que salvó a Noé en un simple tablón (cf. Sabiduría 9,18 y 10, 1-4). Esa sabiduría para nosotros es Cristo crucificado (cf. 1 Corintios 1, 18-31). Hay una sabiduría escondida en la cruz de Cristo como en toda cruz. También en esta pandemia hay cruz y hay sabiduría escondida. Como la cesta que salvó a Moisés o el arca que salvó a Noé y su familia, también la cruz es nuestra salvación. ¿Qué te está enseñando este acontecimiento de confinamiento?

El pasado viernes 29 de marzo el Papa nos dijo alguna cosa sobre lo que nos enseña esta pandemia: el miedo, la fragilidad, el descubrir que estás en una misma barca con todo el mundo, la necesidad de los otros, que no podemos seguir cada uno por nuestra cuenta, sino sólo juntos.

Jesús mismo nos invita a tener la experiencia, CON ÉL, de que no nos hundimos, que flotamos como el arca de Noé o la cesta de Moisés, y que ya ha provisto, como proveyó a la hija del faraón para sacar a Moisés del río Nilo.

No temamos ir por donde fue él pues vamos EN ÉL: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga.” (Lucas 9,22-26). Cristo es nuestra arca donde entramos y nos ponemos a salvo y nos ha mostrado el camino de la vida. El camino es Él. Vamos POR ÉL. No tengas, pues, miedo. Pide vivir con Cristo, por Cristo y en Cristo. No tengas miedo. Hay arca. Y se llama Jesús, Arca viva de nuestra salvación.
Jesús, vuestro párroco

5 de abril de 2020

Reflexiones sobre la Palabra. Migajas 16

“¡Ánimo! Que soy yo; no temáis” (16)


Por ti se sumergió en las aguas de la muerte


Queridos hermanos:

Nos disponemos a entrar en la Semana Santa con la celebración del Domingo de Ramos. Hemos estado utilizando la figura de Noé para adentrarnos en el misterio de la salvación.

Si el pecado cometido por los hombres en tiempo de Noé llevó a su exterminio con las aguas del Diluvio cuanto más grave serán los pecados cometidos contra el Hijo de Dios. Aquellas aguas del Diluvio fueron de muerte para unos y de salvación para Noé y su familia. Más las aguas que sumergirán a Jesús en el bautismo que anunció a Santiago y Juan no serán para exterminar sino para salvar.

Hoy como Noé estamos rodeados de agua. Se nos invita a tomar precauciones higiénicas, a no salir de casa. Estamos cercados por la muerte. Como narra David en el salmo compuesto cuando fue librado de la persecución de Saul: “Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza; / Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador. / Dios mío, peña mía, refugio mío, / escudo mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte. / Invoco al Señor de mi alabanza / y quedo libre de mis enemigos. / Me cercaban olas mortales, / torrentes destructores me aterraban, / me envolvían las redes del abismo; / me alcanzaban los lazos de la muerte. / En el peligro invoqué al Señor, / grité a mi Dios: / desde su templo él escuchó mi voz, / y mi grito llegó a sus oídos.” (Salmo 18 (17), 2-7). Así estaba Noé, así estaba David, así tantos profetas, así Jesús: “Me cercaban olas mortales, / torrentes destructores me aterraban, / me envolvían las redes del abismo; / me alcanzaban los lazos de la muerte.”

Jesús, por amor a su Padre también entró en las aguas de la muerte, “por la gracia de Dios, gustó la muerte para bien de todos” (Hebreos 2,9). Esas aguas fueron nuestros pecados: golpes en la espalda. Esos que no te esperas. Arrancar los pelos de la barba, “mesaban mi barba”. Ultrajes y salivazos. Son aguas de muerte. En las que Jesús se ha sumergido por ti. Por amor a ti. Él no se ha resistido ni echado atrás. Ha ofrecido la espalda, las mejillas, el rostro. Y lo ha hecho todo esto para “saber decir al abatido una palabra de aliento”. Mira qué amor nos ha tenido para entrar en estas aguas para salvarnos, para hacernos discípulos y anunciadores palabras de aliento (cf. Isaías 50, 4-7).

¡Ánimo! Por ti, yo tu Dios, entro en estas aguas y gusto la humillación hasta la muerte de cruz para hacer de estas aguas, aguas de vida por el bautismo. Por ti, yo tu Dios, he vivido el abandono del Padre, las burlas de la gente. Por ti he ofrecido mis manos y pies para ser taladrados. Por ti he sido desnudado y he visto el reparto de mis bienes. Todo esto lo he gustado por ti para proclamar en la asamblea del cielo (no hay otra, nuestras asambleas, aunque domésticas, son asambleas del cielo), que eres mi hermano y proclamar el amor que Dios te tiene: “Contaré tu fama a mis hermanos” (Sal 21, 8-24). Por ti, yo tu Dios, de la misma naturaleza del Padre, tu Creador y Señor, me he despojado de mi, me he vaciado de mi mismo hasta ser “nada” para tantas personas, hasta ser algo “vano”, piedra desechada, cacharro inútil, estropajo o agua sucia que se tira. Por ti me he humillado hasta la muerte y muerte de cruz, en obediencia al Padre. Y más hubiera hecho si más hubiera podido. Y por ti he sido exaltado con un nombre que salva si es invocado: “Señor Cristo Jesús”, un nombre que toda lengua proclamará un nombre al que toda rodilla se inclinará (cf. Filipenses 2, 6-11).

Hermanos: si David dijo: “En el peligro invoqué al Señor, / grité a mi Dios: / desde su templo él escuchó mi voz, / y mi grito llegó a sus oídos”, también Jesús gritó: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (cf. Mateo 26, 14—27, 66). Más no para ser librado Él. Sino para librarnos de las peores aguas que nos pueden cercar: las aguas del pecado.

En todas las lecturas este amor es proclamado. Hay una relación entre humillaciones y proclamación, anuncio. ¡Ánimo! Tanto amor no lo podemos callar. Que hable nuestra vida, que hablen nuestras obras, que hablen nuestros pensamientos y deseos, que hablen nuestros labios: “Yo te amo, Señor Jesús, tú eres mi fortaleza; / Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador. / Dios mío, peña mía, refugio mío, / escudo mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte.”
Jesús, vuestro párroco

4 de abril de 2020

Reflexiones sobre la Palabra. Migajas 15

“¡Ánimo! Que soy yo; no temáis” (15)


Esperando contra toda esperanza


Queridos hermanos:

Esperando contra toda esperanza. Así vivió Noé en el arca al ver pasar un mes tras otro.
Así vivió Abraham. Esperando contra toda esperanza. Y la llegada del Señor le encontró a Abraham esperando, 24 años después de recibir la promesa. Estaba Abraham en lo más caluroso del día esperando. Y tres hombres se le presentaron, los acogió y preparó un banquete durante el cual le dijeron que al año tendría un hijo. (Cf. Génesis 18, 1-15). En esos hombres acogió a Dios mismo.
Aunque las esperanzas puestas en los propios planes se desvanezcan (Job 17,11), no desaparece la verdadera esperanza, que es “Cristo Jesús, esperanza nuestra” (1 Timoteo 1,1).
Escuchemos la Palabra de Dios que renueva en nosotros “la esperanza de la gloria” (Colosenses 1,27) que es Cristo, y no cedamos a la pereza a la hora de leer o escuchar la Palabra de Dios; no cedamos a la incredulidad. Estamos recluidos en casa, pero no hagamos vacaciones de fe, esperanza y caridad.
Y así podamos estar en vela cuando venga el final de esta travesía en el arca de esta vida y llegue nuestro Esposo (cf. Mateo 24, 37-44). Como San Pablo, esto es lo que os deseo: “que el Dios de la esperanza os colme de alegría y de paz viviendo vuestra fe, para que desbordéis de esperanza por la fuerza del Espíritu Santo” (Romanos 15,13).
Jesús, vuestro párroco

3 de abril de 2020

Domingo 5 de abril de 2020. 6 DOM RAMOS A

   
Una Semana Santa diferente
La celebración de la Semana Santa de ese año 2020 es muy diferente.
La crisis sanitaria provocada por el COVID-19 y las disposiciones tanto de la autoridad civil como de la eclesial para evitar los contagios masivos de este virus hace imposible que podamos reunirnos como comunidad cristiana en torno al altar del Señor para recordar los misterios que nos dieron la salvación.
Para los cristianos no poder celebrar juntos estos días es verdaderamente duro porque la riqueza espiritual de estas fiestas nos ayudan en el camino de nuestra fe y marcan de un modo significativo nuestra vida cristiana.
Sin embargo, los medios de comunicación social, especialmente la televisión e Internet nos permiten estar más comunicados que nunca y hacen posible poder vivir las celebraciones desde casa. Así, esta Semana Santa será diferente en cuanto al modo concreto de celebrarla, pero no debe ser distinta en cuanto a la vivencia espiritual de la pasión, muerte y resurrección de Cristo.
Os ofrecemos los enlaces de los materiales que han elaborado tanto nuestra Diócesis como la Conferencia Episcopal española.
Manual para vivir la Semana Santa 2020 desde casa elaborado por nuestra Diócesis de Valencia:
Guía para vivir en familia la Semana Santa elaborado por la Conferencia Episcopal Española



“Nos disponemos a entrar en la Semana Santa, de la Pasión del Señor, del silencio, de un silencio impuesto por la alarma de la pandemia del coronavirus, pero que es el mismo silencio que Jesús guarda ahora padeciendo camino de la cruz, sin abrir la boca, o colgado de la Cruz desde donde dijo al Padre y a los hombres, sus hermanos, nos dijo y nos dice palabras tan desgarradoras como consoladoras: "Padre, ¿por qué me has abandonado? ¡Que pase de mí este cáliz, pero que se haga lo que tú quieres, no lo que yo quiera! ¡Perdónales porque no saben lo que hacen! ¡Hoy mismo estarás conmigo en el Paraíso! ¡A tus manos Señor encomiendo mi espíritu!" Y expiró.


Estamos a punto de celebrar una semana de cruz y sufrimiento, unidos a Jesús que sufre con nosotros y por nosotros, con su cruz a cuestas o colgado de ella, soportando ese vía-crucis de hoy recorrido, por todo el mundo, padeciendo junto a nosotros y con nosotros, porque no le es ajeno el dolor que estamos sufriendo por la pandemia,-"cargó con nuestras heridas y dolores"- y Él mismo lo asume. Hoy como ayer, asume el dolor de los hombres y lo hace suyo.

¿Dónde está vuestro Dios?, nos preguntan quienes piensan que no actúa en estos momentos, y que nos ha dejado abandonados. Es muy posible que muchos de nosotros nos estemos haciendo la misma pregunta ¿dónde está nuestro Dios?.¿Por qué nos ha abandonado?. Está ahí, con nosotros, que tanto estamos padeciendo en esta pasión, a la que tanto miedo tenemos, que tan desconcertados nos encontramos, compartiendo nuestro dolor, desconcierto y nuestra desgracia, sobre todo, en los afectados más directamente por esta enfermedad: los enfermos, ancianos -muchos de ellos abandonados, solos, sumidos en su propio dolor- los agonizantes, los que ya han muerto, los familiares, los amigos, angustiados sin poder acercarse a ellos, los médicos y las enfermeras sin poderles aportar la salud por la que luchan, ni darles la medicina y otros medios que necesitan y les devuelva a gozar de la vida .... Y también vemos a nuestro Dios, que llora ante sus amigos los hombres, como ante Lázaro: lo tenemos en los que están ahí, tantos y tantos, junto a la cruz que es la suya, la de Dios hecho hombre por nosotros, dando la vida por ellos- médicos, enfermeros y enfermeras, administrativos de hospitales, personas de la limpieza, conductores de ambulancias, militares, fuerzas de seguridad, transportistas de cadáveres, personas que atienden los servicios agroalimentarios, empresarios, sacerdotes, religiosos, religiosas etc. etc. como su Madre y nuestra Madre que en esa cruz nos es dada como salud y consuelo de los afligidos, auxilio de los desamparados.

Él está ahí mismo en todos estos, cuidadores anónimos y silenciosos, sin rechistar, sirviendo, gozosos de ayudar, deshaciéndose por los demás, los más y los menos sufrientes sin buscar aplausos sino sólo ser lenitivo y consuelo, signo de amor, entrega y esperanza de sanación, en definitiva, amando hasta la extenuación sin contrapartida, ¿no lo vemos ahí junto a aquellos con los que se identifica Jesús dando todo su amor, porque donde está el amor allí está Dios?
Y, sobre todo y más allá de cualquier otra consideración que nos forjemos, vemos a Dios en su Hijo Jesucristo, azotado, vilipendiado, condenado a muerte y despreciado, traicionado, olvidado, colgado en la cruz, crucificado ... por nosotros los hombres y por nuestra salvación, no está como espectador saciado, sino como Hijo implorando por todos salvación, perdón, amor: orando y amando hasta el extremo, rebajándose suplicando y obedeciendo humildemente y no reservándose nada, confiando enteramente y poniéndose en las manos del Padre, dándose por completo y enteramente. Oración, confianza, amor sin límites, perdón y concordia.

Ahí tenemos a nuestro Dios, y ahí está nuestra esperanza, ahí está la salvación. La esperanza brota de ahí, no de espectadores saciados que contemplan cabizbajos tanta muerte y dolor, pero nada más, sin mirar a Dios y sin orar. Muerte y dolor no sólo por estas muertes de ahora, que también, y primero. Dolor muy fuerte en estos momentos, pero también por las muertes injustas de los atentados y del terrorismo, de otras enfermedades, de millones de hombres mayores y niños que mueren o están muriendo de hambre, de las condenas injustas, de los miles y miles de abortos y de las eutanasias legales, -de los que nos olvidamos y son parte también de ese largo Vía Crucis y de esa cruz tan grande que sufren millones de hermanos sin voz que salga en su defensa-, ... También todos estos silenciados los tenemos presentes en esta Semana Santa del Silencio.

Y mi pregunta ahora se cambia y ya no digo solo ¿dónde está nuestro Dios y por qué nos ha abandonado?, sino, ¿por qué habéis abandonado a Dios? ¿Por qué lo habéis dejado? Ya no es ¿por qué me has abandonado?, sino, ¡Dios mío, ¿por qué te han abandonado? ¿No será por eso por lo que están habiendo tantas muertes, las reales o las que nos dicen?. Es necesario y urgente arrepentirse, pedir perdón, todos, -yo el primero- y volver a Dios, convertirse, desandar el camino que está llevando a la Humanidad y por los que se está llevando a la Humanidad, dejarse de tanta actitud de poder y autosuficiencia, de increencia y agnosticismo, ser humildes e invocar a Dios y se nos dará, y encontraremos entonces salvación y nos moveremos por sendas de alegría, de esperanza, que surgen del amor entre los hombres con aquel amor con el que Dios nos ama y hace todo por los demás, especialmente por los que sufren, a los que ama y junto a los que llora de verdad. Esta es la manera de celebrar la Semana Santa, con el ayuno y penitencia que entraña el privarse de oficios litúrgicos y de desfiles procesionales de la religiosidad popular, y, sin embargo, con la oración en la soledad sencilla y verdadera llena de fe, en nuestras casas, acompañando a María.

Con la contemplación de la cruz y siguiendo el vía crucis en esa misma soledad de nuestras casas, escuchando o leyendo, meditando la Palabra de Dios sobre todo de los relatos de la Pasión y amando, que es ayudando a quienes nos necesiten y podamos hacerlo, de miles formas. Sintiéndonos y estando al lado de los que sufren y pidiendo al Señor por ellos, por todos, además de pensar en las ayudas de comida u otras necesidades económicas que demanden, perdonando y promoviendo la concordia, y también siguiendo a través de TV los oficios litúrgicos que se transmitan, unidos a toda la Iglesia y orando por ella y con ella, que ora por todos. Será una Semana Santa que nunca hemos vivido, inolvidable. ¡Santa Semana!

+ Antonio Cañizares Llovera Arzobispo de Valencia



Oración del Papa a la Virgen María

Oh María, Tú resplandeces siempre
en nuestro camino
como signo de salvación y esperanza.
Nosotros nos encomendamos a Ti,
salud de los enfermos, que ante la Cruz
fuiste asociada al dolor de Jesús
manteniendo firme tu fe.
Tú, Madre de Dios de los Desamparados,
sabes lo que necesitamos
y estamos seguros de que proveerás para que,
como en Caná de Galilea,
pueda regresar la alegría y la fiesta
después de este momento de prueba.
Ayúdanos, Madre del Divino Amor,
a conformarnos a la voluntad del Padre
y a hacer lo que nos dirá Jesús,
que ha tomado sobre sí nuestros sufrimientos.
Y ha tomado sobre sí nuestros dolores
para llevarnos, a través
de la Cruz,
al gozo de la
Resurrección. Amén.
Bajo
tu protección,
buscamos refugio,
Santa Madre
de Dios.
No desprecies
las súplicas
de los que
estamos
en la prueba
y líbranos
de todo peligro,
¡oh Virgen
gloriosa
y bendita!


La Congregación para el Culto Divino ha publicado una misa para el tiempo de la pandemia para implorar a Dios el fin de esta pandemia y una nueva intención universal para rezar durante la liturgia de la Pasión del Señor el Viernes Santo.
A continuación les ofrecemos la oración colecta y la oración sobre el pueblo de la misa para el tiempo de la pandemia:

Dios todopoderoso y eterno,
refugio en toda clase de peligro,
a quien nos dirigimos en nuestra angustia;
te pedimos con fe que mires compasivamente nuestra aflicción,
concede descanso eterno a los que han muerto,
consuela a los que lloran, sana a los enfermos,
da paz a los moribundos, fuerza a los trabajadores sanitarios,
sabiduría a nuestros gobernantes y valentía
para llegar a todos con amor
glorificando juntos tu santo nombre.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre el pueblo

Oh, Dios, protector de los que en ti esperan, bendice a tu pueblo, sálvalo, defiéndelo, prepáralo con tu gracia, para que, libre de pecado y protegido contra sus enemigos, persevere siempre en tu amor. Por Jesucristo, nuestro Señor
+ + + + + + + + + + + + + +
La Celebración de la Pasión del Señor en el Viernes Santo tiene este año una característica particular por la terrible pandemia que afecta al mundo.
En efecto, el día en el que celebramos la pasión y muerte redentora de Jesucristo en la cruz, que, corno Cordero degollado, cargó sobre si el dolor y el pecado del mundo, la Iglesia eleva suplicas a Dios Padre omnipotente por toda la humanidad, particularmente por los que más sufren, mientras espera con fe el gozo de la resurrección de su Esposo.
Por tanto, esta Congregación, (…)  propone una intención para añadir en la Oración universal de la mencionada celebración, a fin de que lleguen hasta Dios Padre las súplicas de quienes lo invocan en su tribulación, para que todos sientan en sus adversidades el gozo de su misericordia.

Oración universal IX b.

Por quienes sufren en tiempo de pandemia
Oremos también por todos los que sufren las consecuencias de la pandemia actual: para que Dios Padre conceda la salud a los enfermos, fortaleza al personal sanitario, consuelo a las familias y la salvación a todas las víctimas que han muerto.
Oración en silencio. Prosigue el sacerdote:
Dios todopoderoso y eterno, singular protector de la enfermedad humana, mira compasivo la aflicción de tus hijos que padecen esta pandemia; alivia el dolor de los enfermos, da fuerza a quienes los cuidan, acoge en tu paz a los que han muerto y, mientras dura esta tribulación, haz que todos puedan encontrar alivio en tu misericordia. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Del 6 al 12 de abril de 2020
Lunes Santo. 6 de abril 13.00 h.: En sufragio de: Rosa Vidal e hijo Salvador; Dif. Fam. Sabater Sanfelix.

Martes Santo 7 de abril. 13.00 h.: En sufragio de: Antonio y Petra.

Miércoles Santo 8 de abril. 13.00 h.: En sufragio de: Antonio Casanova.

Jueves Santo 9 de abril. 19.00 h. Misa de la Cena del Señor.

Viernes Santo 10 de abril. 15.00 h.: Celebración de la Pasión del Señor.

Sábado Santo 11 de abril. 22.00 h.: Vigilia Pascual.

Domingo de resurrección 12 de abril: 12.00 h. Pro Pópulo.
-----------------------------------------------------
Puedes descargar la Hoja Parroquial:

Reflexiones sobre la Palabra. Migajas 14

“¡Ánimo! Que soy yo; no temáis” (14)


Como Abraham


Queridos hermanos:
Noé se parece a Abraham. Noé esperó un año y diez días a que el Señor le dijera: “sal”.

Abraham esperó 25 años a que Dios le cumpliera su promesa (cf. Génesis 12, 1-5).

Vivamos este tiempo también como Abraham. Que recibió la promesa de una descendencia y perseveró. El Señor le renovaba la promesa y esto le llenaba de esperanza. Por eso di con el salmo: “Recuerda la palabra que diste a tu siervo, de la que hiciste mi esperanza; este es mi consuelo en la aflicción: que tu promesa me da vida” (Salmo 119 (118), 49-50).

Abraham, como Noé en el Arca, “apoyado en la esperanza, creyó contra toda esperanza que llegaría a ser padre de muchos pueblos”. Pensad que toda la humanidad murió por el diluvio y quedaba solamente Noé y su familia. Por eso también Noé es patriarca, padre de multitudes.

Igual que Noé, Abraham, “ante la promesa divina no cedió a la incredulidad, sino que se fortaleció en la fe, dando gloria a Dios, pues estaba persuadido de que Dios es capaz de hacer lo que promete” (Romanos 4, 18-21).

Y Abraham experimentó que la esperanza es vivida con alegría. La promesa ya anticipa la alegría. Su cumplimiento la lleva a plenitud. Abraham vio el fruto de su esperanza y se alegró (cf. Juan 8, 56) y a su hijo puso por nombre “Isaac”, que significa “risa de alegría”.

Fomentemos, pues, nuestra esperanza en el Señor, escuchando sus promesas cumplidas en Jesucristo y en tantos santos. Vueltos a él, escuchando su Palabra, uniéndonos a la Eucaristía por televisión o radio, haciendo la comunión espiritual. Sin ceder a la incredulidad fortalezcámonos en la fe. No nos tengamos por llegados. Más bien en camino. Peregrinos de la fe como Abraham.
Jesús, vuestro párroco

2 de abril de 2020

Reflexiones sobre la Palabra. Migajas 13

“¡Ánimo! Que soy yo; no temáis” (13)

La tribulación con constancia


Queridos hermanos:
Seguramente la vida en el Arca durante ese largo tiempo produjo tensiones de toda clase. Si al principio pudo vivirse como unas vacaciones, pronto fueron viendo la gravedad del asunto y la necesidad de organizarse para la alimentación propia y de los animales. Pudieron surgir roces, desavenencias, rebeldías, malos gestos, palabras hirientes. Fue un momento de prueba. Al estar tanto tiempo confinados. Pero también una ayuda para desarrollar virtudes y donde hay tentaciones. Lo explica mejor Monseñor Munilla:

Las circunstancias –la providencia, que diríamos los creyentes— nos llaman a vivir este momento como un tiempo de prueba, en el que estamos llamados a desarrollar virtudes, tales como la obediencia, la disciplina, la paciencia, la templanza, la fortaleza, la alegría, la generosidad, la confianza y la fe.

De modo similar a como aconteció a Jesús en los cuarenta días que pasó en el desierto, no han de faltarnos tentaciones en este periodo de confinamiento. Me atrevo a señalar algunas: discusiones y peleas familiares, utilización adictiva de las tecnologías, hábitos alimenticios nefastos, recurso a la pornografía y al juego, desorden, pereza, tristeza, desconfianza, miedo y desesperanza.

Seamos o no conscientes de ello, a lo largo de esta cuarentena/cuaresma, va a tener lugar una batalla en nuestro interior, de forma que en no pocos de nosotros se producirá una transformación notable, para bien o para mal. Las grandes crisis son grandes oportunidades de crecimiento, pero no por ello se han de olvidar todos los peligros que encierran. La trinchera de esta batalla moral a la que me refiero no está fuera de nosotros, sino que atraviesa nuestro corazón. (Monseñor José Ignacio Munilla, obispo de San Sebastián. Artículo “El Custodio”. 18-3-2020. Fuente: enticonfio.org).

De esta prueba saldrá buen fruto. ¿A alguien se le ocurriría decir: estoy orgulloso del coronavirus? ¡Ufff!. Muy fuerte. El coronavirus es un mal. Pero si de un mal sale un bien… entonces sí podemos estar orgullosos. Del bien que se puede sacar. Escucha a San Pablo decirlo mejor que yo y, donde San Pablo dice “tribulación”, escribe tú “esta prueba del coronavirus” o la dificultad que estés pasando y fíjate: “nos gloriamos incluso en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia, la paciencia, virtud probada, la virtud probada, esperanza, y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado” (Romanos 5,3-5).

La tribulación nos traerá paciencia, la paciencia nos traerá virtud, que habiendo sido puesta a prueba, ha salido victoriosa, la virtud probada nos traerá esperanza. Y esa esperanza es el Espíritu Santo derramado en nuestros corazones, Amor mismo de Dios que no nos deja. Como decía Jesús: “No os dejaré huérfanos” (Juan 14,18), y también: “Nunca te dejaré ni te abandonaré” (Hebreos 13,5).
Jesús, vuestro párroco

1 de abril de 2020

Reflexiones sobre la Palabra. Migajas 12

“¡Ánimo! Que soy yo; no temáis” (12)

El ventanuco del Arca de Noé


Queridos hermanos:
¿Recordáis esta escena? Noé “abrió la claraboya que había hecho en el arca y soltó el cuervo…” Y también respecto a la paloma: “alargando su mano, la asió y la metió consigo en el arca” (Génesis 8, 9). Fijémonos en esa claraboya o ventana que Noé hizo en el arca. Además de la puerta, no consta que hiciera otras ventanas. Seguramente las habría. Pero ésta era especial. Detengámonos en esto. Alguna persona durante este confinamiento me decía: “menos mal que nos asomamos a la ventana y vemos las montañas”. Volvamos nuestra mirada al domingo cuarto de cuaresma. Miremos a ese ciego de nacimiento. Es una persona confinada desde su nacimiento a una habitación a oscuras… y sin ventanas al exterior. Este es el ciego de nacimiento que relata el evangelio. Sin claraboya. Viviendo dentro de sí y sin esperar nada más de la vida.
Y un gesto y una palabra irrumpirán en su vida.
Hasta ahora él no espera nada más de sí mismo. Se ha acostumbrado a vivir así. Tiene cierta autonomía, movilidad. Es conocido y respetado por todos. Se ha dedicado a mendigar y no le va mal. Sus vecinos le conocen y ayudan. Y sus padres y sus vecinos tampoco esperan nada nuevo de él. No esperan que cambie su situación. Esperan, eso sí, que no empeore y que se comporte como hasta ahora. Todos esperan que la vida siga igual.
Pero el Señor lo creó para que en él se manifiesten las obras de Dios. Y Jesús incide en su vida. Irrumpe. Y molesta. Y pone en movimiento. Y recrea con el barro como el Adán del principio. Y le habla. Y le envía a una piscina: “Ve a lavarte a la piscina de Siloé”. Y fue. Y se lavó. Y se abrieron sus ventanas para ver. Y sus puertas para confesar al Mesías. Y su carne para sufrir por Jesús, pues fue expulsado de la sinagoga. Y su corazón para postrarse y adorar (cf. Juan 9, 32-38).
¿Qué espera Jesús de ti? Noé abrió la claraboya que él mismo había construido. Era un arca de madera fabricada por Noé. Pero tú has sido creado por Dios. Por eso di: “señor abre… mis labios… y mi boca… proclamará tu alabanza” (cf. Salmo 51 (50), 3-21). Pues eres hijo de la luz, en tu vida hay ventanas y puertas para entre y salga la luz (cf. 1 Tesalonicenses 5, 5-11 y 14-24). No fuiste creado a tener solo un ventanuco. Fuiste creado para ser “alabanza de su gloria” (Efesios 1, 3-6).
Jesús, vuestro párroco
Post
Puede ayudar buscar en la Biblia las citas bíblicas que se ofrecen. Pues lo importante es que te hable el Señor. El comentario no es más que una voz que grita en el confinamiento. Pero lo importante es la Palabra de Dios. Ánimo