9 de febrero de 2013

Domingo 10 de febrero de 2013. V TO C



HOJA
PARROQUIAL

Parroquia de Sant Francesc de Borja
Email de la parroquia: sfb500@gmail.com


Domingo 10 de febrero de 2013.



                  Queridos hermanos:
Hemos escuchado en el Evangelio la frase tan hermosa de Jesús en este relato de la vocación de San Pedro: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres».
Esta es sin duda la misión de la Iglesia: pescar hombres. Es verdad que esta misión se puede plantear con otras imágenes de la agricultura (sembrar la semilla de la Palabra), o de la ganadería (pastorear ovejas), o de la arquitectura (edificar la casa sobre buen cimiento…), pero la de pescar es muy sugerente.
Estando en un contexto de nueva evangelización, con todo, parece haber un cierto miedo a plantear la situación del hombre que requiere ser pescado, o no acabar de ver lo mal que se está sin ser pescado. Arrancar a un hombre de las aguas de la muerte es, sin duda, una tarea insustituible.
En la misa en que inauguraba su ministerio petrino, el papa Benedicto XVI decía en su homilía: “para el pez, creado para vivir en el agua, resulta mortal sacarlo del mar. Se le priva de su elemento vital para convertirlo en alimento del hombre. Pero en la misión del pescador de hombres ocurre lo contrario. Los hombres vivimos alienados, en las aguas saladas del sufrimiento y de la muerte; en un mar de oscuridad, sin luz. La red del Evangelio nos rescata de las aguas de la muerte y nos lleva al resplandor de la luz de Dios, en la vida verdadera. Así es, efectivamente: en la misión de pescador de hombres, siguiendo a Cristo, hace falta sacar a los hombres del mar salado por todas las alienaciones y llevarlo a la tierra de la vida, a la luz de Dios. Así es, en verdad: nosotros existimos para enseñar Dios a los hombres. Y únicamente donde se ve a Dios, comienza realmente la vida. Sólo cuando encontramos en Cristo al Dios vivo, conocemos lo que es la vida”.
Cuando se pierde de vista la situación del hombre sin Cristo se reduce la misión de la Iglesia a servicios sociales. La obra de caridad más grande es rescatar a un hombre de la muerte y darle la vida abundante que trajo Cristo.
Jesús, vuestro párroco
 

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 5, 1-11

En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret. Vio dos barcas que estaban junto a la orilla; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón:
— «Rema mar adentro, y echad las redes para pescar.»
Simón contestó:
— «Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.»

Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo:
— «Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.»
Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.
Jesús dijo a Simón: — «No temas; desde ahora serás pescador de hombres.» Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.
Palabra del Señor.
  
208 Ante la presencia atrayente y misteriosa de Dios, el hombre descubre su pequeñez. Ante la zarza ardiente, Moisés se quita las sandalias y se cubre el rostro (cf. Ex 3,5-6) delante de la Santidad Divina. Ante la gloria del Dios tres veces santo, Isaías exclama: "¡ Ay de mí, que estoy perdido, pues soy un hombre de labios impuros!" (Is 6,5). Ante los signos divinos que Jesús realiza, Pedro exclama: "Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador" (Lc 5,8). Pero porque Dios es santo, puede perdonar al hombre que se descubre pecador delante de él: "No ejecutaré el ardor de mi cólera...porque soy Dios, no hombre; en medio de ti yo el Santo" (Os 11,9). El apóstol Juan dirá igualmente: "Tranquilizaremos nuestra conciencia ante él, en caso de que nos condene nuestra conciencia, pues Dios es mayor que nuestra conciencia y conoce todo" (1 Jn 3,19-20).
 

ANTE LA LLAMADA
A SER PESCADOR DE HOMBRES
“Si sientes la llamada de Dios que te dice: «¡Sígueme!» (Mc 2,14; Lc 5,27), no la acalles. Sé generoso, responde como María ofreciendo a Dios el sí gozoso de tu persona y de tu vida”. (Bto. Juan Pablo II. 3-5-2003)
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PESCAR HOMBRES O HACER QUE NAZCAN DE NUEVO: MISIÓN DE LA IGLESIA.
El papel de la maternidad espiritual
según Santa Teresita del Niño Jesús
«Solamente los sufrimientos pueden hacer que las almas nazcan para Jesús». Esta afirmación de santa Teresa demuestra en qué consiste la maternidad espiritual. La madre es aquella que da la vida y que la mantiene. El hombre teme el sufrimiento, pero nadie puede librarse de él, como tampoco podemos librarnos del peso de cada día. Pero nuestro sufrimiento y nuestras penurias pueden desperdiciarse. Sólo aceptándolas nos podemos adentrar en el extraordinario misterio de la maternidad espiritual. Esa maternidad tiene lugar mediante la participación en el sacerdocio real de los fieles, y es nuestra vocación; tenemos que conquistar y hacer que nazcan las almas para Jesús. Piensa cuántas cosas difíciles hay en tu vida: puede que tengas una salud delicada, que enfrentes conflictos familiares, que tengas hijos difíciles de educar, o que haya un tremendo peso que abrume tu espíritu; o puede tratarse también de cosas insignificantes. Sin embargo, si todo esto lo aceptas y ofreces, te hace participar en la maternidad espiritual de la iglesia, haciendo nacer almas para Cristo. Nada hay más importante que eso. También se puede hacer nacer almas para Cristo mediante el apostolado de la palabra y de la oración, pero el medio más eficaz es el sufrimiento. Es la forma más eficaz del apostolado, porque es el medio que comprende un mayor grado de despojamiento, el medio que tiene menos de ti mismo y más de Cristo. Ese medio es en el que con más amplitud se extienden los brazos de la cruz”. (Tadeusz Dajczer. Meditaciones sobre la fe. Págs. 172-173).
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LA MISIÓN DE PESCAR HOMBRES
Los discípulos no habían pescado nada durante toda la noche; también entonces Jesús invitó a Simón a remar mar adentro. Y Simón, que todavía no se llamaba Pedro, dio aquella admirable respuesta: “Maestro, por tu palabra echaré las redes”. Se le confió entonces la misión: “No temas, desde ahora serás pescador de hombres” (Lc 5, 1.11). También hoy se dice a la Iglesia y a los sucesores de los apóstoles que se adentren en el mar de la historia y echen las redes, para conquistar a los hombres para el Evangelio, para Dios, para Cristo, para la vida verdadera. Los Padres han dedicado también un comentario muy particular a esta tarea singular. Dicen así: para el pez, creado para vivir en el agua, resulta mortal sacarlo del mar. Se le priva de su elemento vital para convertirlo en alimento del hombre. Pero en la misión del pescador de hombres ocurre lo contrario. Los hombres vivimos alienados, en las aguas saladas del sufrimiento y de la muerte; en un mar de oscuridad, sin luz. La red del Evangelio nos rescata de las aguas de la muerte y nos lleva al resplandor de la luz de Dios, en la vida verdadera. Así es, efectivamente: en la misión de pescador de hombres, siguiendo a Cristo, hace falta sacar a los hombres del mar salado por todas las alienaciones y llevarlo a la tierra de la vida, a la luz de Dios. Así es, en verdad: nosotros existimos para enseñar Dios a los hombres. Y únicamente donde se ve a Dios, comienza realmente la vida. Sólo cuando encontramos en Cristo al Dios vivo, conocemos lo que es la vida. No somos el producto casual y sin sentido de la evolución. Cada uno de nosotros es el fruto de un pensamiento de Dios. Cada uno de nosotros es querido, cada uno es amado, cada uno es necesario. Nada hay más hermoso que haber sido alcanzados, sorprendidos, por el Evangelio, por Cristo. Nada más bello que conocerle y comunicar a los otros la amistad con él. La tarea del pastor, del pescador de hombres, puede parecer a veces gravosa. Pero es gozosa y grande, porque en definitiva es un servicio a la alegría, a la alegría de Dios que quiere hacer su entrada en el mundo. (Santa Misa inicio Ministerio Petrino. 24 de abril de 2005)
 
Señor Jesús, que nos invitas a seguirte y a colaborar contigo en la salvación de los hombres;
Señor Jesús que nos has llamado en este momento de la historia a pescar hombres de las aguas de la muerte y darles la vida abundante que llena de alegría y el alimento que perdura para vida eterna;
te pedimos que ante la insuficiencia de nuestra pobre persona, no demos marcha atrás;
que ante los fracasos confiemos en tu Palabra;
que ante la contemplación de nuestra miseria no pidamos que te alejes de nosotros, como Simón, sino que tengas misericordia de nosotros; que tengamos la valentía de la humildad, que nos tomes de la mano, nos atraigas hacia ti y nos digas: "No temas. Yo estoy contigo. No te abandono. Y tú no me abandones a mí. (cf. Benedicto XVI. Homilía misa crismal. 13-4-2006)

¡Ya comienza la cuaresma! Tiempo de conversión y de preparación a la Pascua que empezará el próximo miércoles día 13 de febrero con el Miércoles de Ceniza, día de ayuno y abstinencia de comer carne.
Además todos los viernes de Cuaresma también son días de abstinencia de comer carne. Os recordamos que durante toda la cuaresma, en los días laborables, a las 6’30 de la mañana, se reza la oración comunitaria de Laudes en el Templo parroquial de modo solemne y cantado. Y a las 9.30 h. Oración de la mañana con Exposición del Santísimo Sacramento en la Capilla de la Comunión.
A su vez, los viernes de Cuaresma se hará el Ejercicio del Vía Crucis a las 7 tarde.
El miércoles de Ceniza habrá imposición de la Ceniza en las siguientes celebraciones de la Parroquia:
- 18’00h. En la misa con niños
- 19’30h. En la misa solemne y cantada
- 21’30h. En la misa con las comunidades.

La Campaña de este año, centrada en la promoción de la igualdad entre los sexos y la autonomía de la mujer, se celebra con el lema: “No hay justicia sin igualdad”. La causa de la justicia nos apremia. Sólo el reconocimiento de la igual dignidad del hombre y la mujer nos permitirá construir un mundo más justo y el pleno desarrollo de todos. Manos Unidas quiere ser una llamada a la conciencia de la sociedad para que colabore en la defensa del desarrollo integral de cada persona y de todos sus derechos, gravemente conculcados en un mundo donde muchas mujeres son víctimas de la violencia, son objeto de explotación económica, carecen de libertad, de capacidad para tomar las mismas decisiones que el hombre o de ser titular de los mismos bienes. En esta situación, la educación juega un papel clave para acabar con las desigualdades. No podemos olvidar que dos terceras partes de las personas analfabetas del mundo son mujeres, lo cual les impide afrontar su vida en pie de igualdad con los hombres.”
 
1. El sábado 16 estará el encuentro de Vicaría de Ministros Extraordinarios de la Comunión (Renovación) de las 10 a 13.30 h.
en nuestra parroquia.
2. El sábado 16 de febrero en la misa de 6 tarde se hará la entrega del shemá a los niños de 1º de comunión.
3. Durante las Misas dominicales han comenzado ha realizarse Proclamaciones públicas de la fe. Éstas continuarán efectuándose en diferentes Eucaristías. Invitamos, pues, a los fieles de la parroquia a que participen en esta iniciativa pastoral para vivir más intensamente y en comunión con el Santo Padre el Año de la fe.
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Actos Semana del Enfermo
Domingo 10 de febrero 17 h.
1. Eucaristía de sanación. Presidida por el P. Carlos Álvarez, M.I. (religioso de la orden de los Camilos).
Lunes 11 de febrero, Jornada Mundial del enfermo. (Ntra. Sra. de Lourdes)
Encuentro en la Colegiata de Gandía con los agentes de Pastoral de la salud de nuestro Arciprestazgo. Actos:
1. Charla y testimonio a las 18 h.
2. Eucaristía con procesión a las 19.30 h.
Martes 12 de febrero 20.30 h.
1. Charla—coloquio: “Atención sanitaria a las personas al final de la vida”.
Durante la intervención se incluiría tanto los cuidados paliativos como las propuestas homicidas que hacen algunos sectores.
Jueves 14 de febrero a las 20.30 h.
1. Hora santa.
Domingo 17 de febrero a las 17 h.
Cine fórum. Proyección de la película “El mundo en sus manos”.
  
Del  11 al 17 de febrero de 2013

Lunes 11. Ntra. Sra. de Lourdes. 19.30 h.: sin intención. 
Martes 12. 19.30 h.: sin intención. Miércoles 13. 
MIÉRCOLES DE CENIZA. 18.00 h.: Con niños. Sin intención. 19.30 h.: sin intención. 21.30 h.: sin intención. 
Jueves 14. S. CIRILO, MONJE, Y METODIO, OBISPO. 19.30 h.: sin intención. 
Viernes 15. 19.30 h.: sin intención. 
Sábado 16. I CUARESMA. 18.00 h.: Con niños. Sin intención. 19.30 h.: sin intención. 21.00 h.: sin intención. 
Domingo 17. I CUARESMA. 12.00 h. Pro Pópulo.


 Hoja Parroquial
para descargar, imprimir y ver en dispositivos móviles.

4 de febrero de 2013

Mensaje Cuaresma 2013.


MENSAJE DEL SANTO PADRE
BENEDICTO XVI
PARA LA CUARESMA 2013

Creer en la caridad suscita caridad
«Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él» (1 Jn
4,16)

Queridos hermanos y hermanas:
La celebración de la Cuaresma, en el marco del Año de la fe, nos ofrece una ocasión preciosa para meditar sobre la relación entre fe y caridad: entre creer en Dios, el Dios de Jesucristo, y el amor, que es fruto de la acción del Espíritu Santo y nos guía por un camino de entrega a Dios y a los demás.
1. La fe como respuesta al amor de Dios
En mi primera Encíclica expuse ya algunos elementos para comprender el estrecho vínculo entre estas dos virtudes teologales, la fe y la caridad. Partiendo de la afirmación fundamental del apóstol Juan: «Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él» (1 Jn 4,16), recordaba que «no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva... Y puesto que es Dios quien nos ha amado primero (cf. 1 Jn 4,10), ahora el amor ya no es sólo un “mandamiento”, sino la respuesta al don del amor, con el cual Dios viene a nuestro encuentro» (Deus caritas est, 1). La fe constituye la adhesión personal ―que incluye todas nuestras facultades― a la revelación del amor gratuito y «apasionado» que Dios tiene por nosotros y que se manifiesta plenamente en Jesucristo. El encuentro con Dios Amor no sólo comprende el corazón, sino también el entendimiento: «El reconocimiento del Dios vivo es una vía hacia el amor, y el sí de nuestra voluntad a la suya abarca entendimiento, voluntad y sentimiento en el acto único del amor. Sin embargo, éste es un proceso que siempre está en camino: el amor nunca se da por “concluido” y completado» (ibídem, 17). De aquí deriva para todos los cristianos y, en particular, para los «agentes de la caridad», la necesidad de la fe, del «encuentro con Dios en Cristo que suscite en ellos el amor y abra su espíritu al otro, de modo que, para ellos, el amor al prójimo ya no sea un mandamiento por así decir impuesto desde fuera, sino una consecuencia que se desprende de su fe, la cual actúa por la caridad» (ib., 31a). El cristiano es una persona conquistada por el amor de Cristo y movido por este amor ―«caritas Christi urget nos» (2 Co 5,14)―, está abierto de modo profundo y concreto al amor al prójimo (cf. ib., 33). Esta actitud nace ante todo de la conciencia de que el Señor nos ama, nos perdona, incluso nos sirve, se inclina a lavar los pies de los apóstoles y se entrega a sí mismo en la cruz para atraer a la humanidad al amor de Dios.
«La fe nos muestra a Dios que nos ha dado a su Hijo y así suscita en nosotros la firme certeza de que realmente es verdad que Dios es amor... La fe, que hace tomar conciencia del amor de Dios revelado en el corazón traspasado de Jesús en la cruz, suscita a su vez el amor. El amor es una luz ―en el fondo la única― que ilumina constantemente a un mundo oscuro y nos da la fuerza para vivir y actuar» (ib., 39). Todo esto nos lleva a comprender que la principal actitud característica de los cristianos es precisamente «el amor fundado en la fe y plasmado por ella» (ib., 7).
2. La caridad como vida en la fe
Toda la vida cristiana consiste en responder al amor de Dios. La primera respuesta es precisamente la fe, acoger llenos de estupor y gratitud una inaudita iniciativa divina que nos precede y nos reclama. Y el «sí» de la fe marca el comienzo de una luminosa historia de amistad con el Señor, que llena toda nuestra existencia y le da pleno sentido. Sin embargo, Dios no se contenta con que nosotros aceptemos su amor gratuito. No se limita a amarnos, quiere atraernos hacia sí, transformarnos de un modo tan profundo que podamos decir con san Pablo: ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí (cf. Ga 2,20).
Cuando dejamos espacio al amor de Dios, nos hace semejantes a él, partícipes de su misma caridad. Abrirnos a su amor significa dejar que él viva en nosotros y nos lleve a amar con él, en él y como él; sólo entonces nuestra fe llega verdaderamente «a actuar por la caridad» (Ga 5,6) y él mora en nosotros (cf. 1 Jn 4,12).
La fe es conocer la verdad y adherirse a ella (cf. 1 Tm 2,4); la caridad es «caminar» en la verdad (cf. Ef 4,15). Con la fe se entra en la amistad con el Señor; con la caridad se vive y se cultiva esta amistad (cf. Jn 15,14s). La fe nos hace acoger el mandamiento del Señor y Maestro; la caridad nos da la dicha de ponerlo en práctica (cf. Jn 13,13-17). En la fe somos engendrados como hijos de Dios (cf. Jn 1,12s); la caridad nos hace perseverar concretamente en este vínculo divino y dar el fruto del Espíritu Santo (cf. Ga 5,22). La fe nos lleva a reconocer los dones que el Dios bueno y generoso nos encomienda; la caridad hace que fructifiquen (cf. Mt 25,14-30).
3. El lazo indisoluble entre fe y caridad
A la luz de cuanto hemos dicho, resulta claro que nunca podemos separar, o incluso oponer, fe y caridad. Estas dos virtudes teologales están íntimamente unidas por lo que es equivocado ver en ellas un contraste o una «dialéctica». Por un lado, en efecto, representa una limitación la actitud de quien hace fuerte hincapié en la prioridad y el carácter decisivo de la fe, subestimando y casi despreciando las obras concretas de caridad y reduciéndolas a un humanitarismo genérico. Por otro, sin embargo, también es limitado sostener una supremacía exagerada de la caridad y de su laboriosidad, pensando que las obras puedan sustituir a la fe. Para una vida espiritual sana es necesario rehuir tanto el fideísmo como el activismo moralista.
La existencia cristiana consiste en un continuo subir al monte del encuentro con Dios para después volver a bajar, trayendo el amor y la fuerza que derivan de éste, a fin de servir a nuestros hermanos y hermanas con el mismo amor de Dios. En la Sagrada Escritura vemos que el celo de los apóstoles en el anuncio del Evangelio que suscita la fe está estrechamente vinculado a la solicitud caritativa respecto al servicio de los pobres (cf. Hch 6,1-4). En la Iglesia, contemplación y acción, simbolizadas de alguna manera por las figuras evangélicas de las hermanas Marta y María, deben coexistir e integrarse (cf. Lc 10,38-42). La prioridad corresponde siempre a la relación con Dios y el verdadero compartir evangélico debe estar arraigado en la fe (cf. Audiencia general 25 abril 2012). A veces, de hecho, se tiene la tendencia a reducir el término «caridad» a la solidaridad o a la simple ayuda humanitaria. En cambio, es importante recordar que la mayor obra de caridad es precisamente la evangelización, es decir, el «servicio de la Palabra». Ninguna acción es más benéfica y, por tanto, caritativa hacia el prójimo que partir el pan de la Palabra de Dios, hacerle partícipe de la Buena Nueva del Evangelio, introducirlo en la relación con Dios: la evangelización es la promoción más alta e integral de la persona humana. Como escribe el siervo de Dios el Papa Pablo VI en la Encíclica Populorum progressio, es el anuncio de Cristo el primer y principal factor de desarrollo (cf. n. 16). La verdad originaria del amor de Dios por nosotros, vivida y anunciada, abre nuestra existencia a aceptar este amor haciendo posible el desarrollo integral de la humanidad y de cada hombre (cf. Caritas in veritate, 8).
En definitiva, todo parte del amor y tiende al amor. Conocemos el amor gratuito de Dios mediante el anuncio del Evangelio. Si lo acogemos con fe, recibimos el primer contacto ―indispensable― con lo divino, capaz de hacernos «enamorar del Amor», para después vivir y crecer en este Amor y comunicarlo con alegría a los demás.
A propósito de la relación entre fe y obras de caridad, unas palabras de la Carta de san Pablo a los Efesios resumen quizá muy bien su correlación: «Pues habéis sido salvados por la gracia mediante la fe; y esto no viene de vosotros, sino que es un don de Dios; tampoco viene de las obras, para que nadie se gloríe. En efecto, hechura suya somos: creados en Cristo Jesús, en orden a las buenas obras que de antemano dispuso Dios que practicáramos» (2,8-10). Aquí se percibe que toda la iniciativa salvífica viene de Dios, de su gracia, de su perdón acogido en la fe; pero esta iniciativa, lejos de limitar nuestra libertad y nuestra responsabilidad, más bien hace que sean auténticas y las orienta hacia las obras de la caridad. Éstas no son principalmente fruto del esfuerzo humano, del cual gloriarse, sino que nacen de la fe, brotan de la gracia que Dios concede abundantemente. Una fe sin obras es como un árbol sin frutos: estas dos virtudes se necesitan recíprocamente. La cuaresma, con las tradicionales indicaciones para la vida cristiana, nos invita precisamente a alimentar la fe a través de una escucha más atenta y prolongada de la Palabra de Dios y la participación en los sacramentos y, al mismo tiempo, a crecer en la caridad, en el amor a Dios y al prójimo, también a través de las indicaciones concretas del ayuno, de la penitencia y de la limosna.
4. Prioridad de la fe, primado de la caridad
Como todo don de Dios, fe y caridad se atribuyen a la acción del único Espíritu Santo (cf. 1 Co 13), ese Espíritu que grita en nosotros «¡Abbá, Padre!» (Ga 4,6), y que nos hace decir: «¡Jesús es el Señor!» (1 Co 12,3) y «¡Maranatha!» (1 Co 16,22; Ap 22,20).
La fe, don y respuesta, nos da a conocer la verdad de Cristo como Amor encarnado y crucificado, adhesión plena y perfecta a la voluntad del Padre e infinita misericordia divina para con el prójimo; la fe graba en el corazón y la mente la firme convicción de que precisamente este Amor es la única realidad que vence el mal y la muerte. La fe nos invita a mirar hacia el futuro con la virtud de la esperanza, esperando confiadamente que la victoria del amor de Cristo alcance su plenitud. Por su parte, la caridad nos hace entrar en el amor de Dios que se manifiesta en Cristo, nos hace adherir de modo personal y existencial a la entrega total y sin reservas de Jesús al Padre y a sus hermanos. Infundiendo en nosotros la caridad, el Espíritu Santo nos hace partícipes de la abnegación propia de Jesús: filial para con Dios y fraterna para con todo hombre (cf. Rm 5,5).
La relación entre estas dos virtudes es análoga a la que existe entre dos sacramentos fundamentales de la Iglesia: el bautismo y la Eucaristía. El bautismo (sacramentum fidei) precede a la Eucaristía (sacramentum caritatis), pero está orientado a ella, que constituye la plenitud del camino cristiano. Análogamente, la fe precede a la
caridad, pero se revela genuina sólo si culmina en ella. Todo parte de la humilde aceptación de la fe («saber que Dios nos ama»), pero debe llegar a la verdad de la caridad («saber amar a Dios y al prójimo»), que permanece para siempre, como cumplimiento de todas las virtudes (cf. 1 Co 13,13).
Queridos hermanos y hermanas, en este tiempo de cuaresma, durante el cual nos preparamos a celebrar el acontecimiento de la cruz y la resurrección, mediante el cual el amor de Dios redimió al mundo e iluminó la historia, os deseo a todos que viváis este tiempo precioso reavivando la fe en Jesucristo, para entrar en su mismo torrente de amor por el Padre y por cada hermano y hermana que encontramos en nuestra vida. Por esto, elevo mi oración a Dios, a la vez que invoco sobre cada uno y cada comunidad la Bendición del Señor.
Vaticano, 15 de octubre de 2012

BENEDICTUS PP. XVI

2 de febrero de 2013

Domingo 3 de febrero de 2013. IV TO C


HOJA
PARROQUIAL

Parroquia de Sant Francesc de Borja
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Domingo 3 de febrero de 2013.

                         

Queridos hermanos:
En la historia del pueblo de Israel el fenómeno del profetismo ha ocupado un largo período de tiempo, es decir, sus inicios con el profeta Elías (s. IX a.C.) hasta S. Juan Bautista. Durante este casi milenio todos los profetas que hablaron de parte de Dios por inspiración del Espíritu Santo sufrieron siempre persecución, dificultades, adversidades, etc. Pues bien, el texto evangélico que nos ocupa esta semana nos habla sobre este tema: Jesús utiliza la figura del profeta para resaltar la idea del “profeta rechazado”. Este tema destaca la compasión ilimitada de Dios al continuar enviando profetas a un pueblo rebelde.
“Todos se llenaron de ira”. Su reacción es parecida a la del v. 22. Pero ahora ya saben con toda claridad, por los ejemplos de Jesús en los últimos versículos, que el ofrecimiento de salvación de Dios mediante el profeta Jesús no está restringido exclusivamente a ellos. La gracia de Dios no está condicionada por nada. Ellos no son los “pobres de Dios” para exigir un tratamiento especial. Jesús prosigue su camino hacia Dios de acuerdo con el plan divino, al que nada puede oponerse. La huida de Jesús apunta hacia la victoria de la Pascua.
“Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios.” Este continuo camino de perfección "nos afecta a todos", a condición de que "la mirada de nuestro corazón" se dirija a la contemplación de la Sabiduría y de la Verdad, que es Jesucristo. Al predicar sobre el discurso de Jesús en Nazaret, cuando "en la sinagoga todos los ojos estaban fijos en él" (Lc 4, 16-30), Orígenes parece dirigirse precisamente a nosotros:  "También hoy, en esta asamblea, si queréis, vuestros ojos pueden fijarse en el Salvador. Cuando dirijas la mirada más profunda del corazón hacia la contemplación de la Sabiduría, de la Verdad y del Hijo único de Dios, entonces tus ojos verán a Dios. ¡Bienaventurada la asamblea de la que la Escritura dice que los ojos de todos estaban fijos en él! ¡Cuánto desearía que esta asamblea diera ese mismo testimonio:  que los ojos de todos, de los no bautizados y de los fieles, de las mujeres, de los hombres y de los niños —no los ojos del cuerpo, sino los del alma— estuvieran fijos en Jesús!... Sobre nosotros está impresa la luz de tu rostro, Señor, a quien pertenecen la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.” (Benedicto XVI, 2-05-2007).
María, Reina de los profetas, intercede por nosotros para que el Evangelio brille en nuestra vida familiar, social y diaria..
Arturo vuestro vicario
Lectura del santo evangelio según san Lucas 4, 21-30
En aquel tiempo, comenzó Jesús a decir en la sinagoga:
—«Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír. Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios. Y decían:
—«¿No es éste el hijo de José?» Y Jesús les dijo:
—«Sin duda me recitaréis aquel refrán: “Médico, cúrate a ti mismo haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún.» Y añadió:
— «Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elias, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, más que Naamán, el sirio.»
Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.
Palabra del Señor
 
Elías, los profetas y la conversión del corazón
2581         Para el pueblo de Dios, el Templo debía ser el lugar donde aprender a orar: las peregrinaciones, las fiestas, los sacrificios, la ofrenda de la tarde, el incienso, los panes de "la proposición", todos estos signos de la Santidad y de la Gloria de Dios, Altísimo pero muy cercano, eran llamadas y caminos de la oración. Sin embargo, el ritualismo arrastraba al pueblo con frecuencia hacia un culto demasiado exterior. Era necesaria la educación de la fe, la conversión del corazón. Esta fue la misión de los profetas, antes y después del Destierro.
2582         Elías es el padre de los profetas, "de la raza de los que buscan a Dios, de los que persiguen su Faz" (Sal 24, 6). Su nombre, "El Señor es mi Dios", anuncia el grito del pueblo en respuesta a su oración sobre el Monte Carmelo (cf 1 R 18, 39). Santiago nos remite a él para incitarnos a orar: "La oración ferviente del justo tiene mucho poder" (St 5, 16b-18).
2583 Después de haber aprendido la misericordia en su retirada al torrente de Kérit, aprende junto a la viuda de Sarepta la fe en la palabra de Dios, fe que confirma con su oración insistente: Dios devuelve la vida al hijo de la viuda (cf 1 R 17, 7-24).
En el sacrificio sobre el Monte Carmelo, prueba decisiva para la fe del pueblo de Dios, el fuego del Señor es la respuesta a su súplica de que se consume el holocausto "a la hora de la ofrenda de la tarde": "¡Respóndeme, Señor, respóndeme!" son las palabras de Elías que repiten exactamente las liturgias orientales en la epíclesis eucarística (cf 1 R 18, 20-39).
Finalmente, repitiendo el camino del desierto hacia el lugar donde el Dios vivo y verdadero se reveló a su pueblo, Elías se recoge como Moisés "en la hendidura de la roca" hasta que "pasa" la presencia misteriosa de Dios (cf 1 R 19, 1-14; Ex 33, 19-23). Pero solamente en el monte de la Transfiguración se dará a conocer Aquél cuyo Rostro buscan (cf. Lc 9, 30-35): el conocimiento de la Gloria de Dios está en la rostro de Cristo crucificado y resucitado (cf 2 Co 4, 6).
 
«El Señor se disculpa de no haber hecho milagros en su patria, para que nadie piense que el amor a la patria ha de ser en nosotros poco estimado: Él, amando a todos los hombres, no podía dejar de amar a sus compatriotas. Pero fueron ellos los que, por su envidia, renunciaron al amor de su patria... Cuando distribuía sus beneficios entre los hombres, ellos [los judíos] lo llenaban de injurias. No es sorprendente que, habiendo perdido ellos la salvación, quisieran desterrar de su territorio al Salvador. El Señor se modera sobre su conducta: Él ha enseñado con su ejemplo a los apóstoles cómo hacerse todo a todos» (S. Ambrosio, Comentario a San Lucas IV,46 y 55).  
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“Cristo, el gran Profeta, que proclamó el reino del Padre con el testimonio de la vida y con el poder de la palabra, cumple su misión profética hasta la plena manifestación de la gloria, no sólo a través de la Jerarquía, que enseña en su nombre y con su poder, sino también por medio de los laicos, a quienes, consiguientemente, constituye en testigos y les dota del sentido de la fe y de la gracia de la palabra (cf. Hch 2, 17-18; Ap 19, 10) para que la virtud del Evangelio brille en la vida diaria, familiar y social. Se manifiestan como hijos de la promesa en la medida en que, fuertes en la fe y en la esperanza, aprovechan el tiempo presente (Ef 5, 16; Col 4, 5) y esperan con paciencia la gloria futura (cf. Rm 8, 25). Pero no escondan esta esperanza en el interior de su alma, antes bien manifiéstenla, incluso a través de las estructuras de la vida secular, en una constante renovación y en un forcejeo «con los dominadores de este mundo tenebroso, contra los espíritus malignos» (Ef 6, 12).” (Lumen Gentium 35)
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“En la historia religiosa del antiguo Israel tuvieron gran relevancia los profetas con su enseñanza y su predicación. Entre ellos surge la figura de Elías, suscitado por Dios para llevar al pueblo a la conversión. Su nombre significa «el Señor es mi Dios» y en consonancia con este nombre se desarrolla su vida, consagrada totalmente a suscitar en el pueblo el reconocimiento del Señor como único Dios. De Elías el Sirácida dice: «Entonces surgió el profeta Elías como un fuego, su palabra quemaba como antorcha» (Si 48, 1) […] Queridos hermanos y hermanas, ¿qué nos dice a nosotros esta historia del pasado? ¿Cuál es el presente de esta historia? Ante todo está en cuestión la prioridad del primer mandamiento: adorar sólo a Dios. Donde Dios desaparece, el hombre cae en la esclavitud de idolatrías, como han mostrado, en nuestro tiempo, los regímenes totalitarios, y como muestran también diversas formas de nihilismo, que hacen al hombre dependiente de ídolos, de idolatrías; lo esclavizan. Segundo. El objetivo primario de la oración es la conversión: el fuego de Dios que transforma nuestro corazón y nos hace capaces de ver a Dios y así de vivir según Dios y de vivir para el otro. Y el tercer punto. Los Padres nos dicen que también esta historia de un profeta es profética, si —dicen— es sombra del futuro, del futuro Cristo; es un paso en el camino hacia Cristo. Y nos dicen que aquí vemos el verdadero fuego de Dios: el amor que guía al Señor hasta la cruz, hasta el don total de sí. La verdadera adoración de Dios, entonces, es darse a sí mismo a Dios y a los hombres, la verdadera adoración es el amor. Y la verdadera adoración de Dios no destruye, sino que renueva, transforma. Ciertamente, el fuego de Dios, el fuego del amor quema, transforma, purifica, pero precisamente así no destruye, sino que crea la verdad de nuestro ser, recrea nuestro corazón.” (Benedicto XVI, Audiencia general 15-06-2011) 
Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, escucha el grito de los afligidos, los atemorizados y los despojados; derrama tu paz sobre esta Tierra Santa, sobre Oriente Medio, sobre toda la familia humana; despierta el corazón de todos los que invocan tu nombre, para caminar humildemente por la senda de la justicia y la compasión. "Bueno es el Señor con el que en él espera, con el alma que lo busca" (Lam 3, 25).
Actos Semana del Enfermo

Domingo 10 de febrero 17 h.
1. Eucaristía de sanación.
Presidida por el P. Carlos Álvarez, M.I. (religioso de la orden de los Camilos).

Lunes 11 de febrero, Jornada Mundial del enfermo. (Ntra. Sra. de Lourdes)
Encuentro en la Colegiata de Gandía con los agentes de Pastoral de la salud de nuestro Arciprestazgo. Actos:
1. Charla y testimonio a las 18 h.
2. Eucaristía con procesión a las 19.30 h.

Martes 12 de febrero 20.30 h.
1. Charla—coloquio: “Atención sanitaria a las personas al final de la vida”.
Durante la intervención se incluiría tanto los cuidados paliativos como las propuestas homicidas que hacen algunos sectores.

Jueves 14 de febrero a las 20.30 h.
1. Hora santa.

Domingo 17 de febrero a las 17 h.
Cine fórum. Proyección de la película “El mundo en sus manos”.
1.  Catequesis para jóvenes y adultos. A las 9.30 de la noche en los locales parroquiales. Continuarán los martes y viernes de los meses de enero y febrero. Os invitamos a rezar para que sean muchos los cristianos que se adentren en las aguas bautismales y descubran el misterio nupcial del cristianismo.
2. El lunes 4, a las 10 h., se reunirá el equipo de Pastoral de la salud.
3. El lunes 4 de febrero a las 20.30 h se reunirá el Consejo de pastoral parroquial en los nuevos locales parroquiales.
4. Se realizarán Ejercicios espirituales en los Jesuitas con el horario habitual del 4 al 8 de febrero.
5. El miércoles 6 estará el inicio de voluntariado para los agentes de Caritas a las 18 h. en la sede de Cáritas interparroquial. Continuará el curso los días 13, 20 y 27 de febrero.
6.  El miércoles 6, el equipo de Cáritas tendrá su oración mensual a las 17.30 h.
7.  El jueves 7, por ser primer jueves de mes, estará la Adoración del Santísimo después de la Misa a las 20.30 h.
8.  El viernes 8 a las 21.30 h. será la Vigilia de oración arciprestal con jóvenes en las Clarisas.
9.  El sábado 9 estará la reunión arciprestal para agentes de Pastoral de la salud en los locales de la parroquia de Cristo Rey a las 11 h.
10.  El día 9 será la primera reunión de programación para el campamento de verano de los niños. Se convoca a los monitores y educadores en los nuevos locales parroquiales a las 10.30 h.
11.  La colecta de las Misas de los días 9 y 10 irá destinado al proyecto de Manos Unidas contra el hambre.
12.  Durante las Misas dominicales han comenzado ha realizarse Proclamaciones públicas de la fe. Éstas continuarán efectuándose en diferentes Eucaristías. Invitamos, pues, a los fieles de la parroquia a que participen en esta iniciativa pastoral para vivir más intensamente y en comunión con el Santo Padre el Año de la fe.
 
Del  4 al 10 de febrero de 2013
Lunes 4. 19.30 h.: En sufragio de Octavio Monllor Colomina y Rogelio Roselló. 
Martes 5. Sta. Águeda, virgen y mártir. 19.30 h.: sin intención.
Miércoles 6. S. Pablo Miki y compañeros, Mártires. 19.30 h.: sin intención. 
Jueves 7. 19.30 h.: En sufragio del Rvdo. D. Ricardo Sánchez López, sch pp. y dif. familia. 
Viernes 8. 19.30 h.: En sufragio de Antonio Casanova y Mª Dolores Gómez Gasent. 
Sábado 9. V T.O. 18.00 h.: Con niños. Sin intención. 19.30 h.: sin intención. 21.00 h.: sin intención. 
Domingo 10. V T.O. 12.00 h. Pro Pópulo. Bautizo.
 Hoja Parroquial
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