20 de marzo de 2020

Domingo 22 de marzo de 2020. 4 CUA A.

   
   
                   Queridos hermanos:
Quiero compartir con vosotros en estos momentos de tempestad algunas palabras. La barca de la humanidad y de la Iglesia está siendo zarandeada, golpeada, por estas olas y parece vaya a naufragar. Los discípulos están confinados en la barca. No pueden salir. El viento es contrario. Las olas amenazan inundar la barca. Pero Jesús camina sobre las aguas y nos dice: “¡Ánimo! Que soy yo; no temáis” (Mt 14, 27). Si Él está no tememos: “Los que temen al Señor vivirán, porque su esperanza está en aquel que los salva. Quien teme al Señor de nada tiene miedo, de nada se acobarda, porque él es su esperanza.  Dichoso el que teme al Señor: ¿en quién confía?, ¿quién es su apoyo? Los ojos del Señor están fijos en los que lo aman, él es para ellos protección poderosa, apoyo firme, refugio contra el viento abrasador y el calor del mediodía, defensa para no tropezar, auxilio para no caer. Él levanta el ánimo, ilumina los ojos, da salud, vida y bendición. (Eclo 34,13-17)
Nos puede servir la imagen del Arca de Noé y algunos otros santos confinamientos. Y un texto bíblico citado en un documento recién salido de la Penitenciaria Apostólica del Vaticano este 20 de marzo de 2020. Este documento utiliza un texto de la carta de San Pablo a los Romanos muy oportuno: “Con la alegría de la esperanza; constantes en la tribulación; perseverantes en la oración” (Rm 12,12). O la traducción de la Conferencia Episcopal: “Que la esperanza os tenga alegres; manteneos firmes en la tribulación, sed asiduos en la oración”.
A lo largo de los próximos días aportaremos nuestro granito de pan, nuestra migaja que alimente la esperanza, nos dé firmeza en medio de esta tribulación y nos permita una mayor intimidad en la oración con el Señor de forma que el amor y la alegría sea el brillo que desprenda nuestro rostro, como lo desprendió Moisés tras bajar del Sinaí (cf. Ex 34, 29-35).

Jesús, vuestro párroco
+ Lectura del santo evangelio según san Juan 9, 1. 6-9. 13-17. 34-38

En aquel tiempo, al pasar, vio Jesús a un hombre ciego de nacimiento.
Entonces escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego, y le dijo:
«Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado)».
Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban:
«¿No es ese el que se sentaba a pedir?».
Unos decían: «El mismo». Otros decían: «No es él, pero se le parece». Él respondía: «Soy yo».
Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista.
Él les contestó: «Me puso barro en los ojos, me lavé y veo».
Algunos de los fariseos comentaban: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado».
Otros replicaban: «¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?». Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego:  «Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?».
Él contestó: «Que es un profeta».
Le replicaron: «Has nacido completamente empecatado, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?».
Y lo expulsaron.
Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: «¿Crees tú en el Hijo del hombre?». Él contestó: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?».
Jesús le dijo: «Lo estás viendo: el que te está hablando, ese es». Él dijo: «Creo, Señor». Y se postró ante él.
Palabra del Señor.
PERSEVERAR EN EL AMOR

2742         "Orad constantemente" (1 Ts 5, 17), "dando gracias continuamente y por todo a Dios Padre, en nombre de Nuestro Señor Jesucristo" (Ef 5, 20), "siempre en oración y suplica, orando en toda ocasión en el Espíritu, velando juntos con perseverancia e intercediendo por todos los santos" (Ef 6, 18)."No nos ha sido prescrito trabajar, vigilar y ayunar constantemente; pero sí tenemos una ley que nos manda orar sin cesar" (Evagrio, cap. pract. 49). Este ardor incansable no puede venir más que del amor. Contra nuestra inercia y nuestra pereza, el combate de la oración es el del amor humilde, confiado y perseverante. Este amor abre nuestros corazones a tres evidencias de fe, luminosas y vivificantes:

2743 Orar es siempre posible: El tiempo del cristiano es el de Cristo resucitado que está "con nosotros, todos los días" (Mt 28, 20), cualesquiera que sean las tempestades (cf Lc 8, 24). Nuestro tiempo está en las manos de Dios:
Es posible, incluso en el mercado o en un paseo solitario, hacer una frecuente y fervorosa oración. Sentados en vuestra tienda, comprando o vendiendo, o incluso haciendo la cocina (San Juan Crisóstomo, ecl.2).

2744 Orar es una necesidad vital: si no nos dejamos llevar por el Espíritu caemos en la esclavitud del pecado (cf Ga 5, 16-25). ¿Cómo puede el Espíritu Santo ser "vida nuestra", si nuestro corazón está lejos de él?

Nada vale como la oración: hace posible lo que es imposible, fácil lo que es difícil. Es imposible que el hombre que ora pueda pecar (San Juan Crisóstomo, Anna 4, 5)
Quien ora se salva ciertamente, quien no ora se condena ciertamente (San Alfonso María de Ligorio, mez.).

2745 Oración y vida cristiana son inseparables porque se trata del mismo amor y de la misma renuncia que procede del amor. La misma conformidad filial y amorosa al designio de amor del Padre. La misma unión transformante en el Espíritu Santo que nos conforma cada vez más con Cristo Jesús. El mismo amor a todos los hombres, ese amor con el cual Jesús nos ha amado. "Todo lo que pidáis al Padre en mi Nombre os lo concederá. Lo que os mando es que os améis los unos a los otros" (Jn 15, 16-17).
Ora continuamente el que une la oración a las obras y las obras a la oración. Sólo así podemos encontrar realizable el principio de la oración continua (Orígenes, or. 12).
EL EVANGELIO COMENTADO POR EL PAPA

“En el centro del Evangelio de este cuarto domingo de Cuaresma se encuentran Jesús y un hombre ciego desde el nacimiento (cf Juan 9, 1-41). Cristo le devuelve la vista y obra este milagro con una especie de rito simbólico: primero mezcla la tierra con la saliva y la unta en los ojos del ciego; luego le ordena ir a lavarse en la piscina de Siloé. Ese hombre va, se lava, y se aclara la vista. Era ciego desde el nacimiento. Con este milagro Jesús se manifiesta y se manifiesta a nosotros como luz del mundo; y el ciego de nacimiento nos representa a cada uno de nosotros, que hemos sido creados para conocer a Dios, pero a causa del pecado somos como ciegos, necesitamos una luz nueva; todos necesitamos una luz nueva: la de la fe, que Jesús nos ha donado. Efectivamente ese ciego del Evangelio aclarando la vista se abre al misterio de Cristo. Jesús le pregunta: «¿Tú crees en el Hijo del hombre?» (v. 35). «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?», responde el ciego sanado (v. 36): «Creo, Señor» y se postró ante Jesús (v. 37).
Este episodio nos lleva a reflexionar sobre nuestra fe, nuestra fe en Cristo, el Hijo de Dios, y al mismo tiempo se refiere también al Bautismo, que es el primer sacramento de la fe: el sacramento que nos hace “venir a la luz”, mediante el renacimiento del agua y del Espíritu Santo; así como le sucede al ciego de nacimiento, al cual se le abren los ojos después de haberse lavado en el agua de la piscina de Siloé. El ciego de nacimiento sanado nos representa cuando no nos damos cuenta de que Jesús es la luz, es «la luz del mundo», cuando miramos a otro lado, cuando preferimos confiar en pequeñas luces, cuando nos tambaleamos en la oscuridad. El hecho de que ese ciego no tenga un nombre nos ayuda a reflejarnos con nuestro rostro y nuestro nombre en su historia. También nosotros hemos sido “iluminados” por Cristo en el Bautismo, y por ello estamos llamados a comportarnos como hijos de la luz. Y comportarse como hijos de la luz exige un cambio radical de mentalidad, una capacidad de juzgar hombres y cosas según otra escala de valores, que viene de Dios. El sacramento del Bautismo, efectivamente, exige la elección de vivir como hijos de la luz y caminar en la luz. Si ahora os preguntase: “¿Creéis que Jesús es el Hijo de Dios? ¿Creéis que puede cambiaros el corazón? ¿Creéis que puede hacer ver la realidad como la ve Él, no como la vemos nosotros? ¿Creéis que Él es la luz, nos da la verdadera luz?” ¿Qué responderíais? Que cada uno responda en su corazón.
¿Qué significa tener la verdadera luz, caminar en la luz? Significa ante todo abandonar las luces falsas: la luz fría y fatua del prejuicio contra los demás, porque el prejuicio distorsiona la realidad y nos carga de rechazo contra quienes juzgamos sin misericordia y condenamos sin apelo. ¡Este es el pan de todos los días! Cuando se chismorrea sobre los demás, no se camina en la luz, se camina en las sombras. Otra falsa luz, porque es seductora y ambigua, es la del interés personal: si valoramos hombres y cosas en base al criterio de nuestra utilidad, de nuestro placer, de nuestro prestigio, no somos fieles la verdad en las relaciones y en las situaciones. Si vamos por este camino del buscar solo el interés personal, caminamos en las sombras.
La Virgen Santa, que en primer lugar acogió a Jesús, luz del mundo, nos obtenga la gracia de acoger nuevamente en esta Cuaresma la luz de la fe, redescubriendo el don inestimable del Bautismo, que todos nosotros hemos recibido. Y que esta nueva iluminación nos transforme en las actitudes y en las acciones, para ser también nosotros, a partir de nuestra pobreza, de nuestras pequeñeces, portadores de un rayo de la luz de Cristo. (Francisco. Ángelus. 26-3-2017).
Oración del Papa a la Virgen María
Oh María, Tú resplandeces siempre  en nuestro camino
como signo de salvación y esperanza.
Nosotros nos encomendamos a Ti,
salud de los enfermos, que ante la Cruz
fuiste asociada al dolor de Jesús manteniendo firme tu fe.
Tú, Madre de Dios de los Desamparados,
sabes lo que necesitamos y estamos seguros
de que proveerás para que,  como en Caná de Galilea,
pueda regresar la alegría y la fiesta  después de este momento de prueba.
Ayúdanos, Madre del Divino Amor, a conformarnos a la voluntad del Padre
y a hacer lo que nos dirá Jesús,
que ha tomado sobre sí nuestros sufrimientos.
Y ha tomado sobre sí nuestros dolores para llevarnos, a través de la Cruz,
al gozo de la Resurrección. Amén.
Bajo tu protección, buscamos refugio,
Santa Madre de Dios.
No desprecies las súplicas  de los que estamos en la prueba
y líbranos de todo peligro,  ¡oh Virgen gloriosa y bendita!
COMUNICADO DE LA ARCHIDIÓCESIS DE VALENCIA
14 de marzo de 2020

La Archidiócesis de Valencia comunica la suspensión de celebración pública de la Misa con asistencia de fieles en todos los templos Archidiócesis de Valencia, 14 de marzo.-

El Cardenal Arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, tras las medidas ordenadas por el Gobierno, comunica la necesaria adopción de nuevas disposiciones de urgencia siguiendo las indicaciones de las autoridades gubernamentales, para frenar la pandemia del COVID-19.

Ante esta situación la Archidiócesis de Valencia comunica que quedan suspendidas las celebraciones públicas de la Santa Misa con fieles en todas las iglesias.

Asimismo, apelando a la responsabilidad se considera necesario suspender todos los actos públicos previos así como las procesiones de Semana Santa, atendiendo a la excepcional situación que compartimos todos, y agradeciendo la comprensión de todos los fieles.

Se reitera la petición de que los fieles sigan la Santa Misa a través de los medios de comunicación u otros canales de distribución. (LA 8 MEDITERRANEO TV, CANAL YOUTUBE de la Catedral de Valencia, COPE, La 13, RNE, TVE), y que los fieles que participen de la Eucaristía a través de estos medios, y por tanto, no presencial, hagan la comunión espiritual, recuperando la práctica tradicional de la iglesia como medio de comunión eclesial.

A los sacerdotes, que celebrarán en privado la Eucaristía, que incluyan peticiones para la erradicación de la pandemia, y por los fallecidos, enfermos y sus familias, y también por los profesionales sanitarios abnegados, y dedicados a costa de sus propias vidas a salvaguardar las nuestras pensando en el bien común.

Asimismo, se transmite a los fieles que los sacerdotes permanecerán siempre disponibles para la atención espiritual, especialmente para los enfermos y necesitados de consuelo espiritual.

Respecto a las celebraciones fúnebres, en los funerales se realizarán con la celebración de la Palabra posponiéndose las Misas Exequiales. En cuanto a los bautizos y bodas programados, que se realicen siguiendo las directrices de las autoridades sanitarias, y los que no estén programados, que se pospongan, -en el caso de los bautizos, exceptuando el peligro de muerte-.

“La gran manifestación de solidaridad y cercanía con la totalidad de nuestro pueblo, es que elevemos nuestra plegaria y clamemos desde lo hondo al Señor, infinito en su compasión, que tenga piedad y nos bendiga. Su bendición es comprensión, colaboración, y verdad que se realiza en el amor. Supliquemos a Dios y a la santísima Virgen, Madre de los Desamparados, implorando su auxilio”.





Del 23 al 29 de marzo de 2020
Lunes 23. Santo Toribio de Mogrovejo, obispo. 19.30 h.: En sufragio de: Rvdo. D. Rafael Reig Armiñana; José Antonio Cabanilles.    
Martes 24. 19.30 h.: En sufragio de: Sor Mª José; Francisco Rodríguez Melis.
Miércoles 25. Solemnidad de la Anunciación del Señor. 19.30 h.: En sufragio de: Rvdo. P. Conrado.
Jueves 26. 19.30 h.: En sufragio de: Rvdo. P. Bartolomé.
Viernes 27. 19.30 h.: En sufragio de: Joaquín y Dolores.
Sábado 28. Por la tarde: QUINTO DOMINGO DE CUARESMA.
19.30 h.: En sufragio de: Fernando y Carmen; Rosendo Roche; José y Carmen e hijo José.
Domingo 29. QUINTO DOMINGO DE CUARESMA.
11.30 h.: Pro Pópulo.
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Puedes descargar la Hoja Parroquial:


13 de marzo de 2020

Domingo 15 de marzo de 2020. 3 CUA A.

   
   
                  Querido hermanos:
El pasado jueves, 12 de marzo el Papa hizo una oración implorando a la Virgen su protección ante el coronavirus y pide a los católicos rezar esta oración a la Madre de Dios. Os invitamos a rezarla, confiando en su intercesión:
 Oración del Papa a la Virgen María
Oh María,
Tú resplandeces siempre
en nuestro camino
como signo de salvación y esperanza.
Nosotros nos encomendamos a Ti,
salud de los enfermos,
que ante la Cruz
fuiste asociada al dolor de Jesús
manteniendo firme tu fe.
Tú, Madre de Dios de los Desamparados,
sabes lo que necesitamos
y estamos seguros
de que proveerás para que,
como en Caná de Galilea,
pueda regresar la alegría y la fiesta
después de este momento de prueba.
Ayúdanos, Madre del Divino Amor,
a conformarnos a la voluntad del Padre
y a hacer lo que nos dirá Jesús,
que ha tomado sobre sí
nuestros sufrimientos.
Y ha tomado sobre sí nuestros dolores
para llevarnos, a través de la Cruz,
al gozo de la Resurrección. Amén.
Bajo tu protección,
buscamos refugio,
Santa Madre de Dios.
No desprecies las súplicas
de los que estamos en la prueba
y líbranos de todo peligro,
¡oh Virgen gloriosa y bendita!
+ Lectura del santo evangelio según san Juan 4, 5-15. 19b-26. 39a. 40-42

En aquel tiempo, llegó Jesús a una ciudad de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el pozo de Jacob.
Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al pozo. Era hacia la hora sexta.
Llega una mujer de Samaría a sacar agua, y Jesús le dice:
«Dame de beber».
Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida.
La samaritana le dice: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» (porque los judíos no se tratan con los samaritanos).
Jesús le contestó: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice “dame de beber”, le pedirías tú, y él te daría agua viva».
La mujer le dice: «Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?».
Jesús le contestó: «El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna».
La mujer le dice: «Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla. Veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén».
Jesús le dice: «Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que lo adoren así. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y verdad».
La mujer le dice: «Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo».
Jesús le dice: «Soy yo, el que habla contigo».
En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él por el testimonio que había dado la mujer: «Me ha dicho todo lo que he hecho».
Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer:
«Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo».
Palabra del Señor.
2560         "Si conocieras el don de Dios"(Jn 4, 10). La maravilla de la oración se revela precisamente allí, junto al pozo donde vamos a buscar nuestra agua: allí Cristo va al encuentro de todo ser humano, es el primero en buscarnos y el que nos pide de beber. Jesús tiene sed, su petición llega desde las profundidades de Dios que nos desea. La oración, sepámoslo o no, es el encuentro de la sed de Dios y de sed del hombre. Dios tiene sed de que el hombre tenga sed de El (cf San Agustín, quaest. 64, 4).
EL EVANGELIO COMENTADO POR EL PAPA

El Evangelio de este domingo, el tercero de Cuaresma, nos presenta el diálogo de Jesús con la samaritana (cf. Juan 4, 5-42). El encuentro tiene lugar mientras Jesús atravesaba Samaria, región entre Judea y Galilea, habitada por gente que los judíos despreciaban, considerándoles cismáticos y heréticos. Pero precisamente esta población será una de las primeras en adherir a la predicación cristiana de los apóstoles. Mientras que los discípulos van al pueblo a buscar comida, Jesús se queda junto un pozo y pide a una mujer, que había ido allí para recoger agua, que le dé de beber. Y de esta petición comienza un diálogo. «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?». Jesús responde: «Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: “dame de beber”, tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua viva […] el que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para la vida eterna» (vv. 10-14).
Ir al pozo por agua es cansado y aburrido; ¡sería bonito tener a disposición una fuente brotando! Pero Jesús habla de un agua diferente. Cuando la mujer se da cuenta que el hombre con el que está hablando es un profeta, le confía la propia vida y le plantea cuestiones religiosas. Su sed de afecto y de vida plena no ha sido apagada por los cinco maridos que ha tenido, es más, ha experimentado desilusiones y engaños. Por eso la mujer queda impresionada del gran respeto que Jesús tiene por ella cuando Él le habla incluso de la verdadera fe, como relación con Dios Padre «en espíritu y verdad», entonces intuye que ese hombre podría ser el Mesías y Jesús —algo rarísimo— lo confirma: «yo soy, el que está hablando» (v. 26). Él dice que es el Mesías a una mujer que tenía una vida tan desordenada.
Queridos hermanos, el agua que dona la vida eterna ha sido derramada en nuestros corazones en el día de nuestro Bautismo; entonces Dios nos ha transformado y llenado de su gracia. Pero puede darse que este gran don lo hemos olvidado, o reducido a un mero dato personal; y quizá vamos en busca de “pozos” cuyas aguas no nos sacian. Cuando olvidamos el agua verdadera, buscamos pozos que no tienen aguas limpias. ¡Entonces este Evangelio es precisamente para nosotros! No solo para la samaritana, para nosotros. Jesús nos habla como a la samaritana. Cierto, nosotros ya lo conocemos, pero quizá todavía no lo hemos encontrado personalmente. Sabemos quién es Jesús, pero quizá no lo hemos encontrado personalmente, hablando con Él, y no lo hemos reconocido todavía como nuestro Salvador. Este tiempo de Cuaresma es una buena ocasión para acercarse a Él, encontrarlo en la oración en un diálogo de corazón a corazón, hablar con Él, escucharle; es una buena ocasión para ver su rostro también en el rostro de un hermano y de una hermana que sufre. De esta forma podemos renovar en nosotros la gracia del Bautismo, saciar nuestra sed en la fuente de la Palabra de Dios y de su Espíritu Santo; y así descubrir también la alegría de convertirse en artífices de reconciliación e instrumentos de paz en la vida cotidiana.
La Virgen María nos ayude a recurrir constantemente a la gracia, a esa agua que mana de la roca que es Cristo Salvador, para que podamos profesar con convicción nuestra fe y anunciar con alegría las maravillas del amor de Dios, misericordioso y fuente de todo bien. “(Francisco. Ángelus. 19-3-2020).
San José, custodio de la Iglesia y protector del género humano, te pedimos por los que de una forma u otra custodian la salud, precioso bien común, ya sean los gobiernos, las autoridades sanitarias, los médicos, el personal sanitario, los afectados, sus familias, por los que han fallecido víctimas de la enfermedad, de esta enfermedad y de toda enfermedad. San José, esposo de la Virgen María, sigue cuidando y protegiéndonos.
ALGUNAS FRASES EN TORNO
A LA
EUTANASIA
3
“La vida ya no es digna si no tiene «calidad»”
Hoy se maneja un concepto de dignidad que la identifica con calidad de vida y se entiende que una vida de calidad es una vida sin sufrimiento. Se produce una identificación creciente entre la vida misma y la llamada “calidad de vida”, medida sobre todo por criterios de bienestar físico, de posesión y de prestigio social. Según esto, la vida débil, enferma o sufriente, no podría ser en modo alguno una “vida con calidad”.
Llamar muerte digna a la eliminación de un ser humano es una perversión ética del lenguaje. Por mucha confusión que se quiera crear, no hay dudas sobre este tema, puesto que se trata de quitar la vida a una persona, aunque sea con su consentimiento. Fuente: Conferencia Episcopal Española.

COMUNICADO DEL ARZOBISPADO DE VALENCIA
ANTE EL CORONAVIRUS
Archivalencia, 9 de marzo.-
Ante los hechos ya constatados de la desgracia colectiva del contagio por coronavirus (COVID-19), el Arzobispado de Valencia manifiesta, en primer lugar, la cercanía y solidaridad con los infectados, sus familiares y personas allegadas. Oramos por todos ellos y rogamos a todos que tengan presentes las directrices facilitadas por la Conferencia Episcopal Española.

Por su parte, el Arzobispado de Valencia quiere reiterar la necesidad de seguir las recomendaciones de las autoridades sanitarias, ante la previsible afluencia de devotos en las celebraciones litúrgicas del tiempo de Cuaresma y la celebración de la Festividad de San José, y se recuerda como obligación:

1.- Que se atengan a las normas y criterios que marcan las autoridades sanitarias.

2.- Que en las Iglesias se retire el agua bendita de las pilas de los templos.

3.- Que la comunión se reciba y dé en la mano.

4.- En el rito de la paz se limite a un gesto de inclinación de cabeza junto a las palabras “la paz contigo”, sin entrar en contacto entre personas, mucho menos con demostraciones como abrazos o proximidad que facilite la propagación o contagio.

5.- No sé dé ni tome la comunión bajo las dos especies. En caso de concelebración, que los sacerdotes lo hagan por intinción.

6.- En este tiempo de Cuaresma donde se incrementan los actos de piedad en torno a las imágenes de devoción, se limite a una inclinación profunda, o mandando un beso con la mano ante las sagradas imágenes , es decir, se realice el gesto sin entrar en contacto con dichas imágenes.

Por último, reiterar en todos los casos, atenerse a las recomendaciones y directrices de las autoridades sanitarias, publicadas a través de los canales oficiales, entre ellos de la Conselleria de Sanitat http://www.san.gva.es/coronavirus y Presidencia del Gobierno https://www.mscbs.gob.es.
¿DÓNDE ESTÁ TU HERMANO?
Queremos invitar a la comunidad parroquial a ser custodios, guardianes de sus hermanos, colaborando con su aportación en las diversas necesidades que aparecerán en la cruz que pondremos a la entrada de la Iglesia.
Podréis entregar las ayudas en sobres donde se especifique la ayuda concreta o entregándolo a los sacerdotes o en el buzón parroquial.
Muchas gracias en nombre de los que más lo necesitan.
Por otro lado, el Equipo de Cáritas requiere cambiar su equipo informático por quedarse obsoleto. Solicitamos también su ayuda generosa para esto.
1. Todos los viernes de Cuaresma son días de abstinencia de comer carne.
2. El viernes a las 18.30 h. se rezará el Rosario y a las 19.00 h. el Ejercicio del Vía Crucis.
El miércoles 18 por la tarde y el jueves 19 de marzo celebraremos la solemnidad de San José. El horario de misas indicado más abajo.
3. El sábado 21 de marzo habrá reunión con los padres de los niños que comulgan en esta Pascua a las 16.30 h. en los locales parroquiales.

Del 16 al 22 de marzo de 2020
Lunes 16. 19.30 h.: En sufragio de: D. Rafael Calatayud; Vicente Pla Escolano.
Martes 17. San Patricio, obispo. 19.30 h.: Sin intención.
Miércoles 18. Por la mañana: San Cirilo de Jerusalén, obispo y doctor.
Por la tarde: SOLEMNIDAD DE SAN JOSÉ,
ESPOSO DE LA VIRGEN MARÍA.
18.00 h.: Con niños. Sin intención.
19.30 h.: Sin intención.
Jueves 19. SOLEMNIDAD DE SAN JOSÉ,
ESPOSO DE LA VIRGEN MARÍA. 10.00 h.: Sin intención.
11.30 h.: Pro Pópulo.
19.30 h.: Sin intención.
Viernes 20. 19.30 h.: En sufragio de: Dif. Fam. Espí - Sanchís
Sábado 21.
Por la tarde: CUARTO DOMINGO DE CUARESMA.
Domingo "Laetare".
18.00 h.: Con niños. Sin intención.
19.30 h.: Sin intención.
21.00 h.: Sin intención.
Domingo 22. CUARTO DOMINGO DE CUARESMA.
Domingo "Laetare".
10.00 h.: Sin intención.
11.30 h.: Pro Pópulo.
19.30 h.: En sufragio de: Julio Iranzo.
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Puedes descargar la Hoja Parroquial: