12 de marzo de 2013

Homilía del cardenal Angelo Sodano Decano del Colegio Cardenalicio en la Eucaristía antes del Cónclave


Basílica Vaticana
Martes 12 de marzo de 2013

¡Queridos concelebrantes,
distinguidas autoridades,
hermanos y hermanas en el Señor!

"Cantaré eternamente las misericordias del Señor" es el canto que una vez mas ha resonado en la tumba del Apóstol Pedro, en esta hora importante de la historia de la Santa Iglesia de Cristo. Son las palabras del salmo 88 que han florecido en nuestros labios para adorar, agradecer y suplicar al Padre que está en los Cielos. "Las misericordias del Señor eternamente cantaré": es el bello texto en latín que nos ha introducido en la contemplación de Aquel que siempre vigila con amor sobre su Iglesia, sosteniéndola en su camino a través de los siglos y vivificándola con su Santo Espíritu.

También nosotros hoy con tal actitud interior queremos ofrecer con Cristo al Padre que está en los Cielos, agradecerle por la amorosa asistencia que siempre reserva a su Santa Iglesia, y en particular por el luminoso Pontificado que nos ha concedido con la vida y las obras del 265º Sucesor de Pedro, el amado y venerado Pontífice Benedicto XVI, al cual en este momento renovamos toda nuestra gratitud.

Al mismo tiempo queremos implorar del Señor que a través de la solicitud pastoral de los Padres Cardenales, quiera pronto conceder otro Buen Pastor, a su Santa Iglesia. Cierto, nos sostiene en esta hora la fe en la promesa de Cristo sobre el carácter indefectible de su Iglesia. Jesús en efecto dijo a Pedro: "Tu eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella" (cfr. Mt 16,18).

Hermanos míos, las lecturas de la Palabra de Dios que recién escuchamos, nos pueden ayudar a comprender mejor la misión que Cristo ha confiado a Pedro y a sus Sucesores.

1. El mensaje del amor

La primera lectura nos ha vuelto a proponer un celebre oráculo mesiánico de la segunda parte del libro de Isaías, aquella parte llamada "el Libro de la consolación" (Isaías 40,66). Es una profecía dirigida al pueblo de Israel destinado al exilio en Babilonia. Para ellos Dios anuncia el envío de un Mesías lleno de misericordia, un Mesías que podrá decir "El espíritu del Señor Dios está sobre mí… me ha enviado a traer el feliz anuncio a los pobres, para vendar los corazones rotos, a proclamar la libertad a los esclavos, la excarcelación de los prisioneros, a promulgar el año de misericordia del Señor" (Isaías 61,1-3)

El cumplimiento de tal profecía se ha realizado plenamente en Jesús, venido al mundo para hacer presente el amor del Padre hacia los hombres. Es un amor que se hace particularmente notar en el contacto con el sufrimiento, la injusticia, la pobreza, con todas las fragilidades del hombre, sea físicas que morales. Es conocida al respecto la célebre encíclica del Papa Juan Pablo II "Dives in misericordia", que añadía: "el modo en el cual se manifiesta el amor es a propósito denominado en el lenguaje bíblico ‘misericordia’." (Ibid. n.3).

Esta misión de misericordia ha sido luego confiada por Cristo a los pastores de su Iglesia. Es una misión que compromete a cada sacerdote y obispo, pero compromete aún más al Obispo de Roma, Pastor de la Iglesia universal. A Pedro, en efecto, Jesús dijo: "Simón de Juan ¿me amas tú más que estos? … Apacienta mis ovejas" (Juan 21,15). Es conocido el comentario de san Agustín a estas palabras de Jesús: "sea por lo tanto tarea del amor apacentar la grey del Señor"; "sit amoris officium pascere dominucum gregem" (In Iohannis Evangelium,123,5; PL 35,1967).

En realidad, es este amor que empuja a los Pastores de la Iglesia a desarrollar su misión de servicio a los hombres de cada tiempo, del servicio caritativo mas inmediato hasta el servicio mas alto, aquel de ofrecer a los hombres la luz del Evangelio y la fuerza de la gracia.

Así lo ha indicado Benedicto XVI en el Mensaje para la Cuaresma de este año (cfr. n. 3). Leemos en efecto en tal mensaje: "A veces se tiende en efecto a circunscribir el término ‘caridad’ a la solidaridad o a la simple ayuda humanitaria. Es importante, en cambio recordar que la máxima obra de caridad es precisamente la evangelización, o sea el ‘servicio de la Palabra’. No hay una acción más benéfica y por tanto caritativa hacia el prójimo que partir el pan de la Palabra de Dios, introducirlo en la relación con Dios: la evangelización es la más alta e integral promoción de la persona humana. Como escribe el Siervo de Dios Papa Pablo VI en la Enciclica: Populorum progressio: es el anuncio de Cristo el primer y principal factor de desarrollo (cfr. n.16)".

2. El mensaje de la unidad

La segunda lectura sacada de la Carta a los Efesios, escrita por el Apóstol Pablo propiamente en esta ciudad de Roma durante su primer encarcelamiento (años 62-63 d.C.). Es una carta sublime en la cual Pablo presenta el misterio de Cristo y de la Iglesia. Mientras la primera parte es más doctrinal (cap. 1-3), la segunda, donde se introduce el texto que hemos escuchado, es de tono más pastoral (cap. 4-6). En esta parte Pablo enseña las consecuencias prácticas de la doctrina presentada antes y empieza con una fuerte llamado a la unidad eclesial: "Los exhorto pues yo, el prisionero del Señor, a comportarse de manera digna de la vocación que han recibido, con toda humildad, mansedumbre y paciencia, soportándose recíprocamente con amor, tratando de conservar la unidad del espíritu a través del vínculo de la paz (Ef. 4,1-3).

S. Pablo explica luego que en la unidad de la Iglesia existe una diversidad de dones, según la multiforme gracia de Cristo, pero esta diversidad está en función de la edificación del único cuerpo de Cristo: "Es él el que ha establecido a algunos como apóstoles, otros como profetas, otros como evangelistas, otros como pastores y maestros, para hacer idóneos a los hermanos para cumplir el ministerio, a fin de edificar el cuerpo de Cristo" (cfr. 4,11-12).

Es propiamente por la unidad de su Cuerpo Místico que Cristo ha enviado luego su Santo Espíritu y al mismo tiempo ha establecido a sus Apóstoles, entre los cuales Pedro sobresale como el fundamento visible de la unidad de la Iglesia.

En nuestro texto San Pablo nos enseña que también todos nosotros tenemos que colaborar para edificar la unidad de la Iglesia, ya que para realizarla es necesaria "la colaboración de cada articulación, según la energía propia de cada miembro" (Ef 4,16). Todos nosotros, pues, somos llamados a cooperar con el Sucesor de Pedro, fundamento visible de tal unidad eclesial.

3. La misión del Papa

Hermanos y hermanas en el Señor, el Evangelio de hoy nos reconduce a la última cena, cuando el Señor les dijo a sus Apóstoles: "Éste es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros, como yo los he amado" (Jn 15,12). El texto también conduce a la primera lectura del profeta a Isaías sobre el actuar del Mesías, para recordarnos que la actitud fundamental de los Pastores de la Iglesia es el amor. Es aquel amor que nos empuja a ofrecer la misma vida por los hermanos. Nos dice, en efecto, Jesús: "nadie tiene un amor más grande que éste: dar la vida por los propios amigos"(Jn 15,12).

La actitud fundamental de cada buen Pastor es pues dar la vida por sus ovejas (cfr. Jn 10,15). Esto vale sobre todo para el Sucesor de Pedro, Pastor de la Iglesia universal. Porque cuánto más alto y más universal es el oficio pastoral, tanto más grande tiene que ser la caridad del Pastor. Por esto en el corazón de cada Sucesor de Pedro resuenan siempre las palabras que el Divino Maestro dirigió un día al humilde pescador de Galilea: "Diligis me plus his? Pasce agnos meos… pasce oves meas"; ¿me quieres más que éstos? Apacienta mis corderos… ¡apacienta mis ovejas! (cfr. Jn 21,15-17).

En el surco de este servicio de amor hacia la Iglesia y hacia la humanidad entera, los últimos Pontífices también han sido artífices de muchas iniciativas benéficas hacia los pueblos y la comunidad internacional, promoviendo sin cesar la justicia y la paz. Rogamos para que el futuro Papa pueda continuar esta incesante obra a nivel mundial.

Del resto, este servicio de caridad es parte de la naturaleza íntima de la Iglesia. Lo ha recordado el Papa Benedicto XVI diciéndonos: "también el servicio de la caridad es una dimensión constitutiva de la misión de la Iglesia y es expresión irrenunciable de su misma esencia" (Carta apostólica en forma de Motu proprio Intima Ecclesiae natura, el 11 de noviembre de 2012, proemio; cfr. Carta Encíclica Deus caritas est, n. 25).

Es una misión de caridad que es propia de la Iglesia, y de modo particular es propia de la Iglesia de Roma, que, según la bella expresión de S. Ignacio de Antioquía, es la Iglesia que "preside en la caridad"; "praesidet caritati" (cfr. Ad Romanos, praef.; Lumen gentium, n. 13).

Mis hermanos, oremos para que el Señor nos conceda a un Pontífice que desarrolle con corazón generoso tal noble misión. Se lo pedimos por intercesión de María Santísima, Reina de los Apóstoles, y de todos los Mártires y los Santos que en el curso de los siglos han hecho gloriosa esta Iglesia de Roma. ¡Amén!

8 de marzo de 2013

Domingo 10 de marzo de 2013 - IV CUARESMA C



 HOJA
PARROQUIAL
Parroquia de Sant Francesc de Borja
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Domingo 10 de marzo de 2013  


           DEBERÍAS ALEGRARTE

Queridos hermanos: Hoy la liturgia nos invita a alegrarnos porque se acerca la Pascua, el día de la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte. Estamos en el cuarto domingo de Cuaresma, domingo llamado de la alegría. El Evangelio de hoy nos dice: “deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.” La alegría la perdió el hijo menor al reclamar la parte de la herencia que le correspondía, siendo que su padre no había muerto todavía. La alegría que creía tener, al marchar a un país lejano y vivir perdidamente, era falsa. “Me muero de hambre” se dirá al ser tratado peor que a un cerdo y no poder comer siquiera las algarrobas. Esta alegría la recuperó al ser tratado por el padre como hijo cuando él pedía ser tratado como jornalero: el mejor vestido, anillo, sandalias, ternero cebado, fiesta, música, danzas... La alegría la perdió el hermano mayor, cuando al largarse el hermano menor pensó quitarse de encima al “calavera” de su hermano. Su alegría era falsa al estar sirviendo sin amor. Se le nota que vive sin alegría verdadera, pues vive en la casa del Padre, pero no en las entrañas compasivas del padre. Todo su servicio lo transforma en deuda: su padre le debe un cabrito para celebrar una fiesta con sus amigos. Lo tiene todo, pero no disfruta de lo que tiene. Dice haber cumplido todas las órdenes del padre, pero no quiere entrar en la fiesta por la vuelta del hermano cuando su padre se lo dice. La orden peor cumplida por el hijo mayor: “deberías alegrarte”. El padre de la parábola salió en busca de los dos hijos, del menor cuando aun estaba lejos. Del mayor, que no quería entrar en la fiesta. Hoy sale a tu encuentro para que participes de la alegría verdadera. No hay otra. El banquete pascual de su hijo: la Pascua. Y para acceder a esta fiesta esperan en los confesonarios los confesores. El Sacramento del Perdón, de la Confesión, de la Reconciliación, de la Penitencia, de la Misericordia, de la Conversión, debería llamarse también de la ALEGRÍA. Vuelve, a Casa, vuelve...por Cuaresma, “período de especial solicitud de Dios para perdonar y absolver los pecados: el tiempo de la reconciliación”. (Bto. Juan Pablo II. Homilía 16-III-1980)
Jesús, vuestro párroco

 

 
+   Lectura del santo evangelio según san Lucas 15, 1-3. 11-32


En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: —«Ese acoge a los pecadores y come con ellos.»
Jesús les dijo esta parábola: —«Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte que me toca de la fortuna.” El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer.
Recapacitando entonces, se dijo: “Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros.”
Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo. Su hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo.”
Pero el padre dijo a sus criados: “Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebre­mos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.” Y empezaron el banquete.
Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Este le contestó: “Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud.” Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre: “Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado.” El padre le dijo:
“Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.”»
 Palabra del Señor.

  
1439 El proceso de la conversión y de la penitencia fue descrito maravillosamente por Jesús en la parábola llamada "del hijo pródigo", cuyo centro es "el Padre misericordioso" (Lc 15,11-24): la fascinación de una libertad ilusoria, el abandono de la casa paterna; la miseria extrema en que el hijo se encuentra tras haber dilapidado su fortuna; la humillación profunda de verse obligado a apacentar cerdos, y peor aún, la de desear alimentarse de las algarrobas que comían los cerdos; la reflexión sobre los bienes perdidos; el arrepentimiento y la decisión de declararse culpable ante su padre, el camino del retorno; la acogida generosa del padre; la alegría del padre: todos estos son rasgos propios del proceso de conversión. El mejor vestido, el anillo y el banquete de fiesta son símbolos de esta vida nueva, pura, digna, llena de alegría que es la vida del hombre que vuelve a Dios y al seno de su familia, que es la Iglesia. Sólo el corazón de Cristo que conoce las profundidades del amor de su Padre, pudo revelarnos el abismo de su misericordia de una manera tan llena de simplicidad y de belleza.

En este cuarto domingo de Cuaresma se proclama el Evangelio del padre y de los dos hijos, más conocido como parábola del "hijo pródigo" ( Lc 15,11-32). Este pasaje de san Lucas constituye una cima de la espiritualidad y de la literatura de todos los tiempos. En efecto, ¿qué serían nuestra cultura, el arte, y más en general nuestra civilización, sin esta revelación de un Dios Padre lleno de misericordia? No deja nunca de conmovernos, y cada vez que la escuchamos o la leemos tiene la capacidad de sugerirnos significados siempre nuevos. 

Este texto evangélico tiene, sobre todo, el poder de hablarnos de Dios, de darnos a conocer su rostro, mejor aún, su corazón. Desde que Jesús nos habló del Padre misericordioso, las cosas ya no son como antes; ahora conocemos a Dios: es nuestro Padre, que por amor nos ha creado libres y dotados de conciencia, que sufre si nos perdemos y que hace fiesta si regresamos. Por esto, la relación con él se construye a través de una historia, como le sucede a todo hijo con sus padres: al inicio depende de ellos; después reivindica su propia autonomía; y por último —si se da un desarrollo positivo— llega a una relación madura, basada en el agradecimiento y en el amor auténtico. En estas etapas podemos ver también momentos del camino del hombre en la relación con Dios. Puede haber una fase que es como la infancia: una religión impulsada por la necesidad, por la dependencia. A medida que el hombre crece y se emancipa, quiere liberarse de esta sumisión y llegar a ser libre, adulto, capaz de regularse por sí mismo y de hacer sus propias opciones de manera autónoma, pensando incluso que puede prescindir de Dios. Esta fase es muy delicada: puede llevar al ateísmo, pero con frecuencia esto esconde también la exigencia de descubrir el auténtico rostro de Dios. Por suerte para nosotros, Dios siempre es fiel y, aunque nos alejemos y nos perdamos, no deja de seguirnos con su amor, perdonando nuestros errores y hablando interiormente a nuestra conciencia para volvernos a atraer hacia sí. 
En la parábola los dos hijos se comportan de manera opuesta: el menor se va y cae cada vez más bajo, mientras que el mayor se queda en casa, pero también él tiene una relación inmadura con el Padre; de hecho, cuando regresa su hermano, el mayor no se muestra feliz como el Padre; más aún, se irrita y no quiere volver a entrar en la casa. Los dos hijos representan dos modos inmaduros de relacionarse con Dios: la rebelión y una obediencia infantil. Ambas formas se superan a través de la experiencia de la misericordia. Sólo experimentando el perdón, reconociendo que somos amados con un amor gratuito, mayor que nuestra miseria, pero también que nuestra justicia, entramos por fin en una relación verdaderamente filial y libre con Dios. Queridos amigos, meditemos esta parábola. Identifiquémonos con los dos hijos y, sobre todo, contemplemos el corazón del Padre. Arrojémonos en sus brazos y dejémonos regenerar por su amor misericordioso. Que nos ayude en esto la Virgen María, Mater misericordiae. (Benedicto XVI. Ángelus 14 de marzo de 2010).

 

Señor Jesús, que nos has mostrado en la parábola del Padre misericordioso un retrato vivo del Padre que siempre espera nuestro retorno. Tú que nos has reconciliado con Dios por tu pasión, muerte y resurrección, haciéndote pecado por nosotros, concédenos buscar la reconciliación interior; que no permanezcamos en el pecado. Muéstranos el camino que llega a la casa del Padre, camino que ha quedado abierto de forma luminosa por el Sacramento de la reconciliación. Los miles de confesionarios esparcidos por el mundo, en los cuales los hombres manifiestan los propios pecados, a veces después de muchos años y con el peso de pecados graves, hablan de la bondad misericordiosa de Dios. Concédenos recuperar la alegría y el descanso del perdón de los pecados.
Danos la gracia de desear ardientemente retornar, por medio del examen de conciencia, el arrepentimiento y el propósito de la enmienda. Concédenos confesar nuestros pecados y encontrarnos con el rostro del Padre. (Oración inspirada en Bto. Juan Pablo II. Homilía 16-III-1980)

  
 Por Decreto del Sr. Arzobispo el viernes 15 de marzo se dispensa de la abstinencia de comer carne. 
De lunes a viernes, a las 6’30 de la mañana, se reza la oración comunitaria de Laudes en el Templo parroquial de modo solemne y cantado. Y a las 9.30 h. Oración de la mañana con Exposición del Santísimo Sacramento en la Capilla de la Comunión.
Los viernes de Cuaresma se hará el Ejercicio del Vía Crucis a las 7 tarde. 
Horario confesiones: De lunes a viernes, de 7.00 a 7.30 tarde y antes de las misas de sábado y domingo.

 . 

“Durante la Sede vacante, y sobre todo mientras se desarrolla la elección del Sucesor de Pedro, la Iglesia está unida de modo particular con los Pastores y especialmente con los Cardenales electores del Sumo Pontífice y pide a Dios un nuevo Papa como don de su bondad y providencia. En efecto, a ejemplo de la primera comunidad cristiana, de la que se habla en los Hechos de los Apóstoles (cf. 1, 14), la Iglesia universal, unida espiritualmente a María, la Madre de Jesús, debe perseverar unánimemente en la oración; de esta manera, la elección del nuevo Pontífice no será un hecho aislado del Pueblo de Dios que atañe sólo al Colegio de los electores, sino que en cierto sentido, será una acción de toda la Iglesia”. (Universi Dominici Gregis 84).
Oraciones por el nuevo Papa en la misa diaria: 
“Para que conceda a la Iglesia un pastor que le agrade por su santidad y sirva a su pueblo con vigilante dedicación pastoral, roguemos al Señor”. 
Y en las preces de Laudes y Vísperas: 
“Llena de alegría a tu Iglesia con la elección de un pastor, que con sus virtudes sirva de ejemplo a tu pueblo e ilumine los corazones de los fieles con la verdad del Evangelio”. 
También nos invita nuestro Arzobispo a rezar el Santo Rosario, especialmente en familia o en comunidad, y a visitar el Santísimo Sacramento, para pedir por esta intención.


 


Gracias,
Santo Padre,
por su Magisterio,
por su ejemplo,
por su humildad,
por su sencillez, por su amor a la Iglesia, por mostrar la verdad con caridad y la caridad con verdad.
Gracias Santo Padre.

1. El equipo de Pastoral de la salud se reunirá en los locales parroquiales el lunes 11 a las 10.30 h. 
2. La parroquia, a través de Cáritas, nos invita a ayudar a familias necesitadas con la campaña de la Cuaresma de Caridad, eligiendo de las necesidades clavadas en la cruz de la entrada, aquella en la que queráis colaborar con vuestra aportación. Muchas gracias.
3. MISIÓN VALENCIA “PORTA FIDEI”

En nuestra parroquia se realizará esta misión del lunes 11 al jueves 14 de marzo. Es un momento fuerte de misión. Invitar a todos los feligreses para que puedan venir a vivir esta misión en el Año de la Fe. Comenzará a las 8.30 noche. La misa se retrasará a las 8 de la noche de lunes a jueves y a continuación será la Misión. Su duración no es más de una hora. El predicador será el Vicario de Evangelización de nuestra Diócesis y Vicario Episcopal de la Vicaría III: D. Javier Llopis Portes. Inviten a toda la familia y a cuantos conozcan para este tiempo especial de gracia que es esta misión.


 
Del 11 al 17 de marzo de 2013


Lunes 11.  19.30 h.: En sufragio de Vicente Juan Selfa. 
Martes 12. 19.30 h.: sin intención. 
Miércoles 13. 19.30 h.: En sufragio de  Vicente Juan Selfa. 
Jueves 14. 19.30 h.: sin intención. 
Viernes 15. 19.30 h.: En sufragio de Jesús Boix y familia Salvador Deusa. 
Sábado 16. V CUARESMA. 18.00 h.: Con niños. sin intención. 19.30 h.: sin intención. 21.00 h.: En sufragio de los difuntos de la familia Martí Montaner. 
Domingo 17. V CUARESMA. 12.00 h. Pro Pópulo.



 Hoja Parroquial

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1 de marzo de 2013

Proyecto JUDIT, cumple 10 años.


Domingo 3 de marzo de 2013. III CUARESMA C.


 HOJA
PARROQUIAL
Parroquia de Sant Francesc de Borja
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Domingo 3 de marzo de 2013  


             Una llamada a no perder la Vida
         Queridos hermanos:
Jesús nos apremia a la conversión. La muerte física, causada por la violencia brutal de Pilato o por la desgracia accidental, era considerada como un castigo divino por los pecados de sus víctimas. “La gente, considerándose justa, creía estar a salvo de esa clase de incidentes, pensando que no tenía nada que convertir en su vida. Pero Jesús denuncia esta actitud como una ilusión ... e invita a reflexionar sobre esos acontecimientos, para un compromiso mayor en el camino de conversión, porque es precisamente el hecho de cerrarse al Señor, de no recorrer el camino de la conversión de uno mismo, que lleva a la muerte, la del alma”. (cf. Benedicto XVI. 7-3-2010).
La verdadera muerte es la falta de conversión, de cambio en la vida, de fruto. Por ello la llamada apremiante a la conversión es una llamada a la confianza en la misericordia de Dios y a la propia responsabilidad. Es una llamada a no desesperar de nadie. A ello nos anima la intercesión del viñador, que como Abraham ante Sodoma o Moisés ante Israel, pide un año de gracia. Y además realizará trabajos no habituales en una higuera (cavar alrededor, echar estiércol…). Ante la ausencia de fruto, el viñador, hará más faena, se cansará por algo que no ha dado fruto, Él que es viñador y no cultivador de higos como Amós.
 Otro ejemplo de llamada a la conversión puede ser el Papa Benedicto. La sencillez con la que se ha despedido y su humildad, dando gracias a Dios y agradeciendo a todos curia, cardenales,... fieles por su cercanía, y pidiendo por todos para que podamos "comportarnos de manera digna de Él, de su amor, dando fruto en toda obra buena" (cfr Col 1,9-10).
 Su confianza en la acción de Dios, en la obra de Jesucristo y de su palabra en el corazón de los creyentes. La caridad circula en el corazón de la higuera y nos hace vivir, colaborando con el viñador, en la esperanza de que "la Palabra de verdad del Evangelio es la fuerza de la Iglesia, es su vida. El Evangelio purifica y renueva, da fruto, dondequiera que la comunidad de los creyentes lo escucha y acoge la gracia de Dios en la verdad y en la caridad. Ésta es mi confianza, ésta es mi alegría”.
Y su invitación como llamada a la conversión: "Desearía invitaros a todos a renovar la firme confianza en el Señor, a confiarnos como niños en los brazos de Dios, seguros de que esos brazos nos sostienen siempre y son los que nos permiten caminar cada día, también en la dificultad. Me gustaría que cada uno se sintiera amado por ese Dios que ha dado a su Hijo por nosotros y que nos ha mostrado su amor sin límites." Este amor y este cuidado del Padre y de Jesucristo, nuestro viñador, nos impulsen a la conversión y dar el fruto de amor a Dios y al prójimo.
Jesús, vuestro párroco
 
+   Lectura del santo evangelio según san Lucas 13, 1-9
En una ocasión, se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús les contestó: — «¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera.»
Y les dijo esta parábola: — «Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró.
Dijo entonces al viñador: “Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde?”
Pero el viñador contestó: “Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, la cortas”.»
Palabra del Señor.
  
IV              LA PENITENCIA INTERIOR
1430         Como ya en los profetas, la llamada de Jesús a la conversión y a la penitencia no mira, en primer lugar, a las obras exteriores "el saco y la ceniza", los ayunos y las mortificaciones, sino a la conversión del corazón, la penitencia interior. Sin ella, las obras de penitencia permanecen estériles y engañosas; por el contrario, la conversión interior impulsa a la expresión de esta actitud por medio de signos visibles, gestos y obras de penitencia (cf Jl 2,12-13; Is 1,16-17; Mt 6,1-6. 16-18).

1431         La penitencia interior es una reorientación radical de toda la vida, un retorno, una conversión a Dios con todo nuestro corazón, una ruptura con el pecado, una aversión del mal, con repugnancia hacia las malas acciones que hemos cometido. Al mismo tiempo, comprende el deseo y la resolución de cambiar de vida con la esperanza de la misericordia divina y la confianza en la ayuda de su gracia. Esta conversión del corazón va acompañada de dolor y tristeza saludables que los Padres llamaron "animi cruciatus" (aflicción del espíritu), "compunctio cordis" (arrepentimiento del corazón) (cf Cc. de Trento: DS 1676-1678; 1705; Catech. R. 2, 5, 4).

1432 El corazón del hombre es rudo y endurecido. Es preciso que Dios dé al hombre un corazón nuevo (cf Ez 36,26-27). La conversión es primeramente una obra de la gracia de Dios que hace volver a él nuestros corazones: "Conviértenos, Señor, y nos convertiremos" (Lc 5,21). Dios es quien nos da la fuerza para comenzar de nuevo. Al descubrir la grandeza del amor de Dios, nuestro corazón se estremece ante el horror y el peso del pecado y comienza a temer ofender a Dios por el pecado y verse separado de él. El corazón humano se convierte mirando al que nuestros pecados traspasaron (cf Jn 19,37; Za 12,10).
LA LLAMADA A LA PENITENCIA
“El abad Menas dice en el Prado espiritual: «A toda edad es necesaria la penitencia, tanto a los jóvenes como a los ancianos, si se quiere gozar de la alabanza y de la gloria en la vida eterna: los jóvenes inclinando la cabeza bajo el yugo cuando se despierta la pasión, los mayores tratando de cambiar las malas tendencias a las que están habituados desde hace tiempo».
A la penitencia se le llama nuevo Bautismo: «La penitencia —dice san Juan Clímaco— renueva el Bautismo; la penitencia es un pacto con Dios para una nueva vida». Un buen número de escritores espirituales ha recogido y comentado la expresión de san Gregorio Nacianceno: «Bautismo de lágrimas».
La penitencia de los ninivitas ha inspirado a muchos predicadores. San Efrén, cuando habla de ella, se siente transportado de entusiasmo: «El alma ha muerto por el pecado... Las lágrimas que caen en un cuerpo no podrían resucitar un cadáver; pero si caen en un alma la resucitan, la hacen revivir».
Ningún pecado es tan grave que no pueda ser perdonado con el arrepentimiento. La enseñanza de san Basilio se puede comparar con un díptico. Por una parte, se lee: todos los pecados son muy graves; y por otra: todos los pecados son perdonados por Dios si hacemos una adecuada penitencia. El problema estaba en lo que hoy llamamos «pecadores habituales». Algunos los juzgan severamente. Pero san Juan Crisóstomo insiste magníficamente en el aspecto de la penitencia realizada con fe. Las recaídas en el pecado no deben ser para el culpable motivo de desesperación. Algunos advierten del peligro de que se agote la paciencia divina, pero Crisóstomo parece temer sobre todo la desesperación del pecador tras la repetición de los pecados. «Lo importante es no desesperar», son las últimas palabras de su mensaje A Teodoro caído. En sus homilías se esfuerza en demostrar la facilidad del perdón: «¿Has pecado? Di a Dios: he pecado. ¿Qué problema hay en eso?». (T. Spidlik. El camino del Espíritu).

LA NECESIDAD DE LA CONVERSIÓN

“La página del evangelio de san Lucas, que se proclama en este tercer domingo de Cuaresma, refiere el comentario de Jesús sobre dos hechos de crónica. El primero: la revuelta de algunos galileos, que Pilato reprimió de modo sangriento; el segundo, el desplome de una torre en Jerusalén, que causó dieciocho víctimas. Dos acontecimientos trágicos muy diversos:  uno, causado por el hombre; el otro, accidental. Según la mentalidad del tiempo, la gente tendía a pensar que la desgracia se había abatido sobre las víctimas a causa de alguna culpa grave que habían cometido. (...) En  ambos casos, concluye:  "No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo" (Lc 13, 3.5).
Por tanto, el mensaje que Jesús quiere transmitir a sus oyentes es la necesidad de la conversión. No la propone en términos moralistas, sino realistas, como la única respuesta adecuada a acontecimientos que ponen en crisis las certezas humanas. Ante ciertas desgracias —advierte— no se ha de atribuir la culpa a las víctimas. La verdadera sabiduría es, más bien, dejarse interpelar por la precariedad de la existencia y asumir una actitud de responsabilidad: hacer penitencia y mejorar nuestra vida. (...) Cristo invita a responder al mal, ante todo, con un serio examen de conciencia y con el compromiso de purificar la propia vida. De lo contrario —dice— pereceremos, pereceremos todos del mismo modo. En efecto, las personas y las sociedades que viven sin cuestionarse jamás tienen como único destino final la ruina. En cambio, la conversión, aunque no libra de los problemas y de las desgracias, permite afrontarlos de "modo" diverso. Ante todo, ayuda a prevenir el mal, desactivando algunas de sus amenazas. Y, en todo caso, permite vencer el mal con el bien, si no siempre en el plano de los hechos —que a veces son independientes de nuestra voluntad—, ciertamente en el espiritual. En síntesis:  la conversión vence el mal en su raíz, que es el pecado, aunque no siempre puede evitar sus consecuencias. (Benedicto XVI. Ángelus. Domingo 11 de marzo de 2007).
 
Para que conceda a todos los fieles estar unidos con los Pastores de la Iglesia y especialmente con los Cardenales electores del Sumo Pontífice, así como un nuevo Papa como un regalo de tu bondad y providencia. Oremos

Para que ilumine a los electores del nuevo Papa y los haga tan concordes en su cometido que se alcance una pronta, unánime y fructuosa elección, como requiere la salvación de las almas y el bien de todo el Pueblo de Dios. Oremos

Para que conceda a la Iglesia un pastor que le agrade por su santidad y sirva a su pueblo con vigilante dedicación pastoral. Oremos
  
   · Todos los viernes de Cuaresma son días de abstinencia de comer carne.
· De lunes a viernes, a las 6’30 de la mañana, se reza la oración comunitaria de Laudes en el Templo parroquial de modo solemne y cantado. Y a las 9.30 h. Oración de la mañana con Exposición del Santísimo Sacramento en la Capilla de la Comunión.
· Los viernes de Cuaresma se hará el Ejercicio del Vía Crucis a las 7 tarde.
· Horario confesiones: De lunes a viernes, de 7.00 a 7.30 tarde y antes de las misas de sábado y domingo.
 . 
“Durante la Sede vacante, y sobre todo mientras se desarrolla la elección del Sucesor de Pedro, la Iglesia está unida de modo particular con los Pastores y especialmente con los Cardenales electores del Sumo Pontífice y pide a Dios un nuevo Papa como don de su bondad y providencia. En efecto, a ejemplo de la primera comunidad cristiana, de la que se habla en los Hechos de los Apóstoles (cf. 1, 14), la Iglesia universal, unida espiritualmente a María, la Madre de Jesús, debe perseverar unánimemente en la oración; de esta manera, la elección del nuevo Pontífice no será un hecho aislado del Pueblo de Dios que atañe sólo al Colegio de los electores, sino que en cierto sentido, será una acción de toda la Iglesia”. (Universi Dominici Gregis 84).
Oraciones por el nuevo Papa en la misa diaria: “Para que conceda a la Iglesia un pastor que le agrade por su santidad y sirva a su pueblo con vigilante dedicación pastoral, roguemos al Señor”. Y en las preces de Laudes y Vísperas: “Llena de alegría a tu Iglesia con la elección de un pastor, que con sus virtudes sirva de ejemplo a tu pueblo e ilumine los corazones de los fieles con la verdad del Evangelio”. También nos invita nuestro Arzobispo a rezar el Santo Rosario, especialmente en familia o en comunidad, y a visitar el Santísimo Sacramento, para pedir por esta intención.
 


Gracias,
Santo Padre,
por su Magisterio,
por su ejemplo,
por su humildad,
por su sencillez, por su amor a la Iglesia, por mostrar la verdad con caridad y la caridad con verdad.
Gracias Santo Padre.
1. El lunes 4 de marzo a las 20.30 h. el grupo del Itinerario Diocesano de Renovación tendrá una celebración.
2. El mismo lunes se reunirá el grupo de oración a las 20.30 h..
3. El martes 5 de marzo a las 5.30 tarde tendrá lugar el retiro de cuaresma para profesores de religión en las Agustinas de Denia.
4. El miércoles 6 de marzo a las 17.30 en la capilla de la comunión será la oración mensual organizada por el Equipo de Cáritas parroquial.
5. El jueves 7 de marzo (primer jueves de mes) a las 20.30 h. será la Adoración del Santísimo Sacramento mensual.
6. El viernes 8 de marzo (segundo viernes de mes) a las 21.30 h. tendrá lugar la oración arciprestal con jóvenes en las Clarisas de Gandía.
7. El sábado 9 de marzo en Valencia tendrá lugar el encuentro Diocesano de Pastoral de la Salud. Interesados contactar con D. Arturo.
8. El mismo sábado de 10.00 h. a 13.30 h. en la parroquia de San José de Tavernes de la Valldigna tendrá lugar el retiro espiritual para catequistas del arciprestazgo.
9. El mismo sábado en la misa de 6 será la Renovación de las Promesas del Bautismo con los niños de 3º de comunión.
10.  El domingo 10 de marzo es el Día del Seminario
11.  El proyecto de desarrollo integral de la mujer (JUDIT) cumple diez años. Cáritas Interparroquial de Gandía organiza una serie de actos del 4 al 8 de marzo: Exposición fotográfica en la sala de exposiciones Espai d’Art, conferencia el jueves 7 de marzo a las 20.00 h. en la casa de la Cultura Marqués González y Eucaristía de acción de gracias el viernes 8 a las 13.00 h. en la Parroquia de Cristo Rey.
12. MISIÓN VALENCIA “PORTA FIDEI”
En nuestra parroquia se realizará esta misión del 11 al 14 de marzo. Invitar a todos los feligreses a unirse en este tiempo con la oración y con la propuesta misionera a personas de nuestro entorno para que puedan venir a vivir esta misión en el Año de la Fe.
 
Del 4 al 10 de marzo de 2013

Lunes 4.  19.30 h.: En sufragio de Octavio Monllor Colomina, Rogelio Roselló, y Vicente Juan Selfa. 
Martes 5. 19.30 h.: sin intención. 
Miércoles 6. 19.30 h.: En sufragio de los difuntos de la familia Estruch—Olaso. 
Jueves 7. 19.30 h.: En sufragio de Amparo Buendía Mena y difuntos familia. 
Viernes 8. 19.30 h.: En sufragio de Antonio Casanova y Mª Dolores Gómez Gasent. 
Sábado 9. IV CUARESMA. 18.00 h.: Con niños. sin intención. 19.30 h.: sin intención. 21.00 h.: sin intención. 
Domingo 10. IV CUARESMA. 12.00 h. Pro Pópulo.


 Hoja Parroquial

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